lunes, 13 de julio de 2015

Festival Asterisco, del 14 al 19 de julio

Con medio siglo de trayectoria y más de una quincena de films en su haber desembarca en Buenos Aires Hans Scheugl, el mítico cineasta austríaco invitado por el Festival Asterisco, que tendrá lugar del 14 al 19 de julio, producido por la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

Por Alejando Dramis
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-4079-2015-07-13.html
El realizador, escritor, fotógrafo y videoartista Hans Scheugl es sin duda una de las figuras más importantes del cine experimental y un innovador en temas sobre diversidad sexual en el cine independiente y de vanguardia de las últimas décadas. Nacido en Viena en 1940 y cineasta desde 1966, Scheugl experimenta desde entonces con el lenguaje de las artes y la representación de la homosexualidad con una estética corrosiva, impredecible y shockeante, a pura indagación visual y sensorial. En el turbulento 1968 fundó la Cooperativa de Cineastas de Austria, con la que recorrió muchos países proyectando sus films, realizando intervenciones en la vía pública y lecturas de manifiestos, reivindicando la etiqueta de “raro” que la cultura oficial europea había elegido para identificarlo. La semana próxima se presenta en Buenos Aires como jurado del Asterisco y, a su vez, con un Foco dedicado a cuatro de sus obras: Sugar Daddies, Prince of Peace, Militia Early Morning y Dear John, en las cuales la disidencia visual y la experimentación sobre los géneros cinematográficos y sexuales se encarnan en una poética de belleza compleja, contracultural y rupturista.

¿Qué cambios encontrás en la realización del cine sobre diversidad sexual desde tus comienzos en los años ‘60 con en el contexto de producción actual?

—Las posibilidades de desarrollar abiertamente un tema como la homosexualidad son mucho más grandes ahora que entonces. En los ‘60, los ‘50 o inclusive los ‘40, considerando las películas de Kenneth Anger, los temas relacionados con la diversidad sexual eran más simbólicos, poéticos, menos realistas. Actualmente los films pueden ir a un lugar más profundo, focalizarse en determinados tópicos y en sus problemas mucho más que antes. Hoy existen nuevos ángulos para hablar de la homosexualidad en la pantalla.

¿Hacer films sobre estos tópicos puede tener hoy el mismo impacto contracultural o revolucionario que pudo haber tenido en décadas anteriores?

—Este fue un tema que tiene todo un proceso largo y bien conocido, y especialmente se resignificó cuando apareció el sida. Eso fue un gran impacto, incluyendo el área cultural. Este tipo de cine o teatro, o danza o literatura o lo que fuera, se tuvo que reconstruir a causa de esas situaciones emergentes. Yo no diría que abordar estos temas es algo revolucionario en el contexto actual. Esta escena ya pasó, eso ahora se terminó. Un film como Un chant d’amour, de Jean Genet, es, si querés, revolucionario, porque fue una cachetada en la cara de la sociedad de la época. Ya no se puede hacer eso, porque la homosexualidad se fue integrando a la sociedad, aunque no en todos los países. Hacer algo así en Irán podría ser revolucionario, pero no es posible porque los realizadores serían asesinados inmediatamente. Uno tiene que ser realista y ver las posibilidades que existen ahora, y saber que hay mucho por hacer, como se puede ver en los films de este festival.

¿El lenguaje experimental con el que creás tus films te permite un mejor acercamiento a estos temas?

—Es mi forma de hacerlo, no sé si es la mejor o la más fácil. Para mí, la forma experimental fue la más sencilla porque me permitió expresar una idea de muchas formas distintas y no sólo en una línea recta y dada de antemano. En los sesenta yo decidí producir mis propios films y no le tuve que preguntar nada a nadie, porque simplemente hice lo que tenía verdaderamente ganas de hacer. El tema de mis primeras películas salió de mi propia experiencia, de proponerme a mí mismo como tópico y simplemente hacerlas. En mi último film, Dear John, ocurrió lo mismo: trabajé con una cámara digital, que fue la forma más barata de hacerlo, y produje el film yo mismo igual que en los sesenta.

Además de tus películas escribiste libros sobre cine y sexualidad, especialmente en obras como Sexualidad y Neurosis en el cine: mitos cinematográficos desde Griffith a Warhol y Sexo y poder.

—Sexualidad y Neurosis se editó en 1974 y fue el primer libro publicado en lengua alemana que investigaba la homosexualidad en el cine, tanto en las formas más obvias, como en personajes visiblemente homosexuales, como también en las ocultas, en los westerns y en las películas de gangsters. Trabajé mucho con el significado de las metáforas y los signos, que existieron desde los comienzos del cine. En Sexo y poder escribí fundamentalmente sobre las relaciones entre los géneros y el impacto político que hay en esa relación. Es un trabajo sobre los films de Hollywood, mayormente, y analiza cómo las historias que se llevan a la pantalla pueden depender de las costumbres de una sociedad en un momento determinado, por ejemplo, en cómo las mujeres tenían una representación en el drama y de repente se convirtieron en femmes noires. Estas son circunstancias que tienen que ver con los contextos de guerra y posguerra y otros hechos cruciales que ocurrieron durante el siglo XX.

¿Cómo influyó la investigación que realizaste para tus libros en tus trabajos cinematográficos?

—Para Sexualidad y Neurosis me dediqué a investigar la historia de la homosexualidad, porque en ese momento casi no había nada sobre el tema. En ese entonces había muy poca información. Tuve que leer a Sigmund Freud y a ese tipo de autores, pero no una “historia de la homosexualidad”, sino textos de psicología. En ese tiempo la homosexualidad no tenía verdaderamente una historia y tenía que ser escrita. Esto también fue muy interesante porque así yo estaba estudiando no sólo el pasado, sino también mi propio pasado, lo que me había pasado a mí como homosexual. Escribí ese libro porque quería saber cómo la gente reaccionaba frente a lo que yo tenía para decir a través del texto. Mi interés era ver cómo las personas lidiaban con lo que yo mostraba, y con mi propia persona. Como ocurrió con en mi film Sugar Daddies, que es sobre unos grafitis en un baño de la universidad. Una vez que filmé en el baño e hice el film, luego lo proyecté en las paredes de un baño público y entonces la gente tenía que entrar al baño para poder ver la película. Esa experiencia me permitió ver cómo se correspondía lo que el público veía en el film, pero en un ambiente diferente y extraño.

Otro de tus films, Prince of Peace, también transcurre en las inmediaciones de un baño público. ¿Qué representa en tus películas esa locación que se repite y que es tan paradigmática para la comunidad gay?

—En 1993 un amigo muy cercano murió de sida. Este film fue una reacción a su muerte. En ese momento el sida no podía detenerse, no había cómo. Con ese trabajo lo que yo simplemente hice fue decirle “Cuidado” a la comunidad. El film muestra un flujo de personas entrando desde la calle a un baño de hombres, y vemos esa puerta una y otra vez abrirse y cerrarse, abrirse y cerrarse, pero a la gente que entra no la vemos salir nuevamente. Este trabajo fue una suerte de poemaepitafio para mi amigo.

¿Qué futuro le ves a la escena actual del cine sobre diversidad sexual?

—No te puedo responder esta pregunta porque no se puede saber qué pasará en el futuro. Siempre hay un desarrollo que no puede verse con anticipación. Todo lo nuevo que surge, los nuevos temas, los nuevos problemas, nunca se pueden saber de antemano. La sociedad siempre está cambiando y lo que las hace cambiar también cambia a los gays, a la escena gay, a su conocimiento, su filosofía y especialmente a su arco. No podés anticiparte y eso es algo bueno porque lo convierte en un ámbito interesante. El nuevo impacto que se genera cada vez es lo que hace al arte interesante.

Y en el ansia de novedad que corre detrás de las películas en nuestros días, ¿no corre también una industria que intenta normalizar y asimilar esos contenidos creando películas únicamente para su beneficio propio?

