En noviembre comenzará a filmarse “Cruzadas”, de Diego Rafecas, una comedia en la que el actor será el padre de ellas dos... con personajes bien disímiles: Aleandro será una simpática bailantera y Moria hará de refinada ejecutiva. Y a Pinti lo envejecerán.
Norma Aleandro y Moria Casán se juntarán en una comedia cinematográfica para armar el trío menos pensado: con Enrique Pinti como padre de ambas. Se trata Cruzadas, el nuevo filme de Diego Rafecas. “La película tendrá muchos toques de melodrama y culebrón, con ellas dos como personajes muy graciosos: Aleandro será una especie de reina bailantera y Casán, la ejecutiva fina”, adelantó a Clarín Pinti, quien se sumará al rodaje en diciembre (el filme comienza a rodarse en noviembre).
“Voy a ser un padre que ha tenido una juventud muy traviesa y por eso ha tenido una hija con su esposa y otra con la mucama. Lo novedoso va a ser una cámara especial que traerán de afuera, que me hará envejecer para parecer un viejito de 90 años, así como lo hicieron con Brad Pitt en El curioso caso de Benjamin Button”, explicó el actor de Antes de que me olvide, en el Teatro Maipo. Junto a Rodrigo De la Serna, Luis Luque, Tomás y Dolores Fonzi, entre otros actores, Aleandro volverá a las órdenes del director de Un buda, que la dirigió en Paco, filme en el que participó Sofía Gala, la hija de Moria.
Para Pinti será un regreso al cine tras siete años de ausencia: la última vez fue en Al fin, el mar, de Jorge Dyszel. Antes de que comience la acción, Pinti decidió tomarse unas vacaciones cuando culmine su temporada de teatro, el 8 de octubre.
“La película promete. Por el guión y por estas dos mujeres tan distintas que van a armar una dupla que no se vio antes”, advirtió el actor. Para Moria, ésta representará la gran vuelta al cine después de unos 15 años (Funes, un gran amor, de Raúl De la Torre). La película se estrenaría a mediados de 2011.
El director mexicano Carlos Reygadas, autor de Japón y Batalla en el cielo, ha elegido para su última película, Luz silenciosa, a la comunidad menonita de Chihuaha. A contramano de los prejuicios, el conflicto no es el dilema religioso, la represión, el pecado, mucho menos el escándalo: al contrario, gracias a la visión religiosa del mundo de este pueblo artificialmente aislado del presente, el problema sentimental aparece de una manera adulta. Y, además, el cineasta se da el gusto de dar rienda suelta a su virtuosismo en una película que muchos consideran su obra maestra.
Por Hugo Salas
Un hombre mayor, casado y con hijos, está enamorado de una mujer que no es su esposa. La anécdota que cuenta Luz silenciosa, tercer largometraje de Carlos Reygadas (luego de Japón y Batalla en el cielo), sería trivial, anodina incluso, si no fuera porque ese hombre, su familia y su amante pertenecen a la comunidad menonita de Chihuahua, al norte de México; sus hijos superan holgadamente la media docena y entre marido y mujer reina una sinceridad absoluta, que no deja lugar al ocultamiento. Contrariamente a lo que el prejuicio nos dispondría a esperar, el conflicto no es el dilema religioso, la represión, el pecado, mucho menos el escándalo o la represión en el seno de una sociedad confesional (al estilo, por ejemplo, de La cinta blanca).
Aquí, en esta comunidad que se sabe artificialmente fuera del presente, un presente del que se separa aun por medio de la lengua (con su uso del plautdietsch, dialecto arcaico de raíces germanas y flamencas que confiere a la película un inusual aire de extrañamiento), pero con el que mantiene relaciones de simpatía antes que de condena, el verdadero conflicto es que la honestidad instaurada por esa visión religiosa del mundo permite la aparición del problema sentimental de una manera adulta, lejana del despreocupado individualismo moderno que tiende a minimizarla. Este hombre que aún quiere y estima a su mujer, que la ama, ha descubierto a su pesar que ama con una intensidad mayor a su amante, pero en ese espacio de sentido donde el individuo no lo es todo, no puede dejar de ignorar las dolorosas consecuencias que esto trae aparejado para su esposa. Su culpa no es resultado de infringir una ley divina (de hecho, cree que la situación en la que se encuentra, al igual que todo lo demás, proviene de la voluntad de Dios), sino del dolor que provoca en su entorno. De igual manera, su amante no puede dejar de sentir tristeza, antes que culpa, por la mujer a la que desplaza, y la esposa misma lamenta, luego de un comprensible estallido, lo duro de la situación para los tres, aunque ninguno de ellos pueda evaluar la posibilidad de escapar de la monogamia como alternativa. Quizás en este punto radique uno de los mayores atractivos de Luz silenciosa, en su capacidad de emplear el contexto religioso no para construir un discurso sobre la moral como código impuesto desde el exterior, sino para rediscutir la no reciprocidad del amor en un ámbito donde los sentimientos y emociones del otro importan tanto como los propios.
