sábado, 31 de diciembre de 2011

Los documentales nacionales fueron lo menos visto del 2011 en las salas de cine

En la mayoría de los casos, las producciones nacionales se estrenaron a precios subsidiados 

PABLO HECKER Buenos Aires
http://www.cronista.com/contenidos/2011/12/29/noticia_0030.html

Se proyectaron 425 películas durante el año 2011 en la Argentina. Esta cifra incluye reestrenos o films que fueron utilizados en diferentes festivales o ciclos.

Descartando estas producciones, que aparecen en los últimos puestos en recaudación y cantidad de público; y de acuerdo a datos aportados por Ultracine, los 10 títulos menos vistos de esta temporada son los siguientes:

"Inseguros ¿Quiénes son?"
un documental argentino que estuvo dos semanas en cartel, y recaudó $ 61 gracias a las 12 personas que pagaron un poco más de cinco pesos cada una


"La última muerte", un film de suspenso mexicano que tras una semana en cartel dejó en boleterías $ 115 gracias a 22 personas que pagaron promedio $ 5.23




La comedia española "Que parezca un accidente", con Federico Luppi, consiguió $ 230 con 46 espectadores a cinco pesos por cabeza.


"Alfredo Li Gotti. Una pasión cinéfila" documental local que llevó 18 personas al cine y reportó $ 360 gracias a 18 espectadores que pagaron 20 pesos cada entrada.


"Sexo, dignidad y muerte" otro documental argentino que fue visto por 40 valientes que abonaron 12 pesos la localidad dejando un total de $480.


"Daddy Long Less" comedia estadounidense que sólo vieron 40 espectadores y recaudó $720 a 18 pesos la entrada;


"Empleadas y patrones", otro documental nacional en coproducción con Panamá, que tuvo 163 espectadores e hizo $830 a unos cinco pesos la entrada.


"Crónicas de la gran serpiente" documental argentino que fueron a ver 229 personas a un promedio de 4 pesos con 20 la entrada.


"Familia Tipo" documental argentino que sumó $964 ya que lo fueron a ver 148 personas que pagaron $6,51.

"Un día en Constitución" documental argentino que llevó 232 espectadores que dejaron en taquilla $1.044 a $4,50 la entrada.


Hay más documentales nacionales en el listado de lo menos visto y que menos recaudó.
Descartando los documentales, las películas menos vistas que se estrenaron a precio comercial son: 

"Secuestro y muerte"
drama nacional histórico de Enrique Piñeyro que se estrenó el 5 de mayo, la fueron a ver 92 espectadores que pagando 18 pesos la entrada le reportaron a las salas $ 1656.


"La vida útil", film uruguayo que a 12 pesos el ticket reportó $1711 debido a 142 espectadores.



el film francés "Yo maté a mi madre" que a un precio de 18 pesos la ubicación sólo alcanzó los $ 3.240 por que la vieron 791 personas.


"Un mundo misterioso" producción nacional que recaudó $6973 gracias a los 344 curiosos que se animaron a pagaron un poco más de 20 pesos para ver de que se trataba.


y "Norberto apenas tarde", coproducción argentino/uruguaya, y debut como director del uruguayo Daniel Hendler que recaudó $7255 porque la vieron 393 personas que pagaron 18 pesos con 50 centavos la entrada.


No hace falta explicar que todas estas películas y documentales tuvieron un costo de producción mucho más alto en relación a lo que recaudaron.


FELIZ 2012

Estimados Amigos:
 
Ha comenzado la cuenta regresiva hacia el 2012.
Gracias por acompañarme un año más.
En el año que comienza redoblaremos el esfuerzo para visualizar el mundo desde la mirada Latinoamericana.
Si el mundo nos da mil razones para desalentarnos, demostremos que tenemos mil y una razones para encontrar soluciones desde nuestro propio pensamiento. 

 
Feliz año nuevo

lunes, 26 de diciembre de 2011

El crecimiento del Cine Nacional en el 2011

Entrevista a Liliana Mazure, directora del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), sobre el crecimiento del Cine Nacional en este año que finaliza. Emitido por Visión Siete, noticiero de la TV Pública argentina, el viernes 23 de diciembre de 2011. http://www.tvpublica.com.ar



 Cine argentino, crecimiento con asignaturas pendientes 
 Por Moisés Pérez Mok *

 Buenos Aires (PL).- Para la industria cinematográfica argentina, 2011 fue otro año de crecimiento, con filmes diversos y novedosos, pero todavía con una importante asignatura pendiente: la difusión y el estreno en las salas de la producción nacional.

  La valoración la hizo a comienzos de este mes en la capital cubana el novel director Pablo Giorgelli, cuyo primer largometraje, Las acacias, mereció la Cámara de Oro de Cannes y fue laureada luego en Biarritz, San Sebastián y Londres.