—Ese tipo de películas existieron siempre, y eso pasa todo el tiempo. Va y viene, pero realmente no es importante, porque eso no cuenta. Sólo buscan hacer dinero. Lo que realmente importa es el valor artístico de una obra, porque eso es lo que permanece en el tiempo. Es el valor artístico, tan simple como eso. Si mirás los films que tienen cincuenta años o inclusive más viejos, si mirás los films de la época del cine mudo, te encontrás con películas maravillosas y con otras que podés olvidar, y el film verdaderamente bueno, el buen arte, es el que permanece y habla directo con la audiencia sin importar cuán antiguo pueda ser. Porque esas películas están bien hechas, porque tienen algo para decir y todavía lo dicen. Y eso es para lo que el arte existe. No para contar simplemente una historia, sino que es el lenguaje lo que cuenta. Encontrar el lenguaje, ése es el punto.

Hans Scheugl en 1968
Cuatro películas, cuatro experimentos, cuatro ensayos sobre las múltiples miradas de Hans Scheugl.
Dear John “Querido John” es la forma en la que el propio Scheugl se dirigía a un ex amante norteamericano que hace casi cinco décadas le había propuesto dejar su vida en Viena y comenzar una nueva junto a él en los Estados Unidos. Luego de redescubrir una caja llena de cartas de un pasado de viajes y amores entre Norteamérica y Austria, este filmensayo evoca los recuerdos olvidados sobre John y reconstruye una historia reflexiva sobre lo que no fue y lo que pudo ser. Memorias epistolares presentificadas, existencias imaginadas de un amor que cobra actualidad en la ficción y se construye junto al recorrido de locaciones expresivas, sus calles, sus bares y la ayuda del omnipresente Google Street View.
Jueves a las 15.30 en BAMA (Av. Pres. Roque Sáenz Peña 1145) y viernes a las 20 en Gaumont (Av. Rivadavia 1635).
Sugar Daddies Compuesto por una serie de filmaciones de grafitis, mensajes y dibujos anónimos que retratan el deseo sexual en las paredes de un baño público en la Universidad de Viena a fines de los años ‘60, este film está originalmente concebido para ser proyectado exclusivamente en paredes de baños públicos, y de hecho fue proyectado en esos ámbitos en varias oportunidades, resignificando así la inmediatez de las teteras con una distancia poética y voyeurista, operando sobre esas pasiones literarias de esos autores desconocidos e inmortalizados en esta cinta.
Sábado a las 16 en ENERC (Moreno 1199)
Prince of Peace Este film abre sus puertas en las afueras de un baño público en algún lugar olvidado de la ciudad de Viena. Con la intención de no facilitar la mirada del espectador, la velocidad de esas imágenes se combina con la yuxtaposición de las fotos porno de una revista que muestra a un hombre, suerte de príncipe de pegajosos suburbios de placer, con un tatuaje de Jesús y teniendo sexo con otros dos muchachos. En el ir y venir de las imágenes a través de una puerta opaca que deja entrever una actividad invisible pero imaginable, músicas de extrañas tonalidades sonorizan este voyeurismo frenético junto al repiqueteo de las campanas de una iglesia no muy alejada de este palacio.
Sábado a las 16 en ENERC
Militia Early Morning Scheugl deconstruye con éste, su primer film, la linealidad, rompe las estructuras y pone a prueba cualquier intento de identificación mimética entre el sonido y la imagen, la velocidad y la lentitud, el caos y el control de la visión sobre la tela en permanente estado de shock visual. La película se conforma en elementos opuestos que más que anularse se complementan en nuevos y diversos formatos, rostros, carteles, enigmas partidos de una cotidianidad en permanente mutación. Una parte del film fue realizado en una casa desierta en 1966, abandonada por sus dueños, que huyeron de los nazis a Norteamérica y nunca más volvieron. Un pasado trágico se extiende sobre un futuro incierto, creando un filmexperimento que rechaza toda normativa de sentido.
Viernes a las 20 en Gaumont y jueves a las 15.30 en BAMA

DOCUMENTAL

Películas imperdibles que consiguen superar con creces los lugares comunes y los discursos didácticos sobre la diversidad.
Por Alejandro Dramis
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/subnotas/4079-516-2015-07-13.html

Misfits

Dirigida por el danés Jannik Splidsboel, el film acompaña a tres adolescentes estadounidenses de la conservadora ciudad de Tulsa (“la ciudad de las 2000 iglesias”) durante un período de dos años. Ben, de 19 años, Larissa de 17 y Darian de 16 luchan sus pequeñas grandes batallas cotidianas contra el aislamiento y la segregación, atestiguando junto a la cámara sus experiencias en grupos de contención para personas lgbtiq, las vivencias en terapia y las consecuencias de intentar vivir libremente la propia sexualidad en esa región conocida como “Bible Belt”, una amplia zona de los Estados Unidos en donde impera un cristianismo evangélico que influye fuertemente en las costumbres y la moral de la población, donde la homosexualidad es diariamente perseguida y condenada. Jannik retrata las tres historias con una mirada tierna y cálida, especialmente la de Ben, en el registro del acompañamiento de su familia sobre sus reflexiones acerca de la propia identidad sexual, sobre todo en la relación con su hermano Gage y la deconstrucción que él mismo realiza de la propia homofobia con la que se ha criado desde pequeño y que lo llevó a odiar incluso a su propio hermano.
Martes 14 a las 23 en Gaumont, jueves 16 a las 15 en Kino Palais (Posadas 1725).

Feelings are Facts: The Life of Yvonne Rainer

Este documental de Jack Walsh reconstruye la vida de la bailarina, coreógrafa y cineasta norteamericana Yvonne Rainer, quien se hizo mundialmente famosa por su intensa participación en el Judson Dance Theater durante los años ‘60, un grupo informal de bailarinxs de vanguardia que anticiparon la danza contemporánea introduciendo radicalmente movimientos cotidianos dentro del universo de la danza y la expresión corporal. Una vez fuera del Judson, Rainer elaboró en 1966 su obra maestra: Trío A, una performance que ensaya la neutralidad del movimiento y una intencionada desconexión emocional con la audiencia. Alternando las proyecciones originales de esa obra con documentos y testimonios del presente, el film hace foco en las temáticas fundamentales que recorren la vida y la actividad artística de Yvonne: su revolución en la danza y el cine, el aspecto sociopolítico de sus coreografías, la destrucción de todas las reglas y el reconocimiento público de su lesbianismo a los 56 años, en concordancia con su artivismo feminista. La película utiliza gran cantidad de material de archivo y recrea obras que hicieron historia y redefinieron el rol femenino en el mundo de las artes.
Viernes 17 a las 15.50 y domingo 19 a las 22.30 en Gaumont.

El hombre nuevo

La última obra del director uruguayo Aldo Garay se construye como una road movie intimista sobre Stephania Mirza Curbelo, una mujer trans nicaragüense de 42 años, que en su adolescencia decidió romper con su militancia sandinista para dar vuelta una página de su vida e iniciar el viaje que la llevó a ser la persona en la que realmente deseaba convertirse. El film reconstruye la infancia de Stephania en el seno del movimiento guerrillero de Nicaragua, su posterior migración a Uruguay y, finalmente, su decisión de realizar un cambio de sexo y de identidad. Las cámaras acompañan el proceso emocional y físico que ella atraviesa en el día a día, desde un pasado signado por la prostitución, la violencia y la adicción a las drogas hasta el presente como cuidadora de automóviles en el centro de Montevideo, haciendo foco en el inminente reencuentro con su familia en Nicaragua luego de más de dos décadas de separación. Quien en su niñez fuera adoptadx por una pareja de militantes de la izquierda uruguaya durante la Revolución Sandinista hoy decide volver a su tierra con una nueva identidad, para redescubrir su hogar y a sus seres cercanos desde una perspectiva completamente nueva.
Viernes 17 a las 16.40 en Gaumont,
sábado 18 a las 22 en BAMA
Otras dos imperdibles del Festival Asterisco que ya se pudieron ver en el último Bafici y fueron recomendadas por este suplemento son:Fassbinder To Love Without Demands, el nuevo trabajo de Christian Braad Thomsen, amigo íntimo del director, que revela entrevistas inéditas y anécdotas de la infancia de Fassbinder en el testimonio de su propia madre, y The Royal Road, en la cual la directora Jenni Olson, especialista en historia del cine lgbtiq, crea un landscape film autobiográfico y de tono confesional sobre la propia identidad sexual, acompañado de paisajes de San Francisco y Los Angeles que ilustran su voz y los cambios que transitó durante su vida. l
Fassbinder To Love Without Demands: martes 14 a las 18 y sábado 18 a las 20 en Gaumont.
The Royal Road: martes 14 a las 20.15 y sábado 18 a las 15 en Gaumont.
festivalasterisco.gob.ar