UNA MIRADA PRECIOSISTA
También es cierto, como han señalado varios detractores, que en ocasiones Reygadas parece mucho más interesado en construir una obra maestra que en aquello que cuenta. La ambición resulta evidente en la innecesaria solemnidad de algunas secuencias, el preciosismo exhibicionista de muchas decisiones de sonido y sobre todo en el manejo del tiempo, que tantas veces es acertado y revelador, como otras artificialmente extendido o demorado. Se pueden sumar a éstas varias quejas también aplicables al resto de la producción cinematográfica de festivales: la insistencia en el supuesto hiperrealismo de la interpretación de actores no profesionales, un guión de una linealidad de plomo supuestamente antidramática y antipsicológica, el sostenimiento del prejuicio que vincula naturaleza y verdad. Reygadas compensa estos lugares comunes por medio de su inscripción en una especie rara en estos días, en los que priman las imágenes espontáneas, libres, de apariencia documental y falsamente despreocupada: él se construye como un cineasta de encuadre a la vieja usanza. Aquí cada plano está meticulosamente diseñado, cada elemento dispuesto con afán pictórico, cada actor “colocado” en posición, aun a nivel gestual. De allí, por ejemplo, el lento amanecer con que comienza Luz silenciosa y que los partidarios del realismo esencialista critican por simular un “tiempo real” cuando evidentemente el proceso está acelerado. Ocurre que a Reygadas no parece importarle lo real en sí sino un verismo de impresión.
EL MUNDO DESLUMBRANTE
El amanecer, de mostrarse efectivamente en tiempo real, no transmitiría dentro de la sala de cine la sensación de deslumbramiento que produce en el mundo, y eso es lo que quiere Reygadas, en el marco de una parejamente deslumbrante construcción plástica. Esta toma de partido le cuesta la aparición de momentos de preciosismo aislados e incluso metáforas pobres para el ambicioso contexto en que se las ha planteado (como el momento en que la esposa tapa literalmente el sol con la mano), pero también le permite alcanzar momentos de un gran lirismo. Sobre el final, el cambio imperceptible a un registro fantástico signado por el espiritualismo, pone a su película en contacto con Dreyer (con quien muchos lo han vinculado), pero sobre todo con el Bergman de Gritos y susurros, aunque desde una visión mucho menos desencantada del mundo y los hombres. Al igual que en el maestro sueco, en Reygadas la espiritualidad no es cuestión vital para él, sino parte de las condiciones que permiten a sus personajes comprender el mundo. Por ende, forma parte de sus más singulares sensaciones, esas que Luz silenciosa procura y en sus mejores momentos logra transmitir.
PELICULAS ARGENTINAS CON TEMATICA GAY EN CARTELERA
¿El inicio de un cambio global o un amor de verano?
Plan B, que ya se ve en el Malba, y Otro entre otros, que el jueves se estrenará en el Gaumont, reflejan historias a las que el cine argentino no acostumbraba prestar atención. “Ahora el público está más abierto”, reconocen directores y críticos.
Por Ezequiel Boetti
www.pagina12.com.ar
El tiempo no lo puede todo. Los tres siglos que atravesó el cine no lograron quitarle su extraordinaria capacidad de manifestar los distintos estadios emocionales de la sociedad que lo concibe. Resulta inevitable que, aun en aquellos exponentes donde prima la valoración mercantilista antes que la artística, los miedos, alegrías, tristezas, paranoias y costumbres se cuelen en cada fotograma: toda película es, ante todo, un retrato cargado de temporalidad. En esa acepción del arte como legado sociológico difícilmente resulte casual el estreno de dos films con temática homosexual en la coyuntura actual. La ley de matrimonio igualitario da espacio a un cine otrora marginado del sistema y que ahora está allí, en la cartelera comercial, al alcance de cualquier espectador. Avidez por un material que difícilmente trascendía la experiencia personal del rodaje o el trabajo facultativo, modelo de familia en crisis y una nueva visión del rol del homosexual marcan apenas el comienzo. “Es el inicio de un cambio global importantísimo”, coinciden las voces del ambiente. La tendencia comenzó en octubre pasado con Vil romance, donde José Campusano retrató con vísceras y corazón la relación homosexual entre Roberto y el cincuentón Raúl, en el conurbano bonaerense.
