sábado, 14 de agosto de 2010

CINE IGUALITARIO


PELICULAS ARGENTINAS CON TEMATICA GAY EN CARTELERA
¿El inicio de un cambio global o un amor de verano?

Plan B, que ya se ve en el Malba, y Otro entre otros, que el jueves se estrenará en el Gaumont, reflejan historias a las que el cine argentino no acostumbraba prestar atención. “Ahora el público está más abierto”, reconocen directores y críticos.

Por Ezequiel Boetti
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El tiempo no lo puede todo. Los tres siglos que atravesó el cine no lograron quitarle su extraordinaria capacidad de manifestar los distintos estadios emocionales de la sociedad que lo concibe. Resulta inevitable que, aun en aquellos exponentes donde prima la valoración mercantilista antes que la artística, los miedos, alegrías, tristezas, paranoias y costumbres se cuelen en cada fotograma: toda película es, ante todo, un retrato cargado de temporalidad. En esa acepción del arte como legado sociológico difícilmente resulte casual el estreno de dos films con temática homosexual en la coyuntura actual. La ley de matrimonio igualitario da espacio a un cine otrora marginado del sistema y que ahora está allí, en la cartelera comercial, al alcance de cualquier espectador. Avidez por un material que difícilmente trascendía la experiencia personal del rodaje o el trabajo facultativo, modelo de familia en crisis y una nueva visión del rol del homosexual marcan apenas el comienzo. “Es el inicio de un cambio global importantísimo”, coinciden las voces del ambiente. La tendencia comenzó en octubre pasado con Vil romance, donde José Campusano retrató con vísceras y corazón la relación homosexual entre Roberto y el cincuentón Raúl, en el conurbano bonaerense.


Le siguió Adopción, el falso documental de David Lipszyc que ficcionaba el largo periplo de una pareja gay para adoptar a un hijo. 


Ahora llega el turno de Plan B y Otro entre otros, donde lo gay adquiere una nueva dimensión.


Cine gay : Plan B
Cargado por GayClic. - Programas de ayer por la noche y clásicos de TV, online.

Estrenada el mes pasado en el Malba, donde se exhibe los sábados a las 20 y los domingos a las 18.30, Plan B narra el intento de un joven por reconquistar a su ex novia, quien soslaya su soledad en los torneados brazos de un fotógrafo (Lucas Ferraro). “Cuando la dejaste, me llamó como seis meses. Si le decís, seguro va a volver”, lo alienta su mejor amigo. Pero el amor no sabe de lógica y Bruno vuelve con alma y orgullo heridos. Le aseguran entonces que su competidor tiene la “mente abierta” y tuvo relaciones homosexuales por el puro fin de la experimentación. Así surge el plan B de Bruno (Manuel Vignau) y título de la ópera prima de Marco Berger: enamorarlo para que él la deje a ella y así allanarse el camino para la recomposición amorosa. Pero la idea se sale de los carriles y la amistad artificial se torna un enamoramiento. “Quería darle otra visión a una historia de amor donde se plantea que al final de todo no es tan grave ni tan terrible. La película apunta a un público popular con desconocimiento del tema y a que el espectador haga el proceso mental de los personajes”, explica el director a Página/12. Más allá de la temática y la carga homoerótica latente en el metraje, Plan B se vale de los resortes clásicos de la screwball comedy adosándole una reversión genérica: si en aquéllas la trama gira en derredor de “chica conoce chico”, aquí es “chico conoce chico”. “Hago las películas que no encuentro o creo que no hay. No lo hice como catarsis personal sino desde la catarsis cinéfila: querer ver lo que nadie hace. Veo todas comedias de varón-chica; bueno, ésta no, varón-varón”, explica el también guionista, para quien su film busca naturalizar la situación y “que el público entienda que nadie se convierte por ver una película así”.


A diferencia del clasicismo ficcional de Berger, Maximiliano Pelosi utiliza el documental para inmortalizar su militancia LGBT en Otro entre otros, que se estrena el próximo jueves en el cine Gaumont. La idea surgió cuando él, católico, conoció a su actual pareja proveniente de una familia judía ortodoxa. “Me crucé a la madre en un local y nos pusimos a hablar. Ella no sabía nada de él, y eso me pareció injusto no para mí sino para ella. Sentí que se estaba perdiendo la vida de su hijo, no sabía lo que pasaba delante de sus narices, no se daba cuenta”, confiesa el director a este diario. El film articula el relato de cuatro homosexuales pertenecientes a la comunidad Judíos Argentinos Gays (JAG). “Hay una doble mirada. La película plantea una otredad dentro de otra otredad, una minoría dentro de otra minoría. La película no sólo apunta a judíos, porque todas las religiones tienen en común las estructuras míticas donde se fundan”, explica.