FINALIZO LA SEGUNDA EDICION DEL FESTIVAL VENTANA ANDINA, EN JUJUY

El cine que no llega a las salas

La película peruana Climas, el documental ecuatoriano Alfaro vive carajo y los films argentinos La Salada, Mika, mi guerra de España y La ventana abierta fueron los máximos ganadores de la muestra que en algo más de una semana presentó casi un centenar de producciones.
Por Horacio Bernades
Desde San Salvador de Jujuy
El film peruano Climas, el documental ecuatoriano Alfaro vive carajo (sobre el grupo armado del mismo nombre) y las producciones argentinas La Salada, de Juan Martín Hsu, Mika, mi guerra de España y el cortometraje La ventana abierta, de la realizadora Lucila Las Heras, fueron los máximos ganadores de la segunda edición de Ventana Andina, festival de cine regional que se llevó a cabo del viernes 3 al sábado 11 de julio, en la provincia de Jujuy. 
Climas fue elegido Mejor Film de Ficción de la Competencia Internacional, mientras que Alfaro vive carajo recibió el premio a Mejor Documental en la misma sección. La Salada –estrenada en Buenos Aires unas semanas atrás– se impuso en la categoría ficción de la Competencia Nacional, y a Mika, mi guerra de España (codirigida por Javier Olivera y Fito Pochat) se la distinguió como mejor documental en esa sección, mientras que La ventana abierta se impuso en la de cortometrajes. Por su parte, La mujer de los perros, codirigida por Laura Citarella y Verónica Llinás y presentada también en Competencia Internacional, se llevó dos premios (Mejor Dirección y Mejor Fotografía), mientras que a El patrón, radiografía de un crimen, de Sebastián Schindel, el jurado respectivo le otorgó el premio a Mejor Dirección de Arte en la misma sección.
Con casi un centenar de películas proyectadas en algo más de una semana (entre largos, medios y cortometrajes), el festival organizado por la Secretaria de Cultura de la Provincia –con apoyo del Incaa, el Ministerio de Cultura de la Nación y la Secretaría de Turismo provincial– apunta a exhibir y desarrollar el cine de la región. Más allá de las películas argentinas, repartidas entre una competencia íntegramente dedicada al cine local y dos apuntadas al cine regional (una de largos y otra de cortos), en sus tres secciones principales Ventana Andina desplegó buena cantidad de films bolivianos, chilenos, peruanos y ecuatorianos. Que es la clase de cine que raramente llega a las salas, porteñas o de cualquier otro punto del país.
Además de sus secciones competitivas, la segunda edición de Ventana Andina presentó, entre otras muestras paralelas, sendas retrospectivas dedicadas a Pablo Trapero y el legendario realizador boliviano Jorge Sanjinés, así como una cuidada selección de cine para niños y adolescentes, programado por los responsables de la Asociación Civil Nueva Mirada. Según el informe enviado a los medios por el director del festival, el secretario de Cultura, Gonzalo Morales, y el director artístico, el realizador Rolando Pardo, la concurrencia total fue de casi veinte mil espectadores en las distintas sedes del festival. Lo cual representa nada menos que una cuadruplicación en relación con la primera edición, que había contado con cinco mil concurrentes. El éxito de la convocatoria pudo constatarse en todas las funciones, que presentaron salas semicolmadas, tanto para ver films tan conocidos como Carancho o Elefante blanco como otros de los que ni el cinéfilo más acérrimo tenía noticias.
Lo interesante es que Ventana Andina no limita sus exhibiciones a la capital de la provincia. Las mismas películas que se vieron allí llegaron hasta localidades tan distantes como Tilcara, San Pedro o la mismísima La Quiaca, allí en el punto más septentrional del país. Localidades que no cuentan con exhibiciones cinematográficas regulares a lo largo del año, y cuyo acceso permitió a los visitantes toparse con esos paisajes espectaculares, de cerros, cañadones y quebradas, que caracterizan a la zona de la Puna jujeña. “Llevar las actividades del festival a toda la provincia es también una cuestión de soberanía cultural”, destacó, a la finalización del evento, Gonzalo Morales, que encarna en sí mismo una parte de la historia cinematográfica de las últimas décadas. En efecto, el actual Secretario de Cultura de la Provincia de Jujuy es la misma persona que tres décadas atrás dio vida a Verónico Cruz, recordado protagonista de La deuda interna, icono del cine regional.
A la manera de lo que sucede en el Festival de Mar del Plata o el Bafici, los realizadores presentes en Ventana Andina (la mayoría de los que presentaron películas en las secciones competitivas) tuvieron ocasión de entablar charlas con el público una vez finalizadas las proyecciones, quedando muy entusiasmados con la participación de la audiencia. 
Con el actor Nicolás Pauls como “padrino” del festival, a él se sumaron, entre los invitados especiales del festival, Luis Puenzo, el legendario director de fotografía Chango Monti (que es nativo de Jujuy), los actores Gustavo Garzón y Juan Palomino y los realizadores Fernando Spiner y Juan B. Stagnaro (este último vino para un homenaje a su película Casas de fuego, que transcurre en la zona). 
Además de las exhibiciones, Ventana Andina hizo lugar a mesas redondas, disertaciones, talleres y master classes, varias de ellas brindadas por docentes de la representación local de la Enerc. Como se sabe, la Enerc es la escuela de cine que depende del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y que hasta ahora ostentaba una única sede, ubicada en Buenos Aires.
Parte de un programa de desarrollo educativo federal emprendido por las autoridades de la escuela y el Instituto, el NOA cuenta desde comienzos del año con una sede jujeña, inaugurada casi al mismo tiempo que la sede del noreste, ubicada en Formosa. Se prevé inaugurar otras sedes en las regiones cuyana y patagónica, colaborando de este modo con el aprendizaje cinematográfico de norte a sur del país. Al desarrollo del cine de los países de la región andina apuntaron también las rondas de negocios que se celebraron, a lo largo de una semana, entre representantes de empresas del rubro, productores, distribuidores y realizadores, plantando las bases para futuros acuerdos de producción. La idea subyacente es que en próximas ediciones, Ventana Andina pueda comenzar a estrenar producciones surgidas por iniciativa del propio festival, como sucede en eventos similares del mundo entero. Esa sería la confirmación definitiva de que este festival tiene tanta proyección de futuro como razón de ser.

martes, 7 de julio de 2015

Asterisco 2015 festival internacional de cine sobre diversidad sexual que celebra las diversas y múltiples maneras de ser, de amar y de estar en el mundo; de relacionarse y formar familias, de convivir en equidad y respeto por las diferencias.