Giorgelli quiso presentarla también en el 33 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, para de este modo cerrar un ciclo iniciado en 2007.

Hace cuatro años, recordó, Las acacias ganó allí el premio al mejor guión inédito y en 2009 obtuvo el de posproducción Latinoamérica Primera Copia. En mayo último inició en Cannes un largo periplo que la llevó hasta ahora a 60 festivales en todo el mundo.

Mas las quejas respecto a la difusión de las películas argentinas en sus propios predios no llegaron sólo de Giorgelli. Fernando Spiner, director de "Aballay, el hombre sin miedo", el filme que representa a Argentina en la búsqueda de una nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, agradeció tanto la elección como las posibilidades que esta le abre.

Ojalá -dijo entonces- esa designación sirva para que vuelva a las salas argentinas porque cuando la estrenamos lo hicimos rodeada "de ocho tanques" en vacaciones de invierno y no se le prestó ninguna atención.

Aballay, una aventura de temática gauchesca sobre muerte, venganza y redención, mereció el Premio del Bicentenario del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), y fue laureada también en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Además, conquistó ocho de los Premios Sur recién entregados por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, que eligió, sin embargo, a Un cuento chino, de Sebastian Borenzstein, como el mejor de los filmes estrenados en 2011.

La distribución, el talón de Aquiles (Subtítulo)


Con relación a la asignatura pendiente del cine nacional, la directora del Incaa, Liliana Mazure, anunció la puesta en marcha de un plan de créditos blandos para estimular la apertura de más salas en el país y equiparlas con tecnología digital.

Mazure señaló que, mientras Colombia cuenta con mil 500 salas cinematográficas, Brasil con cuatro mil 500 y México con cinco mil, en Argentina hay disponibles apenas 800 y a veces una sola película extranjera ocupa 350.

En ese sentido, adelantó que se estudia el modo de reglamentar la cantidad de salas que proyectan la misma película, para que de este modo la distribución en pantallas sea equitativa y garantice igualdad de oportunidades a las producciones nacionales y a las foráneas.

Argentina fue sede en marzo de este año del Primer Festival Internacional de Cine Político (Ficip), que durante cinco días mantuvo gran convocatoria de público y reunió alrededor de 50 obras en concurso, pero los grandes medios lo ignoraron.

También en octubre pasado, y con récord de 35 filmes en competencia, se celebró el Festival de cine y video científico del Mercosur, Cinecien-2011, que llevó a las pantallas videos didácticos, programas de televisión, cortos y largometrajes de ficción y documentales, y campañas o videos institucionales.

De otro lado, organizaciones de derechos humanos presentaron un catálogo cinematográfico sobre la última dictadura militar, el terrorismo de Estado y la transición democrática en Argentina.

El panorama incluyó 444 materiales de ficción, documentales y cine experimental, de las cuales existen 280 copias que pueden verse en la sede de Memoria Abierta, un espacio de confluencia de cinco de estas agrupaciones.

Sin embargo, no todas los audiovisualeas podrán ser vistos, por falta de copias o pérdidas o, en algunos casos, por encontrarse fuera del país. Repatriarlos implicaría un alto costo financiero.

Muy próximo a a cerrar el año, el joven realizador Pablo Yotich anunció su intención de llevar a la pantalla la historia de amor entre la presidenta Cristina Fernández y su esposo y compañero de luchas, Néstor Kirchner, repentinamente fallecido el 27 de octubre de 2010.

Balada de un pueblo es el título del proyecto, que pretenderá mostrar el lado íntimo y humano de estas dos personalidades políticas. Queremos reflejar la vida de dos jóvenes enamorados, con las mismas convicciones e ideales políticos en una película que no será épica, adelantó Yotich a Prensa Latina en el 33 festival fílmico habanero, donde presentó, fuera de concurso, su largometraje El abismo...todavía estamos.

ag/mpm

*Corresponsal de Prensa Latina en Buenos Aires

Luego de que el Senado declarara de interés público su fabricación, distribución y comercialización

Fuerte respaldo a la nueva ley que democratizó el papel para diarios

 


La norma fue celebrada por los medios gráficos de todo el país, en especial los del interior, que por más de 35 años fueron sometidos al manejo monopólico y discrecional que Clarín y La Nación ejercieron en la empresa Papel Prensa.

 
  La democratización del papel para diarios en la Argentina, hecha ley este jueves por el Senado de la Nación, fue tan celebrada por la enorme mayoría de los medios gráficos de todo el país como rechazada por Clarín y La Nación, las dos empresas que por más de 35 años se beneficiaron con el manejo discrecional del insumo básico producido por Papel Prensa SA.
La norma, sancionada por 41 votos a favor, 26 en contra y una abstención, declara que la fabricación, distribución y comercialización de pasta celulosa para papel de diario será considerada de interés público. Hasta ahora, sucedía exactamente lo contrario: era un asunto controlado por dos privados.