Ambas son películas comprometidas en una cartelera usualmente pacata, pero los directores no creen que el actual panorama favorable para la comunidad gay incida en la viabilidad de proyectos de estas características. “Plan B hubiera sido imposible años atrás, no por su temática sino por las condiciones por fuera del sistema con que la hice. Quizás un tiempo antes sí hubiera sido difícil, pero ahora el público está más abierto”, arriesga Berger. Pelosi tiene más experiencia en el ambiente. Formó parte de la compañía Wap, que en 2001 produjo Lesbianas de Buenos Aires, de Santiago García, y Un año sin amor, que narraba la historia de un escritor gay con tendencias sadomasoquistas. “Me doy cuenta de que hay un proceso de cambio y que estos productos se reciben de diferente manera. No sé si hubiera sido imposible en la década del ’90, pero sí distinto”, arriesga.

Este par de films son los últimos exponentes que pugnan por un cambio de paradigma. “Son personajes con conflictos porque son humanos, no unidimensionales. Muestra lo negativo y positivo del ser, de la identidad. Tanto la idea de bisexualidad como la relación entre la sexualidad y religión se ponen en circulación en un marco determinado: la barrial en Plan B y la judía en Otro entre otros”, analiza Diego Trerotola, redactor del suplemento Soy de este diario y programador del Bafici. Es una figura distinta, extraña para una cinematografía local siempre tan cómoda en la caricaturización de las minorías. “Es la forma que tiene la sociedad de sobrellevar a ese otro, enmarcándolo en ciertas características para que le sea fácil soportarlo y sobrellevarlo. Y mostrar que ese otro no es así tiene que ver con la sociedad en general, con el acostumbramiento a ver cosas diversas y el aggiornamiento social”, arriesga Pelosi. Por eso resalta Plan B, porque se permite un desenlace poco común para dos personajes de una comunidad maltratada y estereotipada no sólo en las calles sino en el cine: un final feliz. Treinta años atrás era una entelequia. “El homosexual siempre tuvo un rol lateral y tenía una función servil dentro de la narración, sin jerarquía narrativa. No solamente eran personajes secundarios sino también degradados”, afirma Trerotola.

Treinta años de cambio


La liberación artística que trajo el retorno democrático en 1983 no excedió la faceta política: la sociedad, aletargada por la fajina, necesitaba ver plasmado el horror en pantalla, experimentar una catarsis colectiva en el cine. La representación abierta de las orientaciones sexuales alternativas debió esperar recién hasta abril de 1985, cuando se estrenó Adiós, Roberto. El film de Enrique Dawi, protagonizado por Carlos Calvo, Víctor Laplace y Héctor Alterio, narraba la historia de un hombre que, luego de divorciarse de su esposa, empezaba a compartir la casa con su primo, homosexual declarado. 


Un año después llegó una película histórica por una supuesta apertura, que vista hoy resulta puro humo. Otra historia de amor, de Américo Ortiz de Zárate, contaba el devenir del romance entre Raúl (Arturo Bonín) y Jorge (Mario Pasik), y aun hoy se la recuerda por la escena de la bañera donde ambos sellan el amor con un beso que, sin embargo, no se muestra: apenas se sugiere. “Está filmado detrás de una botella no sólo por pudor sino por el miedo a la aceptación o no del público. No se podía ver a esos dos personajes supuestamente masculinos con la dimensión que podía tener un gay. Era la política de la no-diferencia: el gay sin rasgo ni cultura propios. No hacían nada que les diera una dimensión social: eran oficinistas, personajes desdibujados”, recapitula el periodista, quien ensaya una justificación amparándose en la autocensura de la época y en un error fundamental de apreciación: “El cine debía representar a las mayorías para que se identifiquen. A los gays les borraban cualquier cosa que pudiera molestar y terminaban como personajes decorativos. Otra historia de amor no tiene dimensión, es un proyecto sin vida que se queda sólo en el gesto”.


Hubo que esperar hasta el nacimiento del Nuevo Cine Argentino para que el homosexual adquiriera un espesor dramático y narrativo hasta entonces inaudito. La piedra fundamental la colocó Adrián Caetano con el personaje gay de Héctor Anglada en Bolivia, un buscavidas que flirteaba con Freddy, el protagonista. Desde ese momento el gay ya no fue una realidad aislada sino que adquirió una dimensión social antes que sexual. 

Le siguió el corto de Albertina Carri, Barbie también puede eStar triste, un corrosivo melodrama de animación que narraba el triángulo amoroso entre la blonda, un Ken sadomasoquista y la mucama latina. “Hay una idea de la diversidad sexual nueva: la travesti, la lesbiana, el heterosexual conviven de manera orgánica. Esas películas que tienen que ver con los nuevos realizadores ponían al gay en un lugar totalmente distinto”, asegura Trerotola. El público, tímido, respondió y aceptó la diversidad en la pantalla. Fuera del circuito comercial, los directores empezaban a militar desde su oficio al tiempo que la ausencia de espacio para exhibirlo arrastraba las películas hacia el olvido. La temática LGBT pedía a gritos un espacio propio.