Albertina Carri es, en orden de aparición: hija de l*s revolucionari*s Ana María Caruso y Roberto Carri, asesinad*s durante la última dictadura militar; guionista, productora y directora de cine.
Lesbiana, madre, esposa de Marta Dillon y directora de televisión. Cree que la música es dios, que solo el arte salvará al mundo y que el cine es una máquina de destrucción masiva del sentido común.
Se siente honrada, abrumada, contenta y expectante con el desafío de ser la directora artística de Asterisco.
SIN FRONTERAS
ASTERISCO es un festival internacional de cine sobre diversidad sexual que viene a celebrar las diversas y múltiples maneras de ser, de amar y de estar en el mundo; de relacionarse y formar familias, de convivir en equidad y respeto por las diferencias.
ASTERISCO es un festival de cine cuyo lugar natural es Argentina donde la ciudadanía alcanza a todas y todos, un país al que el mundo mira por haber consagrado derechos de vanguardia a través de la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género y de fertilización asistida universal. Leyes que sin haber restrigindo los derechos de nadie ampliaron el reconocimiento para sectores históricamente marginados como es la población de lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales. Leyes que necesitan para su plena aplicación de cambios culturales profundos y es ahí donde las expresiones culturales y artísticas pueden colaborar a socavar las fronteras simbólicas que todavía separan a nuestra sociedad entre minorías y mayorías.
ASTERISCO, nombre del festival, es una declaración de principios: el * es una forma de incluir en el lenguaje a la diversidad, el uso del * para evitar las marcas de género es una estrategia que busca la inclusión de todas las identidades. Tod*s incluíd*s.
ASTERISCO es un festival destinado a cruzar fronteras, a emocionar a los desprevenidos y conmover a los despavoridos, porque ésa es la capacidad del cine, hacernos sentir en carne propia eso que parecía suceder en una geografía tan lejana. Por una hora y media vivimos en esa parte del mundo y somos esa parte del mundo que creíamos no ser.
ASTERISCO es un punto de encuentro para cineastas, activistas y público en general donde todas y todos podremos desplegar nuestras preguntas e inquietudes. Algunas respuestas encontraremos pero sobre todo abriremos nuevas preguntas por las que transitar.
Diego Trerotola .
Su cinefilia y un test vocacional lo empujaron a la crítica de cine, que ejerce sin control desde 1995. Publicó en Argentina, Corea del Sur, España, Holanda y Polonia. Su pasión por el Club de Cine, creado por Octavio Fabiano, la canalizó como curador de muestras de cine y video, hasta ser convocado como programador de los festivales de Mar del Plata y Bafici. Es activista de la Comunidad Homosexual Argentina, escribe en El Amante hace más de una década y en el Soy de Página/12 desde su creación. Actuó en un videoclip de El mató a un policía motorizado, tocó y cantó en recitales de 107 faunos y es parte del equipo de fútbol de la tapa del disco de Bestia Bebé. Participó como jurado del Premio TED del Festival de Berlín, tras ser convocado por su trabajo en Asterisco 2014

INVENTARIAR, INVENTAR
El nuevo paradigma de los últimos años en Argentina en relación a la diversidad sexual, donde se lograron las leyes de Matrimonio Igualitario y de Identidad de género, posibilitó un cambio jurídico que debería tener un correlato en políticas culturales renovadoras. En este contexto surge la necesidad de un festival de cine que pueda estar a la altura de leyes que son vanguardia en el mundo.
Un festival es un lugar de reunión ecléctica, de comunión festiva, de intercambio intenso entre cineastas, público y periodistas. Pero sobre todo es una posibilidad de abrir un carril audiovisual para representar deseos colectivos, sexuales, sensuales y sociales, que puedan incluir intelectual y sensorialmente a toda la sociedad.
Para eso es importante recuperar el cine como punto de encuentro, lugar de conexión y visibilidad emocional comunitaria. Un festival internacional permite seguir mirando más allá, acercarse a la diversidad sin límites ni fronteras, para poder trazar, ver y experimentar mejor el mapa de las identidades. Por eso hay que continuar en la búsqueda de un cine que pueda inventariar lo existente, pero también inventar lo que no existe, lo que todavía es invisible.

Fernando Peña 
Es historiador de cine, coleccionista, docente y programador. Intenta impulsar la creación de una Cinemateca Nacional, hasta ahora sin ningún éxito. Mientras espera, construyó una torre azul en las profundidades del conurbano bonaerense para conservar su filmoteca. Vive rodeado de cosas que no existen más. Se siente un poco abrumado por representar en este festival a la minoría heterosexual, pero promete que hará lo que pueda.

SER AMADOS
Asterisco surge como una iniciativa del poder público, como una forma de prolongar al campo cultural y simbólico las batallas que ya se han ganado en el terreno político. Se podría argumentar que las categorías culturales no van a quedar automáticamente abolidas por la realización de este tipo de eventos, pero tampoco conviene subestimar el poder de lo simbólico. Hace apenas treinta años, el último funcionario de la censura cinematográfica argentina declaraba públicamente que, en parte gracias a su trabajo, la nuestra era una sociedad en la que no había “problemas de homosexualismo”. Y hace apenas quince años fracasó el primer intento de realizar un festival sobre diversidad sexual, precisamente porque el poder público no quiso ayudar a financiarlo. Entre ambas anécdotas cabe una tercera: al ver la escena de la marcha del orgullo gay en el film El censor (Calcagno, 1995) el propio Raúl Alfonsín le preguntó en voz baja a un amigo si “eso” representaba la llegada de la democracia. Es evidente que para el funcionario de la dictadura, pero también para sus sucesores, el “problema” empieza con la visibilidad. Y esa es precisamente la cualidad que primero define a cualquier festival audiovisual.
Hay otra cualidad necesaria pero no viene dada: hay que trabajarla. No alcanza con salir a buscar películas que nos permitan ir completando prolijamente todos los casilleros temáticos. El verdadero trabajo consiste, en cambio, en el desafío de priorizar el efecto artístico por sobre la convicción militante, de encontrar obras que utilicen su natural visibilidad para tocar el alma de las cosas. Hace algunos años el crítico Alejandro Ricagno escribió: “no queremos ser aceptados; queremos ser amados”. De eso se trata.

segunda edición del festival internacional de cine sobre diversidad sexual Asterisco 14 al 19 de julio

La segunda edición del festival internacional de cine sobre diversidad sexual Asterisco, que se llevará a cabo del 14 al 19 de julio, no sólo busca reafirmar la exitosa convocatoria del año pasado, sino también ampliar sus propuestas estéticas y políticas. En tal sentido, se destacan las secciones competitivas en las que se ofrece un panorama sobre el presente de las discusiones sobre género, identidades, estilos y vida cotidiana. 
Se podrán ver films como El hombre nuevo, del uruguayo Aldo Garay, reciente ganador del premio Teddy de Berlín, y la experimental y radical Heterofobia, del argentino Goyo Anchou, y un foco sobre la obra del español Eloy de la Iglesia, verdadero pionero del cine gay durante la transición española de los años ’70.







“Descubrí mi condición de homosexual cuando tenía 15 años. Lo que supuso una crisis terrible, al sentir una inclinación de la que siempre había oído hablar como algo monstruoso y antinatural. Al principio sólo tuve unos contactos fugaces y sórdidos: en los vagones del metro, en las sesiones matinales del cine Carretas, o en aquellos urinarios sucios y malolientes de la plaza Tirso de Molina. Sin embargo, cuando tenía 19 años me acosté con una compañera de estudios y descubrí que podía tener relaciones con mujeres, lo cual me tranquilizó. Hasta que hice el servicio militar no tuve una auténtica relación homosexual. Allí conocí a aquel muchacho, tuvimos unas relaciones completas y prolongadas que duraron todo el período del servicio. Al salir de la mili conocí a Carmen. Era una camarada del partido que militaba en la misma célula. Nos enamoramos, y esperaba que mis relaciones con Carmen me harían olvidar mis inclinaciones homosexuales y me salvarían de ser toda la vida un marginado.”
Con estas palabras sinceras y de brutal elocuencia se presenta Roberto Orbea Salaverry, el protagonista de El diputado, film quizá no del todo conocido y apreciado por aquí pero fundamental en el contexto del cine de la transición española. Orbea estaba interpretado por un José Sacristán al borde de los 40, y su director era una figura discutida, durante años ninguneada y hasta despreciada por la crítica pero hoy de culto, dueño de una obra arriesgada y a veces sensacionalista, llamado Eloy de la Iglesia. Homosexual y militante comunista en una época –primero con Franco al poder, y aun después de la muerte del dictador– en que manifestar públicamente cualquiera de sus dos inclinaciones implicaba poner en riesgo su integridad física y su libertad, De la Iglesia incorporó ambas identidades a su cine convirtiéndolas más de una vez en sus temas centrales. “Han sido tantos años de clandestinidad”, dirá más adelante Orbea, refiriéndose no sólo a la militancia de izquierda durante el franquismo, que se ha terminado hace poco, sino también a esa vida sexual que supo reprimir en su juventud y que de algún modo, por azar o por destino, ha redescubierto, y a la que ahora ha decidido entregarse aunque sabe que no habrá de ser aceptada ni por ajenos ni por propios, en un momento clave de su carrera política.
Al combinar de manera intensa y crítica estos dos espacios que supieron ser irreconciliables en los años ’70, El diputado funciona como una vía de entrada perfecta a la filmografía de Eloy de la Iglesia. Hace unos pocos años varias de sus películas se vieron en las trasnoches del ciclo Filmoteca TV; pero quienes aún lo desconozcan tendrán la oportunidad inmejorable de asomarse a su obra a través de esta película con Sacristán, y de otra bien distinta, anterior, titulada Una gota de sangre para morir amando, ambas proyectadas en pantalla grande como parte de un foco que le dedicará al director el festival de cine lgbtiq Asterisco, que el próximo martes 14 de julio arranca su segunda edición.