Le siguió Adopción, el falso documental de David Lipszyc que ficcionaba el largo periplo de una pareja gay para adoptar a un hijo.
Ahora llega el turno de Plan B y Otro entre otros, donde lo gay adquiere una nueva dimensión.
Estrenada el mes pasado en el Malba, donde se exhibe los sábados a las 20 y los domingos a las 18.30, Plan B narra el intento de un joven por reconquistar a su ex novia, quien soslaya su soledad en los torneados brazos de un fotógrafo (Lucas Ferraro). “Cuando la dejaste, me llamó como seis meses. Si le decís, seguro va a volver”, lo alienta su mejor amigo. Pero el amor no sabe de lógica y Bruno vuelve con alma y orgullo heridos. Le aseguran entonces que su competidor tiene la “mente abierta” y tuvo relaciones homosexuales por el puro fin de la experimentación. Así surge el plan B de Bruno (Manuel Vignau) y título de la ópera prima de Marco Berger: enamorarlo para que él la deje a ella y así allanarse el camino para la recomposición amorosa. Pero la idea se sale de los carriles y la amistad artificial se torna un enamoramiento. “Quería darle otra visión a una historia de amor donde se plantea que al final de todo no es tan grave ni tan terrible. La película apunta a un público popular con desconocimiento del tema y a que el espectador haga el proceso mental de los personajes”, explica el director a Página/12. Más allá de la temática y la carga homoerótica latente en el metraje, Plan B se vale de los resortes clásicos de la screwball comedy adosándole una reversión genérica: si en aquéllas la trama gira en derredor de “chica conoce chico”, aquí es “chico conoce chico”. “Hago las películas que no encuentro o creo que no hay. No lo hice como catarsis personal sino desde la catarsis cinéfila: querer ver lo que nadie hace. Veo todas comedias de varón-chica; bueno, ésta no, varón-varón”, explica el también guionista, para quien su film busca naturalizar la situación y “que el público entienda que nadie se convierte por ver una película así”.
A diferencia del clasicismo ficcional de Berger, Maximiliano Pelosi utiliza el documental para inmortalizar su militancia LGBT en Otro entre otros, que se estrena el próximo jueves en el cine Gaumont. La idea surgió cuando él, católico, conoció a su actual pareja proveniente de una familia judía ortodoxa. “Me crucé a la madre en un local y nos pusimos a hablar. Ella no sabía nada de él, y eso me pareció injusto no para mí sino para ella. Sentí que se estaba perdiendo la vida de su hijo, no sabía lo que pasaba delante de sus narices, no se daba cuenta”, confiesa el director a este diario. El film articula el relato de cuatro homosexuales pertenecientes a la comunidad Judíos Argentinos Gays (JAG). “Hay una doble mirada. La película plantea una otredad dentro de otra otredad, una minoría dentro de otra minoría. La película no sólo apunta a judíos, porque todas las religiones tienen en común las estructuras míticas donde se fundan”, explica.
Ambas son películas comprometidas en una cartelera usualmente pacata, pero los directores no creen que el actual panorama favorable para la comunidad gay incida en la viabilidad de proyectos de estas características. “Plan B hubiera sido imposible años atrás, no por su temática sino por las condiciones por fuera del sistema con que la hice. Quizás un tiempo antes sí hubiera sido difícil, pero ahora el público está más abierto”, arriesga Berger. Pelosi tiene más experiencia en el ambiente. Formó parte de la compañía Wap, que en 2001 produjo Lesbianas de Buenos Aires, de Santiago García, y Un año sin amor, que narraba la historia de un escritor gay con tendencias sadomasoquistas. “Me doy cuenta de que hay un proceso de cambio y que estos productos se reciben de diferente manera. No sé si hubiera sido imposible en la década del ’90, pero sí distinto”, arriesga.