Fue Gabriela Waisman quien en 2004 puso manos a la obra y creó el Festival Internacional de Cine Gay, Lésbico y Trans de Argentina: el Diversa. “La primera intención era que ese material llegue y circule para generar espacio y que se produzca más material acá. Fue la primera actividad puramente cultural masiva que tuvo una participación distinta, más de invitación que de confrontación”, recuerda. Mal no le fue: pasó de las seis películas nacionales que agrupó en la primera edición a las quince de 2010, cuando se premió a Plan B. Fueron seis años nada fáciles donde no faltó el apoyo moral, ni la palmada en la espalda, pero sí el dinero. “Todos trabajamos ad honorem y es muy difícil sostener un equipo estable porque es una temática muy específica que demanda mucho tiempo. El festival no se hace no porque le haya ido mal sino porque es muy dificultoso”, explica la directora.

El Diversa allanó el camino para que varios festivales latinoamericanos recogieran el guante y agruparan cortos y largos con esta temática. 

La ciudad chilena de Valparaíso será sede del primer Festival Internacional de Cine de Diversidad, en enero de 2011. Una de las secciones estará dedicada al cine nacional y será programada por el periodista Juan Pablo Russo. “Hay una tendencia que habla sobre la homosexualidad masculina y muy poco de la femenina, sobre todo en los largos. En los cortos no hay una sexualidad explícita sino que se trabaja una faceta más ambigua”, señala el editor del portal escribiendocine.com. Más próxima en tiempo y espacio está la cuarta edición del Festival Internacional de Cine sobre Diversidad Sexual y de Género del Uruguay Llamale H, a comienzos de septiembre.

La ley y el cine

La declaración de la ley de matrimonio igualitario se vislumbra como punto de quiebre para el cine de temática gay, pero también genera la incertidumbre propia de lo novedoso y desconocido: hacia dónde irá el modelo cinematográfico de familia, qué rol ocuparán los homosexuales ya no en los films temáticos sino en el industrial y de aspiraciones más comerciales, son algunas preguntas que encontrarán respuesta en los próximos meses. “No sé si seguiré haciendo películas de este estilo, pero sí que me gusta experimentar distintos géneros. Siempre busco que la presencia de lo gay esté justificada”, señala el director de Plan B. La inclusión de relaciones homosexuales en historias que hace décadas se rigen por la vinculación amorosa entre un hombre y una mujer dependerá también de la existencia de un mercado con capacidad de sostenerlo. “El cuento chica-chico es el que se cuenta siempre, es el común, y no creo que se pierda, aunque ciertas películas sí pueden abordar cosas más genéricas y no tan particulares”, arriesga Pelosi. Por lo pronto, el aumento se corporiza en un interés por las filmografías y temáticas de diversidad sexual. “Creo que van a aparecer más películas porque otros directores van a querer mostrar su historia. Es apenas el inicio de un cambio global importantísimo de muchos años”, dice Waisman. En algunas semanas se estrenará Lengua materna, de Liliana Paolinelli.Allí una madre (Claudia Lapacó) descubre que la mejor amiga de su hija (Virginia Innocenti) no es sino su pareja. Será una buena medida para saber si existe un auténtico interés o es apenas una moda pasajera, un amor de verano.



viernes, 13 de agosto de 2010

Vida y muerte de Bruno S. (Kaspar Hauser)

13/08/10
Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/cine/Vida-muerte-Bruno_0_316168549.html


Falleció a los 78 años. Se hizo famoso en dos películas de Werner Herzog.
No era actor, pero el mundo lo conoció gracias al cine. Bruno Schleinstein -que falleció ayer, a los 78 años- se hizo famoso al trabajar en dos películas de Werner Herzog: El enigma de Kaspar Hauser y Stroszek (aquí llamada La balada de Bruno S.) Bruno pasó 23 años de su vida en instituciones mentales. Allí aprendió por su cuenta a tocar varios instrumentos y, al salir, consiguió trabajo como camionero.
Herzog lo vio en un documental sobre él ( Bruno der Schwarze ) y lo eligió para protagonizar El enigma de Kaspar Hauser (1974), aunque nunca había actuado antes. Años después, el director alemán escribió Stroszek (1977) especialmente para él, usando muchos detalles de su biografía, incluyendo filmar en su propia casa.
Según Herzog, Schleinstein era muy paranoico y se ponía muy nervioso antes de actuar, por lo que gritaba durante horas hasta poder empezar a filmar. Después de esas películas, debido a su complicada situación mental, trabajó muy poco, pero siguió pintando y haciendo música.