NOTA AL PIE

“Asterisco es una película de ciento cincuenta horas, realizada en found footage, que celebra una forma de estar en el mundo que tenemos las personas trans, lesbianas, gay, bisexuales, intersexuales y queers, y que tuve el honor de codirigir con dos de las personas que más saben de cine, libertad y desparpajo en Argentina: Diego Trerotola y Fernando Martín Peña.” Así definía el festival su directora artística, la cineasta Albertina Carri (directora de Los rubios) en su primera edición, la del año pasado. Este año el equipo se repite, el festival consolida su espacio tras la exitosa convocatoria del 2014 y Carri reafirma su voluntad, como puede leerse en el sitio oficial www.festivalasterisco.gob.ar, de dar vida a “un festival internacional de cine sobre diversidad sexual que viene a celebrar las diversas y múltiples maneras de ser, de amar y de estar en el mundo; de relacionarse y formar familias, de convivir en equidad y respeto por las diferencias”. Regresan, con Asterisco –que esta vez se desplegará a lo largo de seis días en múltiples sedes que incluyen, entre otras, el Malba, la sala de la Enerc en Moreno 1199, el cine Incaa Gaumont en Congreso, el BAMA Cine Arte en Roque Sáenz Peña 1150 y la Casa Brandon–, sus competencias internacionales de largometrajes y cortos (en su mayoría inéditos en el país), las secciones “La piel que habito” y “Vampiras lesbianas y otros monstruos homoeróticos”, las numerosas actividades especiales, y los focos de autores, este años dedicados a realizadores secretos como Jenny Olson y Hans Scheugl, y a, por supuesto, el citado e ineludible Eloy de la Iglesia.

LAS DOS BANDERAS

En su momento, los críticos de su propio país no valoraron el ímpetu y el riesgo de su cine; recién a mediados de los ’90, cuando ya había desaparecido del mapa por una década (la que siguió a su destructivo período de adicción a la heroína), fue reivindicado por el festival de San Sebastián con una retrospectiva y el único libro que se le ha dedicado hasta ahora, Conocer a Eloy de la Iglesia. Nacido en Zarauz en 1944, criado y educado en Madrid primero y luego (en materia de cine) en París, Eloy Germán de la Iglesia Diéguez fue un autor precoz y prolífico que ya llevaba medio centenar de títulos escritos, dirigidos o producidos para la televisión a sus veinte años. Como escribe Fernando Martín Peña en la introducción al foco dedicado a este director, “toda su obra es una extraña mezcla entre cine de explotación y una mirada personal y comprometida; así logró películas que son tan extremas y escandalosas como reflexivas y, sobre todo, honestas. Su combinación de imágenes chocantes, lenguaje crudo, música popular y actores no profesionales recogidos de los bajos fondos le hicieron ganar el desprecio de la crítica políticamente correcta, que siempre lo tildó de ordinario”.
En la segunda parte de su impresionante filmografía “prácticamente inventó un género propio, el llamado ‘cine quinqui’, que puso en primer plano el mundo de los pequeños delincuentes con una voluntad de realismo insólita en el cine español”.
Aunque para entonces ya era, efectivamente, una suerte de cronista de “mundos marginales”, tras la muerte de Franco, en 1975, De la Iglesia se convirtió en el primer director abiertamente gay de la transición con films como Los placeres ocultos (que cuenta la relación entre el gerente de un banco y un chico heterosexual, proveniente de un barrio obrero, del que se enamora y al que contrata para tenerlo cerca); lo que como suele señalarse, no era poca cosa, teniendo en cuenta que aún estaba vigente en los primeros años de la democracia la Ley de Peligrosidad Social, que aprobada en los últimos años de franquismo, se aplicó con saña para reprimir tanto la mendicidad y el tráfico y consumo de drogas como los delitos llamados sexuales: homosexualidad, venta de pornografía y prostitución. Es precisamente el retrato de estos resabios de la represión institucional y social que se registraban ya en democracia lo que hace de El diputado una película notable y valiosa, así como su reflejo de la profunda contradicción que latía en el núcleo mismo del Partido Comunista (español e internacional), que no supo conciliar en su interior su pretendida militancia en favor de un ideario de liberación con las luchas por la libertad sexual.
Como se decía al comienzo, queda planteado de entrada que el protagonista de El diputado acaba de despertar de su larga negación, y que por años, con la complicidad de su mujer, ha estado construyéndose la fachada pública de “respetabilidad” que le permitió avanzar en su carrera política. El drama se desencadena cuando Orbea empieza a involucrarse sexual y sentimentalmente con el joven taxi boy Juanito, sin sospechar que éste ha sido reclutado extorsivamente por sus enemigos políticos con el propósito de destruir su bancada exponiendo su relación clandestina al público. En ese sentido, y sin abandonar el desarrollo de la parte sentimental de la historia, El diputado funciona en parte como un thriller político que retrata un aspecto especialmente oscuro de aquellos años; para defenderse de quienes buscan destruirlo, el protagonista deberá antes exponer su situación ante el casi seguro rechazo de su propio partido, el PCE. “Había un juego no del todo sincero –diría el propio De la Iglesia unos cuantos años después de la película, consultado sobre ese conflicto entre homosexualidad y militancia comunista que él mismo había vivido en carne propia–. En aquella época el Partido quería ser tolerante, emerger como un grupo abierto donde no existían dogmatismos. Quería ser moderno, en el peor sentido de la palabra. Y yo lo que trataba era..., bueno, pues de llevarles contra las tablas de eso. De hecho, logré que Santiago Carrillo y todo el Comité Ejecutivo del PC, ya muerto Franco, fueran al estreno de una de mis películas más polémicas, El diputado, donde la política y la homosexualidad jugaban a partes iguales. Lo de ellos era un juego para buscar votos. Luego el Partido se dio cuenta de que los votos estaban realmente en las masas conservadoras, es decir, no yendo a ver El diputado, sino asistiendo a misa o a alguna procesión. Mirando atrás te das cuenta de que fueron muy crueles. No hay que olvidar que durante muchos años llevaron una política de represión y tiro en la nuca. La dialéctica se redujo enseguida.” Para De la Iglesia, el desengaño después de años durísimos de militancia en la clandestinidad fue atroz. “Dejé de creer en ellos, sin más. Simplemente hay que negarse en redondo a ser dogmático”.
La coyuntura política estuvo presente en otros films de De la Iglesia como La otra alcoba y Miedo a salir de noche, así como los conflictos sexuales (en la aventura zoofílica de La criatura, o en Juego de amor prohibido), y también fue ganando terreno en su obra un sórdido retrato de la delincuencia juvenil, pintura de un universo marginal y de los destrozos sociales que la heroína estaba provocando en Madrid a principios de los ‘80 (de esa veta surgen dos de sus películas más taquilleras y recordadas: El pico y El pico 2). Varias de estas cuestiones (política, sexualidad, delincuencia y marginalidad) ya aparecían en la otra película de De la Iglesia que se verá en el marco de Asterisco, Una gota de sangre para morir amando, que es de 1973 y que, aunque hacía referencias explícitas a La naranja mecánica, fue recibida originalmente como si tratara más de un acto de robo y explotación del film de Kubrick basado en la novela de Anthony Burgess que un intento de plasmar un reflejo local de preocupaciones similares a las de aquel film. Coescrita con José Luis Garci (contemporáneo de De la Iglesia pero más “prestigioso”; director de Asignatura pendiente, Solos en la madrugada y El crack, entre otros clásicos de la transición), protagonizada por Sue Lyon (la Lolita de Kubrick) y Chris Mitchum (el hijo de Robert), Una gota... le sirvió a De la Iglesia, señala Peña, “para formular sus propias ideas sobre una distopía violenta, profetizar con mordacidad algunas frivolidades que se cumplieron, hablar sobre lo que nadie hablaba y, desde luego, introducir sus características obsesiones. Sus ideas son típicamente punzantes, como la terapia eléctrica que transforma a criminales y asesinos en ciudadanos respetables, o la secreta ocupación de la enfermera protagonista que interpreta Lyon”.
“Siempre ha habido en mí una osadía que, más que osadía, ha sido insensatez”, decía De la Iglesia. “Por ejemplo, cuando tenía que sortear la censura para hacer cine. Me parecía tan aberrante aquello que no me podía creer que intentar burlarla se pudiera volver en contra de uno. Pero la censura estaba ahí y terminabas dándote la hostia. Era un mundo ideológicamente tan homologado que no acababas de darte cuenta de tu diferencia. ¿Cómo te ibas a cuestionar que tú no debes ser como eres?”

