Agencia EFE martes 2 de febrero, 11:57 AM
Los Ángeles (EE.UU.), 2 feb (EFE).- El filme argentino "El secreto de sus ojos" y el peruano "La teta asustada" consiguieron hoy sendas nominaciones en la categoría de Mejor película en habla no inglesa para la 82 edición de los Óscar, según anunció hoy en Los Ángeles la Academia de Hollywood.
La cintas latinoamericanas disputarán la estatuilla con las producciones "The White Ribbon", de Alemania; "Un Prophète", de Francia, y "Ajami", de Israel.
"La teta asustada", dirigida por Claudia Llosa, se convirtió en la primera producción peruana que consigue entrar en la competencia por un Óscar.
"El secreto de sus ojos", de Juan José Campanella, es el sexto título argentino que se abre camino hasta las nominaciones en la categoría de Mejor película extranjera, un galardón que sólo consiguió "La historia oficial" (1985) en la gala de 1986.
El resto de cintas argentinas candidatas fueron "La tregua" (1974), "Camila" (1984), "Tango" (1998) y "El hijo de la novia" (2001), ésta última dirigida también por Campanella.
Las películas suramericanas, sin embargo, no parten como favoritas a alzarse con el Óscar en habla no inglesa, una condición que recae sobre la germana "The White Ribbon", del cineasta Michael Haneke, que ya se impuso en los Globos de Oro, además de en premios internacionales como la Palma de Oro del pasado festival de Cannes.
Otro de los filmes con más opciones, según los analistas, es el galo "Un Prophète", considerado la Mejor película extranjera por la organización de críticos de EE.UU. National Board of Review y galardonada con el Gran Premio del Jurado en Cannes.
martes, 2 de febrero de 2010
Beatriz Guido -La mujer niña-
Por Claudio Zeiger
Beatriz Guido tuvo una irrupción rutilante en la literatura argentina cuando en 1954 ganó el premio Emecé con La casa del ángel, una novela que iba a perfilarla desde el comienzo como una escritora que abordaba la historia desde la intimidad y el psicologismo. Una escritora que mantendría una mirada de niña ávida y despierta a lo largo de su vida. Una escritora que sabría componer un personaje literario interesante tanto como hacer de sí misma un personaje literario interesante.
Compuso junto a Marta Lynch y Silvina Bullrich el trío de escritoras más afamado de los años ‘60, y junto a su marido Leopoldo Torre Nilsson armó una pareja emblemática a lo Sartre/Beauvoir; el cine de Nilsson potenció su literatura pero a decir verdad habría de lograr suficiente autonomía con algunos libros resonantes, el ya citado La casa del ángel y en especial las novelas, Fin de fiesta (probablemente su mejor libro) y El incendio y las vísperas. Este último, una visión cerradamente antiperonista de la sociedad argentina, le valió la inclusión por parte de Arturo Jauretche en su libro sobre el medio pelo argentino (capítulo ocho entero dedicado a Beatriz Guido: “Una escritora de medio pelo para un público de medio pelo”). Mantendría una relación ambivalente con esa crítica que, sin dudas, la marcó. Mientras le agradecía a Jauretche porque gracias al libro habían aumentado las ventas de su novela, en verdad dejaría de escribir ficción por bastante tiempo.
La obra de Beatriz Guido, complementada con volúmenes de cuentos como La mano en la trampa y novelas como Escándalos y soledades y La invitación, da la impresión de un proyecto literario cimentado en una perspectiva original pero que en algún momento se extravió, perdió el rumbo o cayó bajo el peso de alguna forma de la fatiga. Beatriz Guido empezó a repetir recursos y a reiterarse en sus gestos de descuido que eran frescos al principio, no en una novela histórica que se pretendía madura. La autora bajó la guardia, se descuidó, quizá fue distraída por los excesos fantasiosos que le atribuían todos los que la trataron y que pudo significar poner demasiada literatura en la vida, pero no tanta vida en la literatura. De todas formas, las primeras novelas y su solidez como cuentista no dejan de situarla en un lugar interesante. Abjuró de ser una escritora de “temática femenina” y pretendió encarar la historia y la política como un escritor a secas. Quedan sobre todo los climas sugestivos, las atmósferas asfixiantes y la manera de encarar la decadencia de la clase alta, parecida y diferente del modelo de Mujica Lainez, su admirado Manucho. Y a pesar de sus pretensiones, su escritura y sensibilidad son eminentemente femeninas, y ése es sin dudas uno de sus aportes más originales a la narrativa argentina del siglo XX. Historia y género, política y sexo, en dosis que aún mantienen misterio y atractivo.lunes, 1 de febrero de 2010
Tomás Eloy Martínez murió ayer, 31 de enero de 2010, a los 75 años
Este Blog rescata los aspectos del pensamiento de Tomás Eloy Martínez, entrevistado por Héctor Valle. - 30/1/05
¿Existe el pensamiento latinoamericano?