Juan José Campanella Presidente de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de la Argentina


Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/Juan-Jose-Campanella_0_298170328.html

¿Qué significa para vos haber sido elegido para presidir la comisión de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de la Argentina?
El cargo es anecdótico, no tiene importancia. Somos un grupo de personas que tira para el mismo lado. Con la comisión anterior sentimos que estábamos para dar nuevos pasos. Y nos daba lo mismo que el presidente fuera Marcelo Piñeyro, Luis Puenzo, Lita Stantic o cualquier otro.
¿Cuáles serán esos nuevos pasos?
Hasta ahora la Academia se dedicó a la organización y a la entrega del Premio Sur. Parece sencillo, pero no lo es. El problema es que todos los integrantes trabajamos mucho y nuestros cargos son, desde luego, ad honorem. Los próximos pasos tienen que ver con trabajar las cuestiones netamente académicas y generar políticas dentro de la industria del cine. La primera medida será abrirnos a distintos grupos de peso.

martes, 10 de agosto de 2010

El destino del Museo del Cine

Otro de los anuncios que hizo el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, en la presentación del Distrito Audiovisual fue la asignación de un espacio definitivo para el Museo del Cine, que hoy se arrumba en la Sede Electoral del Correo Argentino, en el barrio porteño de Barracas. “Es un tema que aún está en debate. Imagino que será un tema que se charlará mucho en la Legislatura cuando se trate la ley. Este es un proyecto a largo plazo, que va a marcar el desarrollo económico y cultural en Buenos Aires”, afirma Enzo Pagani, legislador del PRO. Como desde su inicio en la década del 70, el derrotero de la entidad que preserva gran parte del patrimonio audiovisual argentino parece lejos de concluir.

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Las curiosas vueltas del Régimen de Producción Audiovisual


De cómo darles una mano a los que ya no necesitan una mano
El proyecto de exención de impuestos a las grandes productoras de TV levantó ronchas en representantes del cine y la publicidad, que tienen que encontrar un hueco en una zona de explosión inmobiliaria para acceder a esos beneficios. Voces a favor y en contra.

Por Ezequiel Boetti

Vaya uno a saber en qué cajón del centenario edificio de Perú 160 se empolvan las cinco hojas del Proyecto 1603, aquel que divide aguas entre los publicistas y cineastas que se aducen perjudicados y los productores televisivos. Girado a la Legislatura porteña por el jefe de Gobierno Mauricio Macri, el texto del Régimen de Promoción de la Actividad Audiovisual reposa sobre dos pilares a priori favorables. Por un lado declarará a la audiovisual como “actividad productiva de transformación, asimilable a la industrial”, beneficio que le permitirá acceder a distintos regímenes de promoción o protección. Pero también creará un Distrito Audiovisual en los barrios de Colegiales, Palermo, Chacarita, Villa Urquiza y Paternal, entre otros, donde las firmas “radicadas o a radicar” tendrán reducciones impositivas durante diez o quince años. Capricho del destino, especulación económica pero difícilmente mera casualidad, gran parte de los emporios creativos de la pantalla chica se ubican dentro del particular cuerpo geométrico. La publicidad y el cine miran desde atrás.