LOS PICOS

Así como antes de sus películas más explícitamente políticas De la Iglesia había realizado algunos thrillers y films de terror como Nadie oyó gritar, con los que asumió bastante temprano que nunca iba a gustarles a los críticos (lo cual de algún modo le sirvió, según reconocería más tarde, de impulso liberador) entre fines de los ’70 y principios de los ’80 hizo una serie de películas en las que exploró la delincuencia y la drogadicción de un modo que, fiel al carácter irrenunciablemente personal de la mayor parte de su obra, terminaría por hacerlo caer a él mismo. Cuando años más tarde ya había conseguido liberarse de las drogas duras, De la Iglesia solía contar que sólo había sido adicto a la heroína por cuatro años, entre 1983 (año en que estrenó El pico, uno de sus films más taquilleros) y 1987, pero que en ese lapso se le había ido volviendo progresivamente imposible seguir al mando de un rodaje, y el verdadero costo lo había pagado después de limpiarse, con su aislamiento, un profundo emprobecimiento económico, la común “discriminación del yonqui” y la depresión por la pérdida de varios de sus mejores amigos por sobredosis, entre ellos sus actores-fetiche José Luis Fernández, alias El Pirri (en 1988), y con especial dureza José Luis Manzano, un no profesional al que había reclutado de los barrios obreros, un chico de 17 años, casi iletrado, al que le había creado una carrera en base a un trabajo intuitivo e hiperrealista en el film Navajeros (1980) y que a pesar de la pequeña fortuna que hicieron juntos nunca escapó del todo de su esencial lumpenaje. Manzano murió en 1992 con una jeringa clavada en el brazo, en casa de De la Iglesia.
Cuando en 1996 el festival de San Sebastián le dedicó el citado homenaje, Eloy llevaba más de diez años sin filmar.
Tiempo después de aquella retrospectiva, tuvo la oportunidad de dirigir una versión del Calígula de Albert Camus para la televisión, y de completar el film Los novios búlgaros, historia de amor gay inspirada en la novela del mismo título de Eduardo Mendicutti. Para ese entonces podía decir, con dignidad: “No creo que haya hecho ningún trabajo, a pesar de la presión ideológica de mis comienzos, que no responda a mi visión personal de las cosas, a mi apetencia de hacer o no una historia determinada. Siempre he buscado una interactividad entre el espectador y lo que contaba. Hablar de la libertad en el sexo, de las dificultades que tiene el hombre de incorporarse a un medio y vivir dentro de ese medio...”
Esto era en 2003, tres años antes de morir en un hospital, a los 62, tras la cirugía en la que debían extirparle un tumor. Hasta ese entonces, mantuvo sus esperanzas de volver a hacer películas con la convicción de sus comienzos. “He tenido pasiones mayores que la droga; por ejemplo, el cine. Ni me voy a convencer a mí mismo de que estoy bien ni a los demás hasta que no haga una película. Todo lo demás van a ser divagaciones, y quedará la sombra de la duda. Incluso para mí mismo. Pero sé que mi adicción a la droga ha sido muy pequeña comparada con mi adicción al cine”.
La segunda edición del festival Asterisco se realizará del martes 14 al domingo 19 de julio. Información completa, con sedes y horarios de proyecciones y actividades, enwww.festivalasterisco.gob.ar

martes, 30 de junio de 2015

29 de junio - Dia del Camarógrafo

Extracto del documental "Imagen Final". Acerca del asesinato del camarógrafo argentino Leonardo Henricksen, ocurrido en Santiago de Chile el 29 de junio de 1973.

Un día como ayer hace 42 años, el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen, es fusilado en Santiago de Chile, mientras cubría para la televisión nacional sueca y el canal 15 de Buenos Aires, el levantamiento militar conocido como "El Tanquetazo". Él mismo registró con su cámara el trágico momento de su muerte. Como homenaje en su memoria y la de todos los que desarrollan la profesión de camarografos, se celebra hoy 29 de Junio, el Día del Camarógrafo.
Para conmemorar es necesario recordar!














domingo, 14 de junio de 2015

Adiós a Sergio Renán

Un luchador, amante del cine, el teatro y las letras

Ayer murió Sergio Renán, responsable de la emblemática película La Tregua, uno de los grandes records del cine argentino. Dirigió piezas clásicas, fue un actor destacado y su paso como titular del Teatro Colón es de los más recordados. Fanático de Racing. Tenía 82 años.

Un luchador, amante del cine, el teatro y las letras
El cineasta y director en abril de este año, cuando celebrara la restauración de La Tregua a 40 años de su estreno. Pese a su delicado estado de salud, seguía trabajando y soñaba con dirigir un film musical - Foto: maximiliano luna
Si todavía quedaba un hombre con perfil de caballero: es decir elegante, refinado, de gustos barrocos, de hablar pausado, siempre con un libro en la mano y con una formación casi igual de profunda en música, cine y teatro; murió ayer a los 82 años. Sergio Renán fue director de cine, ópera y teatro y una de las figuras fundamentales de la cultura argentina. Entre sus grandes hitos, se encuentra haber dirigido La Tregua, la primera película argentina nominada al Oscar, de ser el responsable de la gestión más innovadora y productiva del Teatro Colón y de llevar al teatro las primeras versiones de grandes textos, como Las Criadas, de Jean Genet. 

Su necesidad de estar en permanente estado creativo, siempre con un proyecto en carpeta y con nuevas inquietudes artísticas lo llevaron a tener una actitud perseverante frente a una salud que cada día se deterioraba más. Ya casi sin voz debido a un cáncer de laringe, Sergio Renán seguía dirigiendo y pensando en todo lo nuevo que estaba por venir. 

Podría estar asociado a la mal denominada "alta cultura" pero a Renán le gustaba hundirse en las historias marginales, tanto para dirigirlas como para interpretarlas. Por ejemplo, el papel de El Rufián Melancólico en la película Los siete locos, de Leopoldo Torre Nilsson (1973) fue –según sus propias palabras– el mejor personaje que interpretó en su vida. 

Sergió Renán se llamaba en realidad Samuel Cohan y era el hijo de un padre inmigrante de Rusia y una mamá argentina. Nació en Buenos Aires el  30 de enero de 1933, en el barrio de Once. Sus padres tenían una mercería y aspiraciones altas para su hijo mayor. Lo educaron para que fuera un violinista exitoso y si bien llegó a hacer algunas presentaciones en el Colón, enseguida dejó la música para dedicarse a la actuación. "Fui un joven formado para el estudio, la reflexión, el prestigio intelectual. Desde muy chiquito, fui informado de que era un genio y que el mundo iba a recibir esa noticia con alborozo. Mi padre era un tipo tierno, pero esperaba de mí que fuera un gran hombre y que se supiera que lo era", dijo en una entrevista, publicada en La Nación. 