Este par de films son los últimos exponentes que pugnan por un cambio de paradigma. “Son personajes con conflictos porque son humanos, no unidimensionales. Muestra lo negativo y positivo del ser, de la identidad. Tanto la idea de bisexualidad como la relación entre la sexualidad y religión se ponen en circulación en un marco determinado: la barrial en Plan B y la judía en Otro entre otros”, analiza Diego Trerotola, redactor del suplemento Soy de este diario y programador del Bafici. Es una figura distinta, extraña para una cinematografía local siempre tan cómoda en la caricaturización de las minorías. “Es la forma que tiene la sociedad de sobrellevar a ese otro, enmarcándolo en ciertas características para que le sea fácil soportarlo y sobrellevarlo. Y mostrar que ese otro no es así tiene que ver con la sociedad en general, con el acostumbramiento a ver cosas diversas y el aggiornamiento social”, arriesga Pelosi. Por eso resalta Plan B, porque se permite un desenlace poco común para dos personajes de una comunidad maltratada y estereotipada no sólo en las calles sino en el cine: un final feliz. Treinta años atrás era una entelequia. “El homosexual siempre tuvo un rol lateral y tenía una función servil dentro de la narración, sin jerarquía narrativa. No solamente eran personajes secundarios sino también degradados”, afirma Trerotola.
Treinta años de cambio
La liberación artística que trajo el retorno democrático en 1983 no excedió la faceta política: la sociedad, aletargada por la fajina, necesitaba ver plasmado el horror en pantalla, experimentar una catarsis colectiva en el cine. La representación abierta de las orientaciones sexuales alternativas debió esperar recién hasta abril de 1985, cuando se estrenó Adiós, Roberto. El film de Enrique Dawi, protagonizado por Carlos Calvo, Víctor Laplace y Héctor Alterio, narraba la historia de un hombre que, luego de divorciarse de su esposa, empezaba a compartir la casa con su primo, homosexual declarado.
Un año después llegó una película histórica por una supuesta apertura, que vista hoy resulta puro humo. Otra historia de amor, de Américo Ortiz de Zárate, contaba el devenir del romance entre Raúl (Arturo Bonín) y Jorge (Mario Pasik), y aun hoy se la recuerda por la escena de la bañera donde ambos sellan el amor con un beso que, sin embargo, no se muestra: apenas se sugiere. “Está filmado detrás de una botella no sólo por pudor sino por el miedo a la aceptación o no del público. No se podía ver a esos dos personajes supuestamente masculinos con la dimensión que podía tener un gay. Era la política de la no-diferencia: el gay sin rasgo ni cultura propios. No hacían nada que les diera una dimensión social: eran oficinistas, personajes desdibujados”, recapitula el periodista, quien ensaya una justificación amparándose en la autocensura de la época y en un error fundamental de apreciación: “El cine debía representar a las mayorías para que se identifiquen. A los gays les borraban cualquier cosa que pudiera molestar y terminaban como personajes decorativos. Otra historia de amor no tiene dimensión, es un proyecto sin vida que se queda sólo en el gesto”.
Hubo que esperar hasta el nacimiento del Nuevo Cine Argentino para que el homosexual adquiriera un espesor dramático y narrativo hasta entonces inaudito. La piedra fundamental la colocó Adrián Caetano con el personaje gay de Héctor Anglada en Bolivia, un buscavidas que flirteaba con Freddy, el protagonista. Desde ese momento el gay ya no fue una realidad aislada sino que adquirió una dimensión social antes que sexual.
Le siguió el corto de Albertina Carri, Barbie también puede eStar triste, un corrosivo melodrama de animación que narraba el triángulo amoroso entre la blonda, un Ken sadomasoquista y la mucama latina. “Hay una idea de la diversidad sexual nueva: la travesti, la lesbiana, el heterosexual conviven de manera orgánica. Esas películas que tienen que ver con los nuevos realizadores ponían al gay en un lugar totalmente distinto”, asegura Trerotola. El público, tímido, respondió y aceptó la diversidad en la pantalla. Fuera del circuito comercial, los directores empezaban a militar desde su oficio al tiempo que la ausencia de espacio para exhibirlo arrastraba las películas hacia el olvido. La temática LGBT pedía a gritos un espacio propio.