El 71% de lo que se fabrica en la planta de San Pedro era monopolizado por los medios impresos de Héctor Magnetto y de la familia Mitre, quienes también disponían cómo se asignaba el 29% restante, a repartir entre 168 diarios a los que les hacían sentir el rigor de la dependencia: tenían que pagar un precio diferencial, hasta 15% mayor; comprarle a intermediarios que hacían subir los costos aun más o, directamente, recurrir a la importación.

Como respuesta a este estado de cosas, la medida que se tomó por amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso nacional busca establecer un mercado periodístico donde la competencia se dé en condiciones de mayor igualdad. Según los argumentos del proyecto enviado por el Ejecutivo, esta será la base para el fortalecimiento del derecho a la comunicación y una garantía en la circulación de ideas.

La concreción de este paso fundamental, que Tiempo Argentino consideró histórico y que sintetizó en su portada de ayer con la palabra “Igualdad”, para el diario de Magnetto y de Ernestina Herrera de Noble, en cambio, significó otro episodio de “la embestida del gobierno contra la prensa”, con el fin de “poner a la empresa Papel Prensa bajo la supervisión política” de la presidenta Cristina Fernández. La Nación, en sintonía fina con su socio en la pastera, aseguró en su tapa que el kirchnerismo “tendrá el control total del mercado de papel para diarios”, que el resultado de la votación de diputados y senadores integra “la ofensiva contra los medios independientes” y que el país se dirige “hacia un poder hegemónico”.

Muy por el contrario, para los más de 80 medios que conforman Diarios y Periódicos Regionales de la Argentina (Dypra), cuyos dueños y trabajadores experimentaron en primera persona lo que fue para la industria gráfica el control monopólico sobre Papel Prensa, la nueva ley “viene a poner equidad y justicia luego de más de 35 años de manejo discrecional en la provisión de este insumo”, además de abrir la participación del sector en la Comisión Federal Asesora, que asistirá y acercará propuestas a la autoridad de aplicación.

En su comunicado, Dypra también relató que “por años los editores de todo el país que no estaban comprendidos dentro de los cupos establecidos, habían peticionado incansablemente a diferentes gobiernos y a la propia fábrica de papel para que esta les provea este vital insumo”. La respuesta, recordó la entidad, había sido “siempre la misma y perversa: ‘Papel Prensa no puede producir más.’”

Para el senador por el Frente para la Victoria Daniel Filmus, lo aprobado por la Cámara Alta fija reglas de juego que permitan “garantizar que a todos los diarios del país le llegue por igual algo que hasta ahora era un monopolio”. En declaraciones radiales, Filmus –que vivió en carne propia el silencio de la prensa hegemónica cuando fue víctima de una campaña de desprestigio– explicó que “la lectura de la ley no deja lugar a dudas que no se trata de un intento de condicionar a los medios, sino de un intento, como lo fue en su momento la Ley de Medios, de distribuir democráticamente las voces”.

A lo largo y ancho del país, empresas periodísticas de distinta envergadura se mostraron a favor de lo dispuesto en el Congreso. Los que siguen son sólo algunos ejemplos: “Papel de diario: se aprobó el proyecto para su democratización”, destacó en su portada de ayer La Arena, de La Pampa. Desde Córdoba, Comercio y Justicia planteó que “El Estado garantizará el suministro de papel para diarios”, El Diario hizo tapa informando que “El Estado recuperó la producción de papel para diarios” y La Mañana publicó que “Es ley el proyecto que democratiza el papel de diario”. El Mensajero de la Costa anunció que “Los diarios locales celebramos la sanción de la Ley que regula la producción de papel”, y llevó a su contratapa el documento emitido por Dypra. En la provincia de Buenos Aires, el periódico cooperativo La Posta del Noroeste tituló que “El Senado aprobó el papel igualitario”.

Osvaldo Papaleo, hermano de Lidia Papaleo, viuda de David Graiver y una de las personas que sufrió el despojo de Papel Prensa durante la dictadura, sostuvo que se dio “un paso más hacia la democratización del país”. Para Papaleo, “ellos –por Clarín y La Nación– no esperaban esa sanción”. Y con respecto a quienes salieron a rechazar con fuerza la medida, les respondió que “lo irregular es lo que ocurrió hasta hoy”.




 


Entre las manos que se levantaron en contra del proyecto impulsado por el kirchnerismo estuvieron los cuatro senadores del Frente Amplio Progresista (FAP). Para explicar esta oposición que los llevó a votar junto al radicalismo, la Coalición Cívica y el PJ disidente, el líder del FAP, Hermes Binner, argumentó que la ley significa “una presencia del Estado que no es necesaria”. Esto a pesar de que el ex gobernador santafesino sí consideró que “el gobierno tiene que asegurar que haya papel. De producción nacional o de importación con arancel cero.
Es un insumo vital para la libertad de prensa”. Para resolver la disyuntiva, Binner vaticinó que con el nuevo marco regulatorio esto no va a pasar “en absoluto”.