Aspectos del pensamiento de Tomás Eloy Martínez
por Héctor Valle
El pensamiento no tiene fronteras pero ciertamente la identidad asumida habilita un pensar libre y, a la vez, propio.
Ciertamente, vemos cómo alguna gente, motivada por un anhelo de mayor cohesión social y política en la región, bien busca un pensamiento propio para América Latina, como así también hay otra gente que procura un resurgimiento de las ideas latinoamericanistas.
Estando así las cosas, visitamos a ese pensador argentino llamado Tomás Eloy Martínez quien, con su habitual claridad expositiva y hondura conceptual, dice y dice bien respecto de no pocas instancias de la situación de nuestros pueblos.
Cuando Eloy, con altura de miras, advierte que el poder de hoy es iletrado, está dando un diagnóstico objetivo y certero.[i]
Dice más: " El poder de hoy, a diferencia de la Argentina de hace un siglo, es iletrado. Al mismo tiempo desconfiado, sordo y ciego. Pero hay que comparar un poco". Ahora bien, esto es extensivo a muchos de nuestros gobiernos e incluso en no menos casos de sus respectivas fuerzas opositoras, con honrosas excepciones.
Ahora bien, por más que otros especialistas vayan en busca, presumiblemente, de un pensamiento crítico ante un resurgimiento de las ideas latinoamericanistas, con la consiguiente creación de un núcleo de ideas muy fuerte, como bien dice el historiador Waldo Ansaldi[ii], los intelectuales debemos antes hacer oír nuestra voz para que la historia -la propia historia que Ansaldi tan bien desarrolla en sus intervenciones públicas- llegue a todos.
Pero especialmente a los políticos que dirigen los destinos de nuestras naciones, porque el desconocimiento de la misma es tan dañino como inhabilitante para promover un pensamiento que pueda conllevar una comprensión cabal del presente para mejor ver el porvenir de nuestros pueblos.
Así y todo, necesitados de recordar nuestro pasado, es cierto también lo que Eloy Martínez dice respecto de la fácil invocación que hoy por hoy realizan unos y otros en la región respecto de Simón Bolívar -él lo vincula con la reciente constitución de la Comunidad Sudamericana de Naciones, proyecto lanzado en la ciudad de Cuzco, Perú en diciembre del 2004.[iii]
En su habitual columna en el diario La Nación de Buenos Aires, Eloy promueve en la citada nota, primero la regeneración moral que la integración total y efectiva, puesto que como advierte con propiedad, la Comunidad Sudamericana de Naciones parte de una certeza de unidad, no de la duda bolivariana.
Presenta, a su vez, otros problemas asociados al primero a resolver, y que tienen que ver con la estabilidad institucional de las naciones bien como con la corrupción, factor no menos grave pero que, lamentablemente, está presente en todo Occidente.
Eloy reafirma lo que para Bolívar era central, la regeneración moral, algo que, nos dice el pensador argentino, no está presente en la lista de prioridades de la Comunidad, como no lo está, decimos nosotros en la de muchos gobiernos de nuestros pueblos.
Todo ello no habla en Eloy Martínez ni en nosotros de una postura contraria a la constitución de tal Comunidad sino a cómo muchas veces la prisa de una agenda omite aspectos centrales que luego, aunque trabajoso, resulta inevitable incluir antes los vaivenes a que justamente la débil constitución moral de no pocos dirigentes políticos lleva a que objetivos tan nobles terminen siendo letra muerta, algo que desde ya confiamos no ocurra en este caso. No otra vez.
Hora es, pues, que los gobiernos que hoy rigen los destinos de nuestras naciones como aquellos otros que próximamente los asuman -en países como el Uruguay donde se apresta a darse un cambio histórico en su conducción política-, se haga carne el discurso electoral, y la coherencia entre el pensar y el hacer marque, modestamente, un rumbo en la conducción de un pueblo que, poco a poco, pueda ser vista y tenida en cuenta por aquellos otros pueblos que aun o no pudieron darse tal estadio de sinceramiento ético o van camino de ello pero muy lentamente. Todo está por verse en ese sentido y, como corresponde, alentamos un espíritu esperanzado en la efectivización de tal acción republicana.