Fue Gabriela Waisman quien en 2004 puso manos a la obra y creó el Festival Internacional de Cine Gay, Lésbico y Trans de Argentina: el Diversa. “La primera intención era que ese material llegue y circule para generar espacio y que se produzca más material acá. Fue la primera actividad puramente cultural masiva que tuvo una participación distinta, más de invitación que de confrontación”, recuerda. Mal no le fue: pasó de las seis películas nacionales que agrupó en la primera edición a las quince de 2010, cuando se premió a Plan B. Fueron seis años nada fáciles donde no faltó el apoyo moral, ni la palmada en la espalda, pero sí el dinero. “Todos trabajamos ad honorem y es muy difícil sostener un equipo estable porque es una temática muy específica que demanda mucho tiempo. El festival no se hace no porque le haya ido mal sino porque es muy dificultoso”, explica la directora.
El Diversa allanó el camino para que varios festivales latinoamericanos recogieran el guante y agruparan cortos y largos con esta temática.
La ciudad chilena de Valparaíso será sede del primer Festival Internacional de Cine de Diversidad, en enero de 2011. Una de las secciones estará dedicada al cine nacional y será programada por el periodista Juan Pablo Russo. “Hay una tendencia que habla sobre la homosexualidad masculina y muy poco de la femenina, sobre todo en los largos. En los cortos no hay una sexualidad explícita sino que se trabaja una faceta más ambigua”, señala el editor del portal escribiendocine.com. Más próxima en tiempo y espacio está la cuarta edición del Festival Internacional de Cine sobre Diversidad Sexual y de Género del Uruguay Llamale H, a comienzos de septiembre.
La ley y el cine
La declaración de la ley de matrimonio igualitario se vislumbra como punto de quiebre para el cine de temática gay, pero también genera la incertidumbre propia de lo novedoso y desconocido: hacia dónde irá el modelo cinematográfico de familia, qué rol ocuparán los homosexuales ya no en los films temáticos sino en el industrial y de aspiraciones más comerciales, son algunas preguntas que encontrarán respuesta en los próximos meses. “No sé si seguiré haciendo películas de este estilo, pero sí que me gusta experimentar distintos géneros. Siempre busco que la presencia de lo gay esté justificada”, señala el director de Plan B. La inclusión de relaciones homosexuales en historias que hace décadas se rigen por la vinculación amorosa entre un hombre y una mujer dependerá también de la existencia de un mercado con capacidad de sostenerlo. “El cuento chica-chico es el que se cuenta siempre, es el común, y no creo que se pierda, aunque ciertas películas sí pueden abordar cosas más genéricas y no tan particulares”, arriesga Pelosi. Por lo pronto, el aumento se corporiza en un interés por las filmografías y temáticas de diversidad sexual. “Creo que van a aparecer más películas porque otros directores van a querer mostrar su historia. Es apenas el inicio de un cambio global importantísimo de muchos años”, dice Waisman. En algunas semanas se estrenará Lengua materna, de Liliana Paolinelli.Allí una madre (Claudia Lapacó) descubre que la mejor amiga de su hija (Virginia Innocenti) no es sino su pareja. Será una buena medida para saber si existe un auténtico interés o es apenas una moda pasajera, un amor de verano.
Falleció a los 78 años. Se hizo famoso en dos películas de Werner Herzog.
No era actor, pero el mundo lo conoció gracias al cine. Bruno Schleinstein -que falleció ayer, a los 78 años- se hizo famoso al trabajar en dos películas de Werner Herzog: El enigma de Kaspar Hauser y Stroszek (aquí llamada La balada de Bruno S.) Bruno pasó 23 años de su vida en instituciones mentales. Allí aprendió por su cuenta a tocar varios instrumentos y, al salir, consiguió trabajo como camionero.
Herzog lo vio en un documental sobre él ( Bruno der Schwarze ) y lo eligió para protagonizar El enigma de Kaspar Hauser (1974), aunque nunca había actuado antes. Años después, el director alemán escribió Stroszek (1977) especialmente para él, usando muchos detalles de su biografía, incluyendo filmar en su propia casa.
Según Herzog, Schleinstein era muy paranoico y se ponía muy nervioso antes de actuar, por lo que gritaba durante horas hasta poder empezar a filmar. Después de esas películas, debido a su complicada situación mental, trabajó muy poco, pero siguió pintando y haciendo música.