Industria y distrito

“Buscamos una impronta más progresista y renovadora en lo que respecta a incorporación de nuevas industrias y perfiles productivos”, justifica el legislador oficialista Enzo Pagani, vicepresidente primero de la Comisión de Desarrollo Económico, Mercosur y Políticas de Empleo, donde se tratará la iniciativa en las próximas semanas. “La expansión de la actividad audiovisual estaba dando una oportunidad muy interesante y tomamos esta iniciativa para darle desde el Estado un marco de mayor fomento y promoción”, asegura el legislador macrista. El texto es generoso en la demarcación del terreno audiovisual, en definir cuáles serán las áreas que conformarán la flamante industria. No sólo abarcará la producción, sino también la “prestación de servicios” y el proceso y posproducción “del material resultante de la filmación, grabación o registro de imagen y sonido, sin importar el sistema de registro, almacenamiento, soporte o transmisión”, según reza la normativa. Serán beneficiarias las empresas cuya actividad principal se encuadre en esas ramas, entendiéndose como “actividad principal a aquella que representa no menos de la mitad de la facturación total de quien la realiza”, reza el sexto artículo.
El segundo pilar fundamental del Régimen será la creación de un Distrito Audiovisual en el centro geográfico de la Ciudad, demarcado por las calles Costa Rica, Alvarez Thomas, Federico Lacroze, La Pampa, San Martín, Warnes y Juan B. Justo, entre otras, además de las vías del ex ferrocarril San Martín. “Hay una discriminación en sectorizarlo en un lugar donde claramente hay grandes productoras establecidas. Además, no es una zona que necesite promoverse comercialmente”, opina el ex presidente del grupo Proyecto Cine Independiente (PCI) Juan Villegas. La especulación financiera es otra posibilidad latente. Los caprichos inmobiliarios disponen que hoy resulte más rentable la construcción de un complejo habitacional que un estudio cinematográfico o televisivo. “Son barrios que tienen poca disponibilidad. Para promover la actividad audiovisual se necesitan estudios de un tamaño considerable, porque sin eso es difícil que los productores extranjeros estén dispuestos a venir”, razona Adrián Caiafa, del Sindicato de la Industria Cinematográfica (SICA), que coincide con la visión del director de Sábado: “No están creando un Polo, sino que están delimitando donde ya se ubican las grandes empresas. Además, pone a todos en la misma bolsa y la industria no es una sola sino una cadena”, acusa.
Desde el oficialismo se cubren en la naturalidad del proceso, en el carácter supuestamente irredimible de esa tendencia espacial. “Las productoras se afincaron naturalmente en esa zona y apuntamos a respetar esa lógica casi natural, expandiéndola hacia los alrededores. Desde el punto de vista estratégico no tenía sentido hacerlo en otro lado. Tampoco hubiera sido una decisión acertada ignorar que por una cuestión de conveniencia, moda o no sé qué, la mayoría de los grandes grupos ligados a esta industria estaban instalados ahí –justifica Pagani–. No hubo intención de favorecer a ninguna de ellas ni habrá ninguna ventaja adicional. Lo que se discutirá es cómo darle algún plus adicional a las pymes para que rápidamente puedan competir”, se defiende antes de arriesgar que “se pueden generar distintos métodos de promoción para agilizar el mecanismo de empleo desde la Subsecretaría de Trabajo”. Todas las que actualmente se ubican en el perímetro gozarán de una reducción del impuesto de Ingresos Brutos durante el primer año desde la sanción de la ley y la exención total desde el segundo hasta el décimo. Por otro lado, las firmas del sector que se radiquen allí luego de la hipotética reglamentación tendrán la reducción total de Ingresos Brutos durante diez años, además de seis meses para abonar el Impuesto de Sellos. En ambos casos no pagarán ABL durante la primera década ni Derecho de Delineación y Construcciones en los inmuebles sobre los que se realicen obras o mejoras, siempre y cuando recauden menos de 20 millones de pesos anuales.
Se abrirá también un Registro de Empresas Audiovisuales. Los requisitos para inscribirse serán escasos: apenas se debe comprobar “la efectiva radicación” dentro del Distrito y la “realización en forma principal de algunas de las actividades promovidas”, tal como se lee en el artículo 8. “Es muy fácil dar domicilios fiscales falsos cuando en realidad funciona en otro lado”, opinan desde el PCI. Ya sobre el final del texto, se promete que el “Banco de la Ciudad adoptará las medidas necesarias a fin de implementar líneas de crédito tendientes a promover la actividad y la radicación de empresas en el Distrito”. Se dice el qué, pero no el cómo. “Hasta no tener la ley va a ser difícil tener un programa concreto. Lo que hay es un compromiso asumido por el gobierno. El banco manifestó su voluntad de establecer líneas de crédito. Como entidad financiera de la Ciudad debe ser el que promueva esto”, aseveran desde el PRO.

Crisis, cámara, acción

Un recorrido por la ciudad muestra que las productoras televisivas más importantes –Pol-Ka, Ideas del Sur, Endemol y Underground, entre otras–- tienen sus inmuebles dentro del perímetro. No por nada los popes de la Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión (Capit) dijeron presente junto a toda la cúpula PRO cuando Macri presentó el Régimen, a mediados de julio, en el Espacio Cultural Carlos Gardel, ubicado en la calle Olleros, a metros de la usina de ShowMatch. Distinta es la situación del mercado publicitario: sólo tres de las quince empresas que durante 2009 concentraron más del 40 por ciento del mercado están en el Distrito.
La factoría audiovisual entró en un espiral creciente en 2002, cuando los directores extranjeros encontraron la tierra prometida en un país devaluado, con mano de obra capacitada y una diversidad geográfica y climática de ensueño. No es casual que el 60 por ciento de contenidos que hoy se generan en el país tengan como destino el mercado externo ni que Argentina se ubique como el sexto exportador de contenidos audiovisuales. Las cifras del Observatorio de Industrias Creativas de la Ciudad, donde hay 400 firmas radicadas, sintomatizan el crecimiento: los 19 mil puestos de trabajo generados durante 1996 fueron 24 mil en 2002, para incrementarse hasta más de 36 mil un lustro más tarde. Uno de cada cuatro trabajadores de las industrias creativas lo hacía en el sector. Durante el año pasado la ciudad de Buenos Aires concentró más de la mitad de los rodajes del país entre cortos, largos y publicidades. Los guarismos actuales varían según el interlocutor de turno. Mientras que para el gobierno existen más de 51 mil empleados abocados a la actividad audiovisual, para el Departamento de Estudios e Investigaciones del SICA (Deisica) la cifra se eleva hasta 70 mil. “Pero no todos están ligados directamente a la producción, porque eso abarca desde la recepcionista hasta los choferes. El número de técnicos está disminuyendo”, explica el secretario de Prensa, Diego Galíndez.
La auspiciosa situación del mercado audiovisual en general no se traslada hacia el mercado publicitario en particular. Según el informe anual del Deisica, este sector contrató 3289 técnicos durante el año pasado, mientras que en 2007 fueron casi cuatro mil. Los sindicalistas señalan dos razones para esa reducción: la precarización laboral de un sector que utiliza muchos trabajadores informales y la carga impositiva existente. “Es una medida favorable, pero insuficiente. No alcanza con la reducción de Ingresos Brutos, sino que debemos hablar de hotelería y pasajes. Tenemos un costo muy grande en esas dos áreas. Todo eso genera un costo que debe ser reinvertido”, asegura Caiafa. Las empresas extranjeras reorientan sus billetes hacia países sin cargas tributarias, como Uruguay y Sudáfrica, también principales competidores geográficos de Argentina. La merma se refleja en la producción. De los 1200 comerciales producidos en 2006 a poco más de 900 durante 2009; de los casi 600 exportados cuatro años atrás, a los 350 del año pasado.