En el mismo sentido se habían expresado las dos organizaciones que abroquelan a los medios escritos más poderosos a nivel regional y local, respectivamente: la influyente Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Asociación de Entidades Periodística Argentinas (ADEPA).

Como en otras oportunidades donde Magnetto y los Mitre vieron amenazado el statu quo que blinda sus intereses, estos dos sellos institucionales salieron al cruce. ADEPA –entidad controlada por Clarín y La Nación y sus firmas subsidiarias–, sentenció que “la ley de papel para diarios es inconstitucional”, además de que “abre incertidumbre real sobre la libertad de expresión”. A esta prédica se sumó la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-IFRA), que demonizó a la norma definiéndola como “el último capítulo de lo que parece ser una campaña permanente de la presidenta Cristina Kirchner contra la prensa independiente en el país”. Para esta organización, “la medida, que impone el control gubernamental sobre la empresa privada, es un paso atrás para la Argentina y hará daño a la reputación internacional del país”. WAN-IFRA, que dice reunir a 18 mil periódicos, 15 mil páginas web y 3000 compañías en más de 120 países, tiene como miembro de su consejo de administración a Jorge Carlos Rendo, director de relaciones exteriores de Clarín y uno de los principales operadores del grupo, quien en los últimos días mantuvo reuniones con legisladores de la oposición.

Por fuera de estas advertencias en clave apocalíptica de ADEPA, la SIP y sus entidades afines, Dypra remarcó que el papel, eso que hasta ahora siempre escaseó para muchos diarios y sobró para muy pocos –dos, más precisamente–, constituye “un insumo esencial que no sólo hace a la libertad de expresión en general, y a la de prensa en particular, sino que es constitutivo de la soberanía nacional”

Dispar visión de la dictadura La historia oficial y la otra

La última mirada
Dirección: Víctor Jorge Ruiz
Con Arturo Bonín, Katja Alemann y Eugenio Roig. 109’
Tocando temáticas de fuerte contenido, La última mirada evoca nuestro derrotero histórico en una dura parábola vinculada al presente. Con aciertos pero también desbordes melodramáticos y expresivos, el film de Víctor Jorge Ruiz ofrece una trama que enlaza diferentes tópicos relacionados con la dictadura cívico-militar. 
Un escritor y periodista español nacido en la Argentina vuelve al país para terminar de escribir una novela sobre sus padres, asesinados en 1976, incluyendo un deseo oculto pero no muy firme de llevar a cabo una drástica venganza. Este periplo, ubicado en un alejado espacio campestre, es aprovechado por Ruiz para focalizar en aspectos visuales y en la intimidad de los personajes, que atravesarán por una incómoda historia de amor y la paradoja que experimenta el protagonista, al descubrir que el hombre al que quiere desenmascarar resulta ser un “colega”. Claro que el libro que escribe el militar transita por la vereda opuesta y se titula Tarea inconclusa, por considerar un “error” la supervivencia de los bebés de desaparecidos. 
Con la distinguida presencia en una escena de Estela Carlotto, esta pieza con toques de thriller presenta algunos desniveles actorales y diálogos y escenas no muy pulidas. Aun así, mantiene un interés constante y se apoya en una notable caracterización de Arturo Bonín, destacándose el trabajo de Victoria Almeida como su atribulada hija apropiada.
 Fuente: http://veintitres.infonews.com/nota-3916-zonaroja-La-historia-oficial-y-la-otra.html

La última mirada
Título original: La última mirada
  1. Duración: 110 minutos
  2. Género: Thriller
  3. Clasificación: -
  4. Estreno: 22.12.2011
  5. Origen: Argentina
  6. Web: http://www.cinemagroup.com.ar/ultima/
Sinopsis: Un escritor y periodista español pero nacido en Argentina, cuyos padres han sido torturados y asesinados durante la última Dictadura Militar, vuelve al país para terminar de escribir una novela sobre sus padres. También tiene la ambigua determinación de vengarse de quién asesinó a sus padres, un ex Comisario que vive cerca del lugar en donde se instala.


A 42 años del envío de un caí misionero en el canopus II

El sueño espacial argentino: Del mono Juan al “Gauchito”

 


Argentina fue el cuarto país en el mundo en lanzar un mono fuera de la atmósfera. Años más tarde, Pablo de León luchó para trabajar con vuelos tripulados por humanos. No fue posible.
  