El argentino Eloy Martínez en su ensayo "Defensa de la utopía"[iv], remarca la vinculación entre periodismo y pensamiento en América Latina, cuando dice que "todos, absolutamente todos los escritores de América Latina fueron alguna vez periodistas. Y a la inversa: casi todos los grandes periodistas se convirtieron, tarde o temprano, en grandes escritores. Esa mutua fecundación", constata Eloy, "fue posible porque, para los escritores verdaderos, el periodismo nunca fue un mero modo de ganarse la vida sino un recurso providencial para GANAR la vida." Y aquí tenemos un marcado acierto de este argentino que, a no dudar, es uno de nuestros pensadores vivos de mayor nivel.
El periodismo en América Latina no solamente está asociado, indisolublemente, a la mejor historia viva de su literatura como así también de su filosofía, a lo largo y a lo ancho de este crisol de pueblos que la componen.
Dice más Eloy Martínez, acercándose él, y nosotros con él, a lo que hoy queremos y debemos transmitir a todos, la imperiosa necesidad de visitar nuestra historia, la historia de nuestro pensamiento latinoamericano que no se adjetiva para excluir a nadie sino porque tiene identidad y altura pudiendo, pues, erguirse y ver más allá y más lejos, las posibles salidas a la desigualdad flagrante en que viven tantísima gente en esta tierra compartida.
Habla el argentino del periodista en estos términos: "El periodismo encuentra su sistema actual de representación y la verdad de su lenguaje en el momento en que se impone una nueva ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez."
Y agrega seguidamente: "Siempre que las sociedades han estado a punto de cambiar de piel, los primeros síntomas de ese cambio han aparecido en la cultura."
Este fuerte llamado de Eloy a la conciencia de todos nosotros, encuentra mayor repercusión, mejor acústica, si cabe, cuando advierte algo que por demás grave: "Es en el orden de la cultura donde el neoliberalismo ha resultado más pernicioso en América Latina. Esperábamos que las consignas de libertad sirvieran para derribar muros, fronteras, para fortalecer la unidad de nuestras naciones a la sombra de un proyecto de bien común. Por lo contrario, estamos más divididos que nunca", decía Eloy en el año 1996, "hemos dejado de leernos los unos a los otros, porque las incesantes convulsiones de la realidad y la necesidad imperiosa de sobrevivir en un afuera siempre hostil nos consumen las energías y los sueños."
Hemos dejado de leernos los unos a los otros.... ¿Quién recuerda hoy a un Alejandro Korn, a un Francisco Romero, a un José Gaos, a un Leopoldo Zea, a un Arturo Ardao, a un Euclides da Cunha?
¿Qué es lo que en verdad sabemos cuando desconocemos que existe un pensamiento latinoamericano desde hace tantísimo tiempo?
¿Será que efectivamente nos hemos vuelto iletrados y anecdóticos?
Aun falta más por difundir de un aspecto de la vasta obra en pensamiento, como así también la literaria, de Tomás Eloy Martínez.
En tal alocución, continúa afirmando algo que mantiene plena vigencia. Veamos:
"Hemos dejado de vernos, de oírnos, de conocernos. El modelo neoliberal ha tornado tan alto el precio de cualquier conocimiento que todo lo que podríamos ser se nos escapa de las manos días tras día. Se han acentuado los nacionalismos, los regionalismos, los fanatismos y todas esas odiosas vallas que tanto empobrecen la condición humana. Somos más débiles como naciones, porque ya no podemos negociar unidos con los poderes de las metrópolis, sino que debemos hacer todo por separado y a espaldas los unos de los otros." Y esto es como un mazazo en la frente de los genuflexos de siempre pero hoy pululan por doquier, títeres con cargos, parias representando a naciones, de esos que todos conocemos pero que ninguno se anima a enjuiciar porque la modorra nos va ganando a todos, poco a poco, amenazando con adormecer, definitivamente, nuestra conciencia moral.
Y aquí está Bolívar, ese Bolívar que al principio de este ensayo trajéramos a colación a propósito de dichos de Eloy, y aquí también está Artigas, y todo aquel prohombre de nuestra historia que supo luchar -y cómo- por el bien de todos, renunciando como pocos a la comodidad que produce el desinterés por el otro.
Nos está faltando vergüenza y coraje. Vergüenza para reconocer en la interioridad de nuestra conciencia la inacción que nos momifica y atrofia, y coraje, para emprender, modesta pero singularmente, desde nuestra condición de persona y de ciudadano, la responsabilidad que nos cabe, en nuestra esfera pública de acción, como copartícipes de cada una de nuestras sociedades.