Beneficiar sin distinguir

El futuro Régimen del Promoción Audiovisual no distingue el resultado de las producciones, no diferencia entre un comercial con destino de importación de un pequeño film independiente, iguala un producto de pretensiones artísticas con otro concebido para el entretenimiento popular: beneficia sin distinguir. “Contemplamos genéricamente el concepto de industria audiovisual, lo que no significa que no pueda darse un matiz de mayor valoración a los productos culturales. Creo que la falta de una diferenciación existe, pero es una actividad regida por el mercado donde hay que tener en cuenta el destinatario y el consumidor al momento de elaborar ese producto”, justifica el vicepresidente primero de la Comisión de Desarrollo Económico, Mercosur y Políticas de Empleo, donde se tratará la iniciativa para luego pasar a la de Presupuesto, Hacienda, Administración Financiera y Política Tributaria. Viejo lobo de cine, fundador y primer secretario de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica y actual legislador por el bloque Proyecto Sur, Julio Raffo afirma que el principal agujero está en la falta de distinción. “No es lo mismo producir para la televisión que para los circuitos de cine y cultura, que es expresión de nuestra identidad y reflexión sobre nuestros problemas. La ley debe proteger primero al débil, y en este caso el débil es la industria cultural frente a la del entretenimiento, el cine nacional frente al cine de la multinacionales”, opina el realizador del documental Caseros – En la cárcel.
Pero la valoración artística y cultural de un producto audiovisual roza las facultades propias de un organismo especializado antes que del Ministerio de Desarrollo Económico. “Le corresponde a todos los que se involucran con la industria audiovisual. El Incaa, por ejemplo, tiene un mecanismo, pero para esta ley es todo igual, no distingue entre los contenidos de cada proyecto”, dice Raffo. “La poca claridad de los criterios de promoción es un problema que tienen todos los regímenes de subsidios del Estado”, opina Villegas. El realizador piensa en dos formas de fomento: el universal, donde se apoye más allá de la envergadura de la empresa, u otro más selectivo, que apuntale a los débiles, siempre en la cornisa del sistema. “Acá no pasa ninguna de las dos cosas. Cuando no es selectivo ni universal se corren dos riesgos: que sea discrecional, que éste no sería el caso, o que uno empieza a sospechar de presiones de un sector para que salga la ley”, dispara.
Los elevados costos inmobiliarios antepuestos a los escuetos presupuestos que manejan los cineastas independientes hacen que la recolocación en el Distrito raye lo utópico: el beneficio sería mayor con la conformación de un circuito de exhibición alternativo al comercial, además de darle una identidad definitiva al Bafici. “Queremos que la ampliación a los barrios no sea una decisión coyuntural o producto de un director, sino que sea obligatorio que en los cines que la Ciudad contribuyó a recuperar se pasen estas películas”, afirma Raffo, quien unas semanas atrás presentó un proyecto en esa dirección.

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viernes, 30 de julio de 2010

LA SANGRE Y LA LLUVIA, OPERA PRIMA DEL COLOMBIANO JORGE NAVAS


Paseo por una sucursal del infierno
Aquello que podría haberse convertido en una colección de lugares comunes es, sin embargo, un melancólico retrato de dos desesperados que atraviesan la larga noche bogotana. Para ello, Navas se apoya en el buen trabajo de Gloria Montoya y Quique Mendoza.
 Por Horacio Bernades

LA SANGRE Y LA LLUVIA
Colombia/Argentina, 2009.
Dirección: Jorge Navas.
Guión: J. Navas, Carlos Henao y Alizé Le Maoult.
Intérpretes: Gloria Montoya, Quique Mendoza, Hernán Méndez, Weimar Delgado y Julio César Valencia.
Se exhibe exclusivamente en la sala 2 del Cine Gaumont, todos los días a las 20 y 22.10.