 Argentina tiene una prolífica historia en materia aeroespacial. El primer episodio ocurrió en 1967, cuando desde la Escuela de Tropas Aerotransportadas de Córdoba fue lanzado el Cohete Yarará, una cápsula que tenía a un ratón llamado Belisario. El curioso tripulante permaneció 30 minutos en el espacio y se convirtió en el primer ser vivo de origen argentino y el cuarto en el mundo en abandonar la atmósfera terrestre y aterrizar sano y salvo.
Pero uno de los hitos más famosos fue el lanzamiento del cohete Canopus II, el 23 de diciembre de 1969, a sólo cinco meses de la llegada del hombre a la Luna. En esa ocasión fue el mono Juan el nuevo tripulante (ver aparte).
El último lanzamiento aconteció el 1 de febrero de 1970 y fue la excepción a la regla. Los técnicos enviaron a una monita hembra, llamada Cleopatra, que llegó a una altura de 20 kilómetros a bordo del cohete Pantera X-1, pero murió al estrellarse en tierra, luego de que fallara el paracaídas. Por las vicisitudes económicas del país, en 1971, el Instituto Civil de Tecnología Espacial dejó de funcionar.
Tuvieron que pasar 20 años para que la CONAE comenzara con el Programa Espacial Argentino, al enviar al espacio a los famosos satélites SAC. Sin embargo, la crisis económica de 2001 frenó la iniciativa para mejorar la tecnología aeroespacial, hasta que obtuvo un nuevo impulso con la creación de Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en 2007.

UN SUEÑO TRUNCADO. Así se podría sintetizar la idea de Pablo de León, el científico argentino que hoy desarrolla su carrera profesional en el Laboratorio de Trajes Espaciales de la NASA. En 1997, a De León se le ocurrió que Argentina no podía quedar afuera de los proyectos espaciales internacionales. De esta manera, nace el “Gauchito”, más precisamente el VESA (Vehículo Espacial Suborbital Argentino), un proyecto ambicioso que  parecía  irrealizable. El Gauchito estaba propulsado por 4 motores y en la parte superior poseía una cápsula cónica para tres tripulantes. Al llegar a una altura de 108 kilómetros, la nave emprendió su regreso y, a tres kilómetros de la superficie terrestre, se separó del habitáculo de los tripulantes para descender mediante un sistema de paracaídas. El Gauchito iba a ser la primera experiencia para Argentina en el campo de los vuelos espaciales tripulados por humanos. A 14 años de su gestación, la nave espacial argentina sigue siendo un sueño. “El tema es complicado y tiene trasfondos políticos. Si bien me encantaría volver a retomar el proyecto y poder enviar al espacio a un ciudadano latinoamericano con medios propios, es algo que hoy por hoy, pertenece más a la añoranza que a la realidad”, reconoce el investigador argentino que trabaja en la NASA.

Juan, El primer astronauta Argentino

El 23 de diciembre de 1969, Argentina se convirtió en el cuarto país en enviar un mono al espacio. En este documental, Luis Cueto, un ingeniero de la Fuerza Aérea que participó en la experiencia, recuerda los preparativos, el lanzamiento y el rescate de Juan, el mono caí misionero que marcó un hito en la historia aeroespacial de Argentina.
Guón, realización y edición: Diego Julio Ludueña
Producción: Eliana Piemonte, Josefina Cordera y Diego Ludueña
Animaciones: Andrés Fernández
Equipo de trabajo: Damián Frossasco, Sebastián Cáceres, Lalo Clariá y José Gutiérrez
Prosecretaría de Comunicación Institucional
Universidad Nacional de Córdoba

 

 

 

 

 

 

 

 

MARCELO GOYENECHE, DIRECTOR DE UN DOCUMENTAL SOBRE LOS CONSCRIPTOS QUE SIRVIERON A LAS ORDENES DE BUSSI

“Un alegato contra la militarización de las sociedades”


Algunos conscriptos denuncian cómo torturaba Bussi y las lecciones que les daba sobre tortura. Otros están orgullosos del papel que jugaron en el Operativo Independencia. El “estancamiento” era común como castigo.

 Por Leonardo Castillo
 http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-184166-2011-12-26.html

 
–¿SMO (Servicio Militar Obligatorio) El Batallón olvidado es una historia que surgió cuando trabajaba para contar otra cosa?

–Sí, mi primera intención era hacer un documental sobre el Operativo Independencia en Tucumán, que comenzó en 1975 con el pretexto de aniquilar a las formaciones guerrilleras del ERP que operaban en el monte, pero que en realidad fue un amplio dispositivo de represión sobre la población civil y las organizaciones de trabajadores azucareros que desde hacía una década venían movilizándose contra el cierre de los ingenios. El 35 por ciento de las desapariciones que tuvieron lugar en la provincia se produjeron entre enero de 1975 y marzo de 1976. Además, funcionó allí el primer centro clandestino de represión, La Escuelita, en Famaillá. 
Al iniciar la investigación preliminar, al recabar las primeras informaciones sobre aquellos años en la provincia y las consecuencias del Operativo que comenzó bajo las órdenes de Acdel Vila y que luego siguió Domingo Bussi, me encontré con que en Orán, Salta, existía una asociación de ex conscriptos que había tomado parte del accionar del Ejército contra la guerrilla. Noté que había una historia silenciada, que merecía ser indagada y contada, por eso el nombre del documental, El Batallón Olvidado. Se trataba de jóvenes de 18 años, que siete años antes de la Guerra de Malvinas fueron expuestos a situaciones traumáticas que los marcaron para siempre.