Sin embargo, más allá del prestigio y los premios, Renán se mostraba particularmente sensible a las críticas y poco le importaba que le reconocieran el fenómeno que fue La Tregua (1974) si después con sus películas no conseguía los mismos elogios que antes. "Una crítica mala me destruye. Como actor nunca tuve una crítica mala. Como director de teatro fueron maravillosas. Y en el cine, empezó a cambiar desde El sueño de los héroes. La cosa me empezó a hacer tanto daño que dejé de leerlas", había dicho. 
Probablemente a Renán le lastimaban tanto las críticas porque tuvo un pasado glorioso y, se sabe, es imposible estar siempre en el mismo nivel de genialidad. Renán, que en aquella época era Cohan, comenzó a actuar en teatro y luego en cine. 
El momento de despegue de su carrera actoral fue con La cifra impar, una película de 1962 dirigida por Manuel Antín. A los dos años, llegó Circe, también de Antín, El perseguidor (Osías Wilenksy, 1965). Sobre cuentos de Julio Cortazar.
En 1970 ya empezó a escuchar sus pulsiones de director y puso en escena la emblemática pieza de Genet Las criadas. Nunca con chiquitas. En esa época también decidió cambiarse el nombre: eligió Renán por Ernest Renan (1823-1892), un francés autor del libro La Vida de Jesús en el que hablaba de Jesús como un profeta pero negaba que fuera hijo de Dios.

En 1974 su primera película tuvo un éxito que lo desbordó. Fue La tregua, basada en el libro del escritor uruguayo Mario Benedetti, que supuso la primera nominación de Argentina al Oscar como mejor película extranjera. Este film tuvo 2,2 millones de espectadores –cifra inédita hasta el momento– y compartía la terna de nominaciones junto con Lacombe, Lucien de Louis Malle y Amarcord, de Federico Fellini. 
El premio se entregó un año después. Renán viajó a Los Ángeles y estuvo cerca de Jack Nicholson y Fred Astaire. Cuando Frank Sinatra anunció que la ganadora era Amarcord sonrió y volvió igual de contento a Ezeiza. Era un señor y en ese momento también se sentía campeón. 

El espíritu de triunfador le duró poco. Apenas llegó a la Argentina encontró su nombre en una lista de la organización parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), junto con el de Mario Benedetti, Héctor Alterio, Norma Aleandro y Luis Brandoni. Todos ellos recibieron la misma intimidación y abandonaron la Argentina. Renán decidió quedarse. 

Su siguiente película fue Crecer de golpe (1977) la adaptación de un cuento de Haroldo Conti. 
A pesar de la intimidación de la Triple A, Renán aceptó realizar La fiesta de todos (su tercer largometraje), una propaganda del gobierno militar en torno a la conquista futbolera del Mundial 78 en la Argentina. 
La fiesta de todos es una película argentina documental-de comedia de 1979 dirigida por Sergio Renán. Fue escrita por Renán, Hugo Sofovich y Mario Sabato, con el seudónimo de "Adrián Quiroga". Los sketches de comedia del film son protagonizados por un numeroso grupo de reconocidos actores argentinos y figuras de la cultura. Fue estrenada el 24 de mayo de ese año.
El film es una reconstrucción mayormente documental de la victoria argentina en la Copa Mundial de Fútbol de 1978, realizada en ese país, intercalada con distintos episodios ficticios que suceden durante la misma época.
La película ha sido criticada como un intento de mostrar a un pueblo unido disfrutando de una "fiesta de todos", en momentos en que el país era gobernado por la genocida dictadura militar, la cual había impuesto un régimen de terrorismo de Estado.
El film es considerado por muchos críticos de cine un film de propaganda y apoyo al regimen militar vigente en la Argentina entre 1976 y 1983, ya que este aborda el tema de la preparación y el desarrollo del Mundial de 1978 con una visión optimista y festiva, haciendo apología de un evento que la dictadura había desarrollado para funcionar como una cortina que ocultara los actos terroristas que llevaba a cabo el Estado.

Unos años después dirigió Sentimental (Requiem para un amigo), basado en un a novela de Geno Díaz (1981), Gracias por el fuego (1983), Tacos altos (1985) y El sueño de los héroes (1997) basada en la novela de Adolfo Bioy Casares, quien también era su amigo. Esta última película –dijo en alguna ocasión– fue una de sus obras más queridas y la más golpeada por la crítica.

En 1989 el intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Carlos Grosso, le ofreció dirigir el Teatro Colón. Renán era, sobre todo, actor y director y, aunque había debutado como régisseur con Manón, en 1984, no tenía experiencia en gestión pública. Su trabajo en ese espacio cultural donde ayer fue velado es recordado como uno de los mejores de la historia. 

En el teatro fue igual de prolífico. Además de Las Criadas, Renán montó Drácula, Ha llegado un inspector y Un enemigo del pueblo, el clásico de Ibsen que estrenó en el San Martín en 2007. En 2013 su última obra como director de teatro fue Incendios que trataba sobre la guerra civil en el Líbano a partir de la vida del escritor Wajdi Mouawad y que lo reunía otra vez con la actriz Ana María Picchio, con quien trabajó en La tregua. 

El 20 de febrero de 1997, Renán sufrió una pancreatitis aguda fulminante, una enfermedad que acaba con la vida del 85% de los pacientes en los primeros días. Estuvo 64 días en coma. "Tengo recuerdos auditivos. Algún llanto de mujer. Alguna música. Después supe que me ponían música y trataban de darme buenas noticias. Parece que un día se me acercó el médico y me dijo: 'Racing le ganó a River dos a uno'. A lo mejor fue eso lo que me salvó", contó Renán a La Nación. Fanático increíble de Racing, todos los modales y la templanza que Renán tenía en su vida como artista y gestor público, la perdía cada vez que iba a la cancha y oscilaba entre la desolación y la angustia más vital ante la pérdida de su equipo y la euforia descontrolada. 

En 2007, Renán filmó la que fue su última película: Tres de corazones, basada en el texto de Juan José Saer. Dejó pendientes varios proyectos, entre ellos su deseo de dirigir un musical. Hubiese sido el ensamble perfecto para este amante del cine, la música y las actuaciones profundas.  «

Velatorio y despedida en el teatro Colón
Durante el día de ayer se llevó a cabo el velatorio de Sergio Renán en el foyer del Teatro Colón. La misma institución destacó en un comunicado que despedía "a quien fuera uno de sus más brillantes directores de toda su historia".
Lo despidieron, entre otros, Ana María Picchio, Lito Cruz, Gastón Pauls, José Martínez Suárez y Jorge Asís.

En esa misma institución, el artista acababa de montar una producción de la ópera L´elisir d´amore, de Donizetti, junto al equipo que integraba con el escenógrafo Emilio Basaldúa y el vestuarista Gino Bogani.

La reseña difundida desde el Colón señaló que con Renán como director, entre 1989 y 1996, se "ampliaron notablemente los horizontes artísticos de la sala, le devolvió su dimensión internacional y abrió las puertas a una nueva generación de público mediante decisiones como, por ejemplo, la creación en 1990 del entonces denominado Centro de Experimentación en Ópera y Ballet, que está cumpliendo 25 años de fecunda trayectoria". 

El texto agregó que el paso del artista "en el campo de la ópera, la música y la gestión cultural es apenas una faceta más de un artista integral que representa para el Teatro Colón uno de los capítulos más brillantes de su historia".
Renán dirigió en el Colón las puestas Manón, Rigoletto, Otello, Cosi fan tutte y Lady Macbeth, con la dirección orquestal de Mstislav Rostropóvich, que estrenó, además en el Teatro Real de Madrid.


Su última nota con Tiempo
El 15 de abril de este año, Sergio Renán fue tapa del suplemento Espectáculos de Tiempo, a propósito del estreno en el últilmo Bafici de la versión restaurada de La Tregua. A continuación algunas de las definiciones de la entrevista realizada por Analía Rivas:

* "No puedo ni quiero mentir. No me gusta verme en el pasado."
* "A veces me encuentro con jóvenes interesados por el cine que no sólo no han visto La tregua sino que no han visto películas muchísimo más importantes que esta. Que tienen pocas noticias de sus directores." 
* "No sólo La Tregua no es mi mejor película como realización: todas mis películas posteriores, menos una, son mejores. Pero la historia de La tregua es única. La historia y el elenco. Me resisto a creer que puede haber una película con un elenco tan maravilloso."
* "Hay muy pocas buenas historias en el cine. No en mi filmografía. Pocas historias me parecen maravillosas para convertirse en una película. Obviamente, el cine no es literatura visualizada. A tal punto que La tregua provocó distanciamiento con Mario Benedetti por las diferencias entre su mirada y la mía." 
* "Tres corazones fue mi mayor fracaso y me provocó una depresión como la que tendría cualquiera en una situación similar. Tres corazones me gusta. Las historias que más me gustan tienen cada vez menos destinatarios, el cine es muy cruel en ese sentido. El concepto de éxito y fracaso tiene específicamente para el director consecuencia para su perpetuidad como para la mirada del exterior." 
* "Tengo dos guiones terminados. En todos los casos hechos en colaboración con Sergio Wolf, Daniel Malajovich y Diego Starosta. Tendré la fuerza necesaria para reincidir o para despedirme. Siento claramente como algo incumplido mi relación con el cine. Un cine donde la música tuviera una presencia grande. Yo soy un fanático de la comedia musical como género. De modo que siento que debo filmar una película musical con presencia de números bailados y cantados."