Un taxi anda en medio de la ciudad, la noche y la lluvia; en su camino se cruzan el sexo y, sobre todo, la violencia. Posible síntesis argumental de Taxi Driver, ésa podría ser también la de La sangre y la lluvia, ópera prima del colombiano Jorge Navas, con antecedentes en documentales, comerciales de televisión y videoclips. Pero Travis Bickle andaba en busca de problemas, y en el caso de Jorge (Quique Mendoza) los problemas andan en su busca. Alguien acaba de asesinar a su hermano, en un episodio de violencia callejera del que Jorge –tal vez demasiado frágil, para un entorno en el que la vida vale menos que un gramo de cocaína– no logra reponerse. Con los asesinos detrás de él, consigue una pistola. En medio de su recorrido –siempre nocturno, como el de Bickle– se cruza con Angela (Gloria Montoya), chica de discoteca, a quien termina subiendo a su auto.
Algo así como una Jodie Foster en versión adulta, Angela practica el sexo casual, sin importarle demasiado género o número. En baños y pasillos consume, en grandes cantidades, el principal producto de exportación de su país (uno que no es café ni esmeraldas). Eso no le permite calzar del todo bien en el prototipo de princesa desvalida. Además, tampoco es que el taxista se fantasee como caballero andante, como lo hacía su antecesor neoyorquino. Antes que el rescate heroico, la relación entre ambos pasa entonces por alguna forma de identificación mutua. Identificación tal vez fundada en que ella –que parece tan fiestera– carga también una pesada mochila personal.
Si algo se lee en los rostros de Jorge y Angela es desprotección. Sobre todo en el de ella, a quien la morocha Gloria Montoya, de gran presencia cinematográfica, logra hacer sexy y vulnerable. No por nada en una de las paredes de su departamento cuelga un afiche de Marilyn. Oscuro y desolado descenso a los infiernos, La sangre y la lluvia observa un paisaje de corrosión social a través de un tamiz criminal. Fotografiada en clave bajísima, Bogotá es aquí un mundo del revés, en el que los criminales más despiadados –así como los peores drogones– resultan ser los policías. Con la ley del otro lado, los taxistas terminarán cumpliendo el papel de Séptimo de Caballería.
Es posible que algunas circunstancias de La sangre y la lluvia luzcan algo forzadas (que Angela no se le despegue a Jorge en toda la noche, por ejemplo) y otras, inverosímilmente estiradas (lo que podría resolverse con un par de balazos se convierte en secuestro injustificado). Así como el nombre de la chica y el de un amigo, apodado Diablo, subrayan en exceso la visión de Bogotá como sucursal del infierno. Pero Navas (Cali, 1973) sabe hacer algo que en la región no es moneda corriente: narrar con armas cinematográficas. La cámara está siempre bien ubicada; el montaje es fluido; la duración de los planos, precisa. No acude a primeros planos, profundidades de campo y algún ralenti por puro manierismo, sino por necesidades expresivas. Lo mismo podría decirse de varios fundidos encadenados y un par de intrusiones musicales que avisan que, a pesar de las apariencias, el sentimiento de fondo no es aquí el furor, sino una forma herida de la melancolía.

FUENTE:



miércoles, 28 de julio de 2010

LA MIRADA INVISIBLE

La película narra el mundo del Colegio Nacional de Buenos Aires durante los días previos a la guerra de Malvinas en 1982, desde el punto de vista de una preceptora, una figura gris del engranaje represivo.
La mirada invisible es justamente -además del título del filme- el concepto de vigilancia constante que el jefe de preceptores (Osmar Núñez) le transmite a María Teresa, una joven preceptora de 23 años, sexual y culturalmente reprimida, que comienza a esconderse en los baños de los alumnos para sorprender a los que fuman y llevarlos ante la autoridad.
Pero poco a poco, la joven preceptora (Zylberberg) hace de esa vigilancia un hábito oscuramente excitante, persiguiendo y acosando a los estudiantes, lo que parece demostrar que no es de la violación de las reglas sino de su aplicación a ultranza de donde surgen la torsión y el desvío.