–Lo que muestra la película es que muchos de esos ex soldados reivindican el papel que cumplieron durante la colimba en Tucumán.
–Sí, es así. Muchos reproducen aún ese discurso de la oficialidad, que rezaba que el Operativo Independencia era un acto de servicio para “salvar a la patria de la agresión marxista”. Encontrarse con esa versión de la historia de aquellos años implicó un desafío para mí, pues significaba una visión contraria a la que tengo como documentalista, una confrontación con mi propia mirada. Entonces, el reto que me impuse pasó por entender por qué subsiste esa mirada en varios de los ex conscriptos.

–¿Y por qué cree que todavía muchos de esos ex soldados avalan la tarea que el Ejército llevó a cabo en Tucumán durante el Operativo Independencia?
–Muchos de esos jóvenes provenían de poblaciones rurales de Salta, Jujuy y las provincias cuyanas, y el Servicio Militar Obligatorio constituía para ellos una experiencia de socialización muy fuerte.
Está claro que el propósito del Ejército era llevar a Tucumán jóvenes de otros lugares para que no tuvieran que enfrentarse con vecinos, con gente que tal vez conocieran. Incluso así, para muchos de ellos, la colimba era la primera oportunidad que tenían de ver el mundo, de encontrase con otra realidad, y lo hicieron desde una perspectiva castrense, verticalista, que aún pervive en muchos de ellos.
Hay que entender que muchos de esos pibes, la primera vez que se subieron a un micro fue para ir al cuartel donde se alistaron. Ese viaje constituyó el primero que muchos de ellos hicieron en sus vidas y es una experiencia que deja huellas muy profundas en la conciencia. Ahí me vi obligado a tomar distancia de mi ideología, de algunos de mis preconceptos para tratar de entender por qué perdura entre esos ex soldados una mirada tan autoritaria.

–Pero también está la mirada de muchos ex soldados que hicieron la colimba en aquel Tucumán, que padecieron maltratos y fueron testigos de abusos y torturas.
–Sí, eso es parte del relato y era algo que también buscábamos reflejar. Así como me encontré con gente que decía “estar orgullosa” de haber tomado parte del Operativo Independencia, otros tenían mucha necesidad de hablar, de sacar a relucir hechos que durante años estuvieron muy reprimidos y noté que todavía persiste mucho miedo, dolor, angustia, pese a que habían pasado más de 35 años.
Durante mucho tiempo, en el imaginario colectivo se instaló la idea de que los estacamientos eran un castigo que se aplicó a algunos soldados durante la Guerra de Malvinas, pero en el documental mostramos que esta era una práctica muy difundida en el Ejército y muchos soldados la sufrieron en Tucumán, bajo un sol abrasador.
Uno de los testimonios que recabé y que más me reconfortó fue el de Domingo Jerez, a quien entrevisté en 2009 y pusimos en contacto con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y volvió a declarar en 2010, esta vez ante un tribunal, en el juicio que se le siguió al genocida Antonio Domingo Bussi (gobernador militar de Tucumán entre 1976-1977) por los crímenes cometidos en la Jefatura de Policía de Tucumán.
En ese juicio, Jerez brindó información muy importante, contó cómo Bussi molía a garrotazos a los detenidos y las lecciones de tortura que les daba a los soldados. La información que aportó fue de mucha importancia.
Espero que ahora la película se difunda, se vea y se comente en muchos espacios y pueda movilizar a que otros ex soldados puedan aportar más testimonios en otras causas, como por ejemplo la de Campo de Mayo.
La Secretaría de Derechos Humanos está convocando a quienes hicieron la colimba entre 1975 y 1983 para que puedan aportar datos. Si esta película contribuye con eso, me voy a sentir muy conforme.

–¿Contribuir con la Justicia es el objetivo principal de este documental?
–El objetivo era dar testimonio contra el Servicio Militar Obligatorio, denunciarlo como una forma de maltrato y sometimiento. En Argentina operó como una forma de disciplinar a la población civil, y en el caso de muchos de estos ex soldados todavía se percibe como algo positivo, un complemento de la educación inicial y secundaria. Una visión que el documental procura rechazar de plano.