¿Qué significa para vos haber sido elegido para presidir la comisión de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de la Argentina? El cargo es anecdótico, no tiene importancia. Somos un grupo de personas que tira para el mismo lado. Con la comisión anterior sentimos que estábamos para dar nuevos pasos. Y nos daba lo mismo que el presidente fuera Marcelo Piñeyro, Luis Puenzo, Lita Stantic o cualquier otro. ¿Cuáles serán esos nuevos pasos? Hasta ahora la Academia se dedicó a la organización y a la entrega del Premio Sur. Parece sencillo, pero no lo es. El problema es que todos los integrantes trabajamos mucho y nuestros cargos son, desde luego, ad honorem. Los próximos pasos tienen que ver con trabajar las cuestiones netamente académicas y generar políticas dentro de la industria del cine. La primera medida será abrirnos a distintos grupos de peso.
Otro de los anuncios que hizo el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, en la presentación del Distrito Audiovisual fue la asignación de un espacio definitivo para el Museo del Cine, que hoy se arrumba en la Sede Electoral del Correo Argentino, en el barrio porteño de Barracas. “Es un tema que aún está en debate. Imagino que será un tema que se charlará mucho en la Legislatura cuando se trate la ley. Este es un proyecto a largo plazo, que va a marcar el desarrollo económico y cultural en Buenos Aires”, afirma Enzo Pagani, legislador del PRO. Como desde su inicio en la década del 70, el derrotero de la entidad que preserva gran parte del patrimonio audiovisual argentino parece lejos de concluir.
De cómo darles una mano a los que ya no necesitan una mano
El proyecto de exención de impuestos a las grandes productoras de TV levantó ronchas en representantes del cine y la publicidad, que tienen que encontrar un hueco en una zona de explosión inmobiliaria para acceder a esos beneficios. Voces a favor y en contra.
Por Ezequiel Boetti
Vaya uno a saber en qué cajón del centenario edificio de Perú 160 se empolvan las cinco hojas del Proyecto 1603, aquel que divide aguas entre los publicistas y cineastas que se aducen perjudicados y los productores televisivos. Girado a la Legislatura porteña por el jefe de Gobierno Mauricio Macri, el texto del Régimen de Promoción de la Actividad Audiovisual reposa sobre dos pilares a priori favorables. Por un lado declarará a la audiovisual como “actividad productiva de transformación, asimilable a la industrial”, beneficio que le permitirá acceder a distintos regímenes de promoción o protección. Pero también creará un Distrito Audiovisual en los barrios de Colegiales, Palermo, Chacarita, Villa Urquiza y Paternal, entre otros, donde las firmas “radicadas o a radicar” tendrán reducciones impositivas durante diez o quince años. Capricho del destino, especulación económica pero difícilmente mera casualidad, gran parte de los emporios creativos de la pantalla chica se ubican dentro del particular cuerpo geométrico. La publicidad y el cine miran desde atrás.
Industria y distrito
“Buscamos una impronta más progresista y renovadora en lo que respecta a incorporación de nuevas industrias y perfiles productivos”, justifica el legislador oficialista Enzo Pagani, vicepresidente primero de la Comisión de Desarrollo Económico, Mercosur y Políticas de Empleo, donde se tratará la iniciativa en las próximas semanas. “La expansión de la actividad audiovisual estaba dando una oportunidad muy interesante y tomamos esta iniciativa para darle desde el Estado un marco de mayor fomento y promoción”, asegura el legislador macrista. El texto es generoso en la demarcación del terreno audiovisual, en definir cuáles serán las áreas que conformarán la flamante industria. No sólo abarcará la producción, sino también la “prestación de servicios” y el proceso y posproducción “del material resultante de la filmación, grabación o registro de imagen y sonido, sin importar el sistema de registro, almacenamiento, soporte o transmisión”, según reza la normativa. Serán beneficiarias las empresas cuya actividad principal se encuadre en esas ramas, entendiéndose como “actividad principal a aquella que representa no menos de la mitad de la facturación total de quien la realiza”, reza el sexto artículo.
El segundo pilar fundamental del Régimen será la creación de un Distrito Audiovisual en el centro geográfico de la Ciudad, demarcado por las calles Costa Rica, Alvarez Thomas, Federico Lacroze, La Pampa, San Martín, Warnes y Juan B. Justo, entre otras, además de las vías del ex ferrocarril San Martín. “Hay una discriminación en sectorizarlo en un lugar donde claramente hay grandes productoras establecidas. Además, no es una zona que necesite promoverse comercialmente”, opina el ex presidente del grupo Proyecto Cine Independiente (PCI) Juan Villegas. La especulación financiera es otra posibilidad latente. Los caprichos inmobiliarios disponen que hoy resulte más rentable la construcción de un complejo habitacional que un estudio cinematográfico o televisivo. “Son barrios que tienen poca disponibilidad. Para promover la actividad audiovisual se necesitan estudios de un tamaño considerable, porque sin eso es difícil que los productores extranjeros estén dispuestos a venir”, razona Adrián Caiafa, del Sindicato de la Industria Cinematográfica (SICA), que coincide con la visión del director de Sábado: “No están creando un Polo, sino que están delimitando donde ya se ubican las grandes empresas. Además, pone a todos en la misma bolsa y la industria no es una sola sino una cadena”, acusa.