TITULO ORIGINAL: La mirada invisible (basada en Ciencias Morales de Martín Kohan)
ORIGEN: Argentina.
GENERO: Drama.
GUIÓN: María Meira y Diego Lerman
INTÉRPRETE/S: Osmar Núñez , Marta Lubos , Julieta Zylberberg

DURACION: No informada
CALIFICACION: No disponible por el momento
DISTRIBUIDORA: Distribution Company
FORMATOS: 35 mm (comun).
ESTRENO EN BUENOS AIRES: 19 de Agosto de 2010

Diego Lerman habla sobre La mirada invisible 



Trailer



Entrevista al escritor Martín Kohan, autor de Ciencias Morales
por Verónica Dema

La novela Ciencias Morales, no sólo le dio a su autor, Martín Kohan, el prestigioso premio Herralde de Novela. Ahora, también, este escritor celebra que su libro salte al cine como La mirada invisible, la película dirigida por Diego Lerman, que competirá en Cannes en la prestigiosa sección Quincena de Realizadores.
Kohan cuenta a Cinevivo que la película, que se estrenará la primavera próxima, lo llena de expectativas. El escritor estuvo presente mucho más que en la formalidad de la cuestión de los derechos de autor; acompañó a Lerman en distintas etapas de la adaptación y producción de la película. “Fui viendo versiones preliminares, me permití opinar y hasta actúo en una escena”, revela Kohan, que hasta se dio el lujo de interactuar en la pantalla grande con uno de los personajes que él mismo creó.

¿Cómo se fue dando el proceso?
Me contactaron para ver la cuestión de los derechos y hacer la adaptación del libro. Después, ya en contacto con Diego Lerman, me pasó las dos o tres versiones preliminares del guión. Nos reunimos a charlar sobre eso. Me había preguntado, me permití opinar sobre algunas cuestiones y después me invitó a participar en un momento de la película, también.
¿Cómo es esa escena en la que participás?
Hay una escena de la película en la que la preceptora va a comprar un disco, es una escena que originalmente no está en el libro, pero en la película sí: ella va a comprar un disco de Virus y yo soy el que le vende el disco.
¿Qué te pasó al ver tu libro convertido en imagen?
Lo mejor que me pasó, que a mi entender habla bien de la película y me genera las mejores expectativas es que, justamente, no ví el libro. No estuve viendo la película en un estado de añoranza, comparación, ni siquiera de anticipación del libro; aunque, obviamente, me doy cuenta del libro que hay atrás porque lo hice yo. Pero, salvo en algunos tramos donde lo que los personajes dicen es literal de la novela -entonces yo decía: ‘esto a mí me suena’-, salvo esos tramos, en el resto pude ver la película en su autonomía, como un objeto que parte de la novela pero que me permitió verla sin estar en evocación del libro que la motiva.
¿Creés que se generó el clima que pensaste para el libro? 
¿El clima? Para mí, mejor. No lo sé con exactitud porque al no haber leído la novela no sé muy bien qué clima ahí se genera. En la película, sí. Hay una combinación de lo impactante con lo opresivo que yo también busqué en la novela; esto de que los espacios pudieran ser amplios porque te intimidan, pero al mismo tiempo buscar lo asfixiante, en el sentido en que asfixia un espacio apretado o chico. La película tiene exactamente eso: las dos cosas. Un impacto visual por lo grande y la idea de encierro.
¿La opresión de la dictadura se siente en la película?
Totalmente. Tanto la preceptora como el jefe de preceptores son buenísimos. Julieta Zylberberg hace de María Teresa y Osmar Núñez, del Sr. Biasutto; ambos trasmiten esa opresión.
¿Por qué llamarla María Teresa a la protagonista?
Fue porque consistió en buscar un nombre que tuviera que ver con las características de una chica de 20 años con mucho de vieja al mismo tiempo. Que pudiese ser un nombre verosímil para una chica, pero que no tuviese ninguna marca de juventud; ninguna. Además, lo religioso, inhibición, el retraimiento, todo eso dice ese nombre. En la película la actriz es impresionante cómo logra esto. Como yo actué era notable la transformación y pude vivirla como tal: estaba ahí parada conversando fuera de cámara y era una persona, y cuando actuaba le cambiaba la cara hacia una inhibición y retraimiento asombrosos. Y en Biasutto hay algo de protector y de amenazante, es al mismo tiempo lo paternal y lo siniestro que yo buscaba en la obra.
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Entrevista al escritor Martín Kohan, autor de Ciencias Morales
La novela Ciencias Morales, no sólo le dio a su autor, Martín Kohan, el prestigioso premio Herralde de Novela. Ahora, también, este escritor celebra que su libro salte al cine como La mirada invisible, la película dirigida por Diego Lerman, que competirá en Cannes en la prestigiosa sección Quincena de Realizadores. Kohan cuenta a Cinevivo que la película, que se estrenará la primavera próxima, lo llena de expectativas. El escritor estuvo presente mucho más que en la formalidad de la cuestión de los derechos de autor; acompañó a Lerman en distintas etapas de la adaptación y producción de la película. “Fui viendo versiones preliminares, me permití opinar y hasta actúo en una escena”, revela Kohan, que hasta se dio el lujo de interactuar en la pantalla grande con uno de los personajes que él mismo creó.