–¿Actualmente, es en el Norte del país donde más arraigada se encuentra esta valoración positiva del Servicio Militar, como lo deja entrever la película?
–No sólo en el Norte, en Buenos Aires y en otras grandes ciudades se reproduce esa idea de la colimba como un corrector social, un freno ante las drogas y la inseguridad.
Una noción que incluso difunden personalidades vinculadas al mundo del espectáculo y la política. Encerrar a un pibe en un cuartel durante un año no nos otorga una persona mejor. Es lo que genera, por ejemplo, experimentos como el de las policías infantiles, que se llevan a cabo en Salta, Misiones, Chubut y Mendoza.
Es un sistema por el cual se somete a pibes de entre 6 y 15 años a prácticas diarias de instrucción militar, lo que significa una constante violación de sus derechos. ¿Para qué se prepara a esos chicos? ¿Para que sean policías? ¿Pero al servicio de quién y con qué propósito? Son los interrogantes que intentan plantearse en la película si proponemos una mirada hacia el futuro y el presente.

–¿Se podría decir que ése es el concepto que se busca transmitir?
–Digamos que se trata de un alegato contra la militarización de las sociedades y lo perjudicial que esta idea representa para los intereses de los sectores populares.
Por ejemplo, la gente hoy tiene en claro que la colimba no existe más, pero son pocos los jóvenes que saben que se terminó porque hace más de 15 años un soldado, Omar Carrasco, tuvo que morir a golpes en un cuartel a manos de dos compañeros que seguían órdenes de un superior. Y lo que es llamativo es que, cuando se cancela el Servicio Militar, comienzan a crearse las policías infantiles en varias provincias.
¿Cuántas generaciones de jóvenes pasaron por este sistema de formación y qué terminan haciendo después? Cuándo el Servicio militar se instituyó, en 1901, se lo presentó como “un instrumento de moralización pública”. Pero a lo largo del siglo XX quedó demostrado que ese ejército, que pretendía encauzar y formar ciudadanía terminó, siendo una amenaza real para las instituciones del país y los trabajadores.

–Mencionó el caso Carrasco, sin embargo fueron muchísimas las denuncias de abusos y muertes que se verificaron a lo largo de la historia del Servicio Militar.
–Es cierto, la colimba siempre estuvo vinculada con el abuso y la tortura.

En la década del ’10, se conoció una práctica denominada como el submarino, que consistía en atar de pies y manos a los conscriptos, obligarlos a sumergirse en el río y bucear por debajo de un barco. Fue una práctica que provocó la muerte de 30 soldados en Corrientes. Es más, durante la pasada dictadura se produjo la desaparición de más de 200 soldados de los cuarteles. Eso sin mencionar los bailes y metodologías siniestras, como aplaudir cardos o tormentos que provocaban principios de deshidratación. Los ex soldados con los que hablé me contaron que a veces, como castigo, algunos eran atados en el interior de las carpas debajo del sol, con un tarro de agua en el pecho porque con el calor, la persona siente la sensación de que se ahoga dentro de un horno.

–Esos abusos tuvieron consecuencias psíquicas y físicas que aún hoy los ex soldados siguen padeciendo.
–Sí, las secuelas de esos abusos siguen durante muchos años. Esto es algo que se toca en la película.
Hay casos de alcoholismo, problemas psicológicos y físicos que todavía hoy afectan a quienes tuvieron que hacer la conscripción en el monte tucumano.
Entre 1975 y 1983, los años más álgidos de la represión estatal en Argentina, más de 400.000 jóvenes pasaron por los cuarteles, contando además los que debieron ser movilizados al Atlántico Sur como consecuencia del conflicto con Gran Bretaña. Eso solo nos da la pauta de que, entre nosotros, tenemos toda una generación que padeció abusos sistemáticos en las unidades militares.






–¿Con qué propósito utilizó en El Batallón Olvidado el recurso de la animación?
–Como una forma de recrear, de generar proximidad y dramatismo. El documental permite trabajar con mucha libertad, da la posibilidad de combinar distintos elementos y soportes. Reconozco que me inspiré un poco en Waltz with Bashir, un film israelí animado que cuenta las peripecias de un grupo de soldados durante la Guerra del Líbano, en 1982. Me gustó mucho esa película y pensé en un momento en hacer todo en animación pero era muy costoso, por eso me limité a unas escenas.

–¿Y el material fílmico dónde lo consiguió?
–Una fuente de buenos recursos fílmicos fue el archivo visual que tiene la Universidad Nacional de Córdoba, donde me proveí de mucho material como filmaciones periodísticas, cinematográficas y noticieros de la época.

–Además de documentalista, también es delegado sindical en Aerolíneas Argentinas.
–Lo que me interesa es retratar las luchas, las historias de resistencia y victimización que vivieron los sectores populares en Argentina.
Las epopeyas olvidadas, los relatos silenciados. Son composiciones que apuntan a generar conciencia, a fomentar un aprendizaje colectivo que nos permita sacar lo mejor y lo peor de cada experiencia para que ciertos hechos no se repitan. Soy hijo de laburantes, y mi compromiso es con esa clase. Busco retratar a los trabajadores desde sus memorias. Narrar es para mí una manera de intervenir sobre el presente, y el futuro. Si uno es fiel a esos principios, contar se convierte en una acción política. Eso es lo que intento.