La fiesta de todos, que no debió ser
La fiesta de todos, película que Sergio Renán filmó en 1979 sobre el Mundial y que fue considerada propaganda de la dictadura militar, fue la mancha negra de su carrera. En 2012, el director dijo: "No debí hacerla, y eso es algo que nunca me terminaré de perdonar. No debí hacer la película que fue. Digo 'la película que fue' porque hay gente que dice que ensalza el gobierno militar, cosa que no es. Pero aun lo que fue, una película de gente gritando goles, no debí hacerla. (...) Sé que hay gente para la que soy sólo el director de La fiesta de todos. Eso tiene un peso específico mayor que todo lo que pude haber hecho antes y después, incluyendo los tres años que hice de Teatro Abierto".

OSCAR
La tregua fue la primera película argentina nominada a un Oscar, en 1975. En la terna perdió frente a Amarcord, de Federico Fellini.

CIUDADANO ILUSTRE
Sergio Renán recibió el título de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en el mes de marzo de 2011.

"Qué tristeza, un hombre genial, humilde y maravilloso. Hasta pronto, queridísimo."
Georgina Barbarossa

El dolor de sus colegas, amigos y admiradores
A través de las redes sociales artistas, periodistas y funcionarios compartieron el dolor y la admiración por Sergio Renán.
El embajador argentino en Chile, Ginés González García, expresó:  "Renán fue un artista total, un caballero de honor, un patriota apasionado y un insustituible compañero de cancha racinguista."
El cineasta Juan José Campanella señaló a través de Twitter que "Sergio Renán brilló, cayó, se alzó de nuevo y volvió a brillar. Incansable, luchador, talentoso y gran HOMBRE".
Mientras que el coreógrafo Ricky Pashkus expresó: "Los árboles mueren de pie, decía Casona. Sergio Renán se fue caminando. Admiración al gran artista." 
Víctor Laplace, quien protagonizó su film Gracias por el fuego, recordó al creador como "alguien que dejó un bagaje enorme de cosas que quedan, pero igual se lo va a extrañar". 
Para el actor Osvaldo Santoro se fue "un talentoso. Un fanático de Racing, actor y director, pero sobre todo un amigo." En tanto, Graciela Alfano lo describió como "talentoso regisseur. Artista profundo. Leal racinguista y maravilloso vecino."
Por Twitter también se expresaron la actriz Georgina Barbarossa quien escribió: "Que tristeza. Un hombre genial, humilde y maravilloso. Hasta pronto queridísimo", y el conductor y musicalizador Bobby Flores. "Se despertó de este sueño que es la vida Sergio Renán. Hoy soy más huérfano que ayer. Te quise mucho Sergio, hacia mucho que no lloraba", escribió.
El escritor Jorge Asís expresó "dolor y congoja por la partida de Sergio Renán. Actor de culto, lector inagotable y mejor amigo. Maestro Eterno", y el ensayista Guillermo Jaim Etcheverry, agregó: "La muerte de Sergio Renán entristece a la cultura argentina y a quienes tuvimos el privilegio de disfrutar su cálida amistad."
Jorge Telerman, titular del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, resaltó al realizador como a un "creativo genial, gran artista y dandy insuperable. Buen amigo y compañero en su magnífica vuelta al Teatro Colón" y el diputado Ricardo Alfonsín sostuvo: "Sergio Renán fue el autor de muchas de las grandes páginas de nuestro arte y nos lega una obra que lo trasciende." 
Hernán Lombardi, secretario de Cultura porteño sostuvo: "Sergio Renán fue un hombre que engrandeció a su tiempo. Talento, generosidad, siempre con proyectos de enorme calidad y sensibilidad."


Renán: El dandy melancólico
Por Gustavo. J. Castagna (*)
Sergio Renán fue un actor de los buenos y, como Manuel Antín y Torre Nilsson, un cineasta de nueve largometrajes obsesionado por la transposición literaria. También uno de los nuevos rostros de la Generación del '60, aquella renovación formal y de producción que duró poco tiempo, a través del autodestructivo Johnny de El perseguidor (1964, de Osías Wilenski) y como uno de los novios de la cruel Delia en Circe (1963, Antín), en ambos casos sobre la obra de Cortázar. Pero, desde la actuación, "El rufián melancólico" de Los siete locos (1972, Nilsson) sería su personaje más recordado. En esos años 70 en que el cine argentino arrasaba en la taquilla, La tregua fundaría el film de oficina de cariz naturalista, explorando en la tristeza y el paso del tiempo, entremezclando las bromas sobre el Prode con la noticia sobre la homosexualidad de uno de los hijos del personaje de Héctor Alterio. Derrotada por la invencible Amarcord de Fellini en la entrega del Oscar, dos años después y en plena dictadura, Renán adaptó a Haroldo Conti en Crecer de golpe (1977) duplicando el realismo del Benedetti de oficina por medio del empleo de metáforas algo redundantes. Ya en una zona oscura pero real y palpable, el director describiría en La fiesta de todos (1979) la celebración de Mundial del horror. Carga muy pesada que Renán intentó olvidar más de una vez y que dejaría lugar a Sentimental (1980) sobre Geno Díaz, tal vez su mejor film, donde el policial como género se fusionaba a una frustrada y dolorosa amistad masculina. Volvería a Benedetti con Gracias por el fuego (1983), bucearía en la repetición del tiempo según Bioy Casares con El sueño de los héroes (1997) y escarbaría en el lumpenaje más primitivo y guarango con Tacos altos (1985) de Bernardo Kordon. Mezcla de dandy al estilo Scott Fitzgerald con poeta del arrabal a lo Evaristo Carriego, en el final de Sentimental, metido en la piel del periodista José Solari, Renán revela definitivamente el secreto de sus ojos.

(*) Crítico de Tiempo.

jueves, 11 de junio de 2015

Murió Christopher Lee, uno de los célebres "malvados" de Hollywood

http://ar.tuhistory.com/hoy-en-la-historia/murio-christopher-lee-uno-de-los-celebres-malvados-de-hollywood

Christopher Frank Carandini Lee murió en la mañana del domingo 7 de Junio en Londres, Inglaterra, a los 93 años de edad.
En su larga y prolífica carrera participó en más de 250 películas, generalmente interpretando a villanos. Entre sus papeles más recientes se destacan el de Saruman, en la saga de películas de “El Señor de los Anillos”, y el del Conde Dooku en el segundo y tercer episodio de “La Guerra de las Galaxias”.
Comenzó su carrera actoral participando de obras de teatro y programas de radio. Debutó en el cine en el año 1948 y a mediados de la década de 1950 firmó un contrato con la compañía Hammer Productions, especializada en películas de terror. En 1957 obtuvo su primer papel protagónico, en el film “La maldición de Frankenstein”, dirigido por Terence Fisher. Un año después interpretó al Conde Drácula en la película basada en la novela de Bram Stoker, también dirigida por Fisher. En la década de 1980 su exitosa carrera comenzó a decaer, pero tuvo un regreso triunfal a la gran pantalla en el año 2001, con la película “El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo”, primera entrega de la exitosa trilogía dirigida por Peter Jackson. Su autobiografía “Christopher Lee: Tall, Dark and Gruesome” fue publicada por primera vez en 1977, y reeditada en 1997 y 2003. 
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Imagen: Featureflash / Shutterstock.com