Desde el oficialismo se cubren en la naturalidad del proceso, en el carácter supuestamente irredimible de esa tendencia espacial. “Las productoras se afincaron naturalmente en esa zona y apuntamos a respetar esa lógica casi natural, expandiéndola hacia los alrededores. Desde el punto de vista estratégico no tenía sentido hacerlo en otro lado. Tampoco hubiera sido una decisión acertada ignorar que por una cuestión de conveniencia, moda o no sé qué, la mayoría de los grandes grupos ligados a esta industria estaban instalados ahí –justifica Pagani–. No hubo intención de favorecer a ninguna de ellas ni habrá ninguna ventaja adicional. Lo que se discutirá es cómo darle algún plus adicional a las pymes para que rápidamente puedan competir”, se defiende antes de arriesgar que “se pueden generar distintos métodos de promoción para agilizar el mecanismo de empleo desde la Subsecretaría de Trabajo”. Todas las que actualmente se ubican en el perímetro gozarán de una reducción del impuesto de Ingresos Brutos durante el primer año desde la sanción de la ley y la exención total desde el segundo hasta el décimo. Por otro lado, las firmas del sector que se radiquen allí luego de la hipotética reglamentación tendrán la reducción total de Ingresos Brutos durante diez años, además de seis meses para abonar el Impuesto de Sellos. En ambos casos no pagarán ABL durante la primera década ni Derecho de Delineación y Construcciones en los inmuebles sobre los que se realicen obras o mejoras, siempre y cuando recauden menos de 20 millones de pesos anuales.
Se abrirá también un Registro de Empresas Audiovisuales. Los requisitos para inscribirse serán escasos: apenas se debe comprobar “la efectiva radicación” dentro del Distrito y la “realización en forma principal de algunas de las actividades promovidas”, tal como se lee en el artículo 8. “Es muy fácil dar domicilios fiscales falsos cuando en realidad funciona en otro lado”, opinan desde el PCI. Ya sobre el final del texto, se promete que el “Banco de la Ciudad adoptará las medidas necesarias a fin de implementar líneas de crédito tendientes a promover la actividad y la radicación de empresas en el Distrito”. Se dice el qué, pero no el cómo. “Hasta no tener la ley va a ser difícil tener un programa concreto. Lo que hay es un compromiso asumido por el gobierno. El banco manifestó su voluntad de establecer líneas de crédito. Como entidad financiera de la Ciudad debe ser el que promueva esto”, aseveran desde el PRO.
Crisis, cámara, acción
Un recorrido por la ciudad muestra que las productoras televisivas más importantes –Pol-Ka, Ideas del Sur, Endemol y Underground, entre otras–- tienen sus inmuebles dentro del perímetro. No por nada los popes de la Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión (Capit) dijeron presente junto a toda la cúpula PRO cuando Macri presentó el Régimen, a mediados de julio, en el Espacio Cultural Carlos Gardel, ubicado en la calle Olleros, a metros de la usina de ShowMatch. Distinta es la situación del mercado publicitario: sólo tres de las quince empresas que durante 2009 concentraron más del 40 por ciento del mercado están en el Distrito.
La factoría audiovisual entró en un espiral creciente en 2002, cuando los directores extranjeros encontraron la tierra prometida en un país devaluado, con mano de obra capacitada y una diversidad geográfica y climática de ensueño. No es casual que el 60 por ciento de contenidos que hoy se generan en el país tengan como destino el mercado externo ni que Argentina se ubique como el sexto exportador de contenidos audiovisuales. Las cifras del Observatorio de Industrias Creativas de la Ciudad, donde hay 400 firmas radicadas, sintomatizan el crecimiento: los 19 mil puestos de trabajo generados durante 1996 fueron 24 mil en 2002, para incrementarse hasta más de 36 mil un lustro más tarde. Uno de cada cuatro trabajadores de las industrias creativas lo hacía en el sector. Durante el año pasado la ciudad de Buenos Aires concentró más de la mitad de los rodajes del país entre cortos, largos y publicidades. Los guarismos actuales varían según el interlocutor de turno. Mientras que para el gobierno existen más de 51 mil empleados abocados a la actividad audiovisual, para el Departamento de Estudios e Investigaciones del SICA (Deisica) la cifra se eleva hasta 70 mil. “Pero no todos están ligados directamente a la producción, porque eso abarca desde la recepcionista hasta los choferes. El número de técnicos está disminuyendo”, explica el secretario de Prensa, Diego Galíndez.