–¿Es lo que buscó en sus anteriores trabajos documentales, El día que bombardearon Buenos Aires (2004) y Carne Viva (2007)?
–Ambas son realizaciones que cuentan hechos silenciados por la historia oficial, que hablaban de la resistencia a un modelo económico.
En El día que bombardearon... busqué contar el bombardeo a Plaza de Mayo de junio de 1955 contra el gobierno de Juan Domingo Perón como un ataque a la clase trabajadora. Un atentado terrorista provocado por un cuerpo estatal como la Marina que le costó más de 400 vidas. Se trataba de dar una lección a las masas que apoyaban ese proceso de transformación que llevaba a cabo el peronismo. Ese es el inicio de un largo período de resistencia, de lucha de mucho heroísmo, que tras muchas marchas y contramarchas desemboca en el 2001.





En Carne Viva intenté reflejar la gran gesta que significó la huelga de los trabajadores del frigorífico Lisandro de la Torre, en Mataderos, en 1960. Fue una medida de fuerza comandada por el dirigente Sebastián Borro, que contó con la participación de 9000 obreros de la carne. Y ahí también logré relacionar esa gesta con el presente, con los trabajadores que tras la crisis de 2001 salieron a recuperar fábricas; en esta película tomé el caso del frigorífico Yaguané, en La Matanza. Uno de sus trabajadores era Angel Vivaldelli, que había estado en la huelga del ‘60 y a los 81 años asesoraba a la cooperativa en la sección cortes.






–¿Y cuál es el correlato con el presente que se puede hacer desde El Batallón Olvidado?
Relacionar lo que se cuenta con el discurso de mano dura que se reproduce desde algunos medios de comunicación y sectores políticos de derecha.
Aun hoy, desde cierta mirada reaccionaria, el Servicio Militar es una manera de combatir la inseguridad y la delincuencia. Entonces, trato de probar que, en realidad, el Servicio Militar nunca fue eficaz a la hora de generar ciudadanía, sino más bien todo lo contrario. Por eso, a diferencia de las dos anteriores, ésta no es una historia en la que se narren grandes gestas de resistencia y heroísmo, más bien es un relato sobre víctimas que, en muchos casos, se identificaron con sus victimarios.

–En esta línea de marcar una continuidad histórica con cada realización, ¿cuál es su próximo proyecto?
–Me gustaría contar la historia del sindicalismo argentino, y en particular las luchas que se desarrollaron durante el menemismo y el modelo neoliberal. Me parece que en este aspecto hay mucha tela por cortar. El proyecto es arrancar con las primeras organizaciones anarquistas y socialistas para llegar al sindicalismo actual, tan contaminado, de las prácticas empresariales.

–En términos económicos, ¿producir estos documentales implica ir siempre a pérdida?
–La verdad que sí. Para esta producción conté con respaldo del Incaa y la CTA, a la cual pertenezco. Es muy difícil filmar documentales si uno no cuenta con un buen respaldo. Prácticamente no existe el circuito comercial. Pero bueno, uno no puede pretender hacer un negocio redondo cuando cuenta historias como éstas. La apuesta pasa por otro lado. El propósito es movilizar, concientizar. Me conformo con que dentro de unos meses, la película sea difundida por el canal Encuentro y se difunda en escuelas. La idea es que cuando a las generaciones jóvenes les hablen sobre el Servicio Militar, vean este trabajo y asuman que se trata de un capítulo cerrado en la historia argentina y que no debe volver a repetirse.



Ficha

Marcelo Goyeneche
Marcelo Goyeneche
3 Noviembre 2011
Documental
Argentina
92 minutos

Sinópsis

Tucumán 1975, un hito de la Historia Argentina y el que sería uno de los hechos más trágicos se cruzan: el SMO, Servicio Militar Obligatorio y el “Operativo Independencia”. A través del relato de aquellos jóvenes que hicieron la “Colimba” vamos conociendo sus experiencias desde el día del sorteo hasta los por menores de la vida en el cuartel y el traslado al Monte. SMO, “El batallón olvidado” intenta rescatar de ese olvido impuesto por la historia oficial a aquellos jóvenes “colimbas” que vivieron esos años sangrientos de nuestra historia desde una trinchera en la cual los puso el destino de forma azarosa a través de un sorteo sin la libre elección de sus actos. El documental también nos interpela en la búsqueda de respuestas a la construcción de un genocidio avalado por gran parte de los ciudadanos y llega hasta el día de hoy para sorprendernos con hechos que parecían estaban acabados en nuestro país.