La auspiciosa situación del mercado audiovisual en general no se traslada hacia el mercado publicitario en particular. Según el informe anual del Deisica, este sector contrató 3289 técnicos durante el año pasado, mientras que en 2007 fueron casi cuatro mil. Los sindicalistas señalan dos razones para esa reducción: la precarización laboral de un sector que utiliza muchos trabajadores informales y la carga impositiva existente. “Es una medida favorable, pero insuficiente. No alcanza con la reducción de Ingresos Brutos, sino que debemos hablar de hotelería y pasajes. Tenemos un costo muy grande en esas dos áreas. Todo eso genera un costo que debe ser reinvertido”, asegura Caiafa. Las empresas extranjeras reorientan sus billetes hacia países sin cargas tributarias, como Uruguay y Sudáfrica, también principales competidores geográficos de Argentina. La merma se refleja en la producción. De los 1200 comerciales producidos en 2006 a poco más de 900 durante 2009; de los casi 600 exportados cuatro años atrás, a los 350 del año pasado.
Beneficiar sin distinguir
El futuro Régimen del Promoción Audiovisual no distingue el resultado de las producciones, no diferencia entre un comercial con destino de importación de un pequeño film independiente, iguala un producto de pretensiones artísticas con otro concebido para el entretenimiento popular: beneficia sin distinguir. “Contemplamos genéricamente el concepto de industria audiovisual, lo que no significa que no pueda darse un matiz de mayor valoración a los productos culturales. Creo que la falta de una diferenciación existe, pero es una actividad regida por el mercado donde hay que tener en cuenta el destinatario y el consumidor al momento de elaborar ese producto”, justifica el vicepresidente primero de la Comisión de Desarrollo Económico, Mercosur y Políticas de Empleo, donde se tratará la iniciativa para luego pasar a la de Presupuesto, Hacienda, Administración Financiera y Política Tributaria. Viejo lobo de cine, fundador y primer secretario de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica y actual legislador por el bloque Proyecto Sur, Julio Raffo afirma que el principal agujero está en la falta de distinción. “No es lo mismo producir para la televisión que para los circuitos de cine y cultura, que es expresión de nuestra identidad y reflexión sobre nuestros problemas. La ley debe proteger primero al débil, y en este caso el débil es la industria cultural frente a la del entretenimiento, el cine nacional frente al cine de la multinacionales”, opina el realizador del documental Caseros – En la cárcel.
Pero la valoración artística y cultural de un producto audiovisual roza las facultades propias de un organismo especializado antes que del Ministerio de Desarrollo Económico. “Le corresponde a todos los que se involucran con la industria audiovisual. El Incaa, por ejemplo, tiene un mecanismo, pero para esta ley es todo igual, no distingue entre los contenidos de cada proyecto”, dice Raffo. “La poca claridad de los criterios de promoción es un problema que tienen todos los regímenes de subsidios del Estado”, opina Villegas. El realizador piensa en dos formas de fomento: el universal, donde se apoye más allá de la envergadura de la empresa, u otro más selectivo, que apuntale a los débiles, siempre en la cornisa del sistema. “Acá no pasa ninguna de las dos cosas. Cuando no es selectivo ni universal se corren dos riesgos: que sea discrecional, que éste no sería el caso, o que uno empieza a sospechar de presiones de un sector para que salga la ley”, dispara.
Los elevados costos inmobiliarios antepuestos a los escuetos presupuestos que manejan los cineastas independientes hacen que la recolocación en el Distrito raye lo utópico: el beneficio sería mayor con la conformación de un circuito de exhibición alternativo al comercial, además de darle una identidad definitiva al Bafici. “Queremos que la ampliación a los barrios no sea una decisión coyuntural o producto de un director, sino que sea obligatorio que en los cines que la Ciudad contribuyó a recuperar se pasen estas películas”, afirma Raffo, quien unas semanas atrás presentó un proyecto en esa dirección.