Porque así y sólo así, es que pululan los caranchos, porque nosotros, con nuestra aquiescencia, que parte de nuestra desidia, posibilitamos que cada vez vuelen más y más lejos.
Respecto del periodismo, agrega Eloy que "una de las secretas fuerzas del periodismo de buena ley es su capacidad para fortalecerse en la adversidad, para soslayar las censuras y las mordazas, para cantar cuatro verdades y seguir siendo incorruptible e insumisa cuando a su alrededor todos callan, se someten y se corrompen."
Para agregar, más adelante: "Cuando el Poder se declara iletrado, cuando el Poder no lee, la escritura no lo lastima. Algunas democracias neoliberales han asimilado esa lección." Ciertamente no es nada fácil ser periodista, porque el control mediático, la censura pasa por otros andariveles, la distribución de las pautas publicitarias, el logro de espacios en radio o en televisión donde emitir uno su opinión, algo nada fácil en estas latitudes donde pocas familias controlan la mayor parte de los medios de comunicación escritos, orales y televisivos - TV abierta y cerrada, también-.
Qué pena da un periodista, un escritor, un pensador cuando, con mil pretextos muchas veces realmente atendibles, abandona su lugar para guarecerse en un empleo, en un contrato, en una dádiva del poder de turno. Qué pena da ese compañero que ha abandonado su puesto de lucha cívica, porque su vacío no podrá nunca ser llenado por otro.
Dice Eloy, poco después en este discurso que como verán se trata de un ensayo denso importante y de valor permanente para todos nosotros: "¿Qué sentido tendría proteger a la democracia privándola de su razón de ser: la libertad de pensar, de expresar, de saber? ¿Para qué queremos la democracia si no nos atrevemos a vivirla?
Oigamos el eco de nuestra conciencia: si no nos atrevemos a vivirla.
Continúa el argentino con estas palabras: "Hay que cuidar las formas, me repetía un jefe de redacción en el diario donde me inicié cuando era adolescente. Hay que conciliar, me decía, hay que entender el juego del Poder. Esa fue la primera enseñanza contra la cual me sublevé. Siempre he pensado (y éste es un tema para discutir largamente) que el periodismo no tiene sino dos formas que cuidar: la de su herramienta -el lenguaje-; y la de su ética, que no responde a otro interés que el de la verdad. No tiene por qué conciliar, con nada ni con nadie. Su misión es en eso idéntica a la del artista: revelar los abismos y las luces más secretos del hombre, agitar las aguas, estimular la imaginación, provocar el cambio, luchar sin sosiego para que las perezas y los conformismos que adormecen la inteligencia sean derribados con el mismo estrépito liberador que hace tres milenios hizo caer las murallas de Jericó."
Para agregar luego que "en el periodista, entonces, hay una alianza de fidelidades: fidelidad a la propia conciencia, fidelidad al lector y fidelidad a la verdad." Y añade, en otro pasaje, algo crucial: "Porque, a semejanza del artista, el periodista es también un productor de pensamiento. En este fin de siglo neoliberal" (recordemos fue escrito en el año 1996) "tan orgulloso de sus certezas, tan convencido de que ya hemos llegado al ´fin de la historia´, la cultura tiene la misión de ver la realidad como una enorme interrogación, como una perpetua duda, y de imaginar el futuro como una incesante utopía. El hombre se ha movido en las oscuridades de la historia a golpes de utopía y la utopía es lo que ha permitido al hombre seguir teniendo fe en la historia."
Que me disculpe Eloy Martínez por reproducir tantos y tan extensos pasajes de este su ensayo Defensa de la Utopía pero ¿cómo no hacerlo? ¿cómo no llevar su voz, a través de estas líneas para que usted advierta como yo de la importancia crucial que el pensamiento tiene en América Latina, un pensamiento que viene de su historia que es, a no dudar, la historia de su filosofía, una filosofía de lo concreto, una filosofía que despejada de etiquetas y anteojeras va en procura de la verdad sin apelar a amiguismos que reduzcan el angular por el cual podamos apreciar un aspecto más de la realidad que nos conmueve.
Porque el pensamiento o si prefiere, la filosofía latinoamericana es aquella que cavila en torno a lo concreto de los problemas que la vida presenta a nuestra gente antes que sobre abstracciones. Tal ha sido, tal es y seguirá siendo el hilo del pensar en nuestra América.
América que conjuga como nadie periodismo, literatura y filosofía para ser un solo pensamiento con diferentes aspectos y llegadas.
América, nuestra América, la América Latina que ya en la primera mitad del siglo XIX se expresara en este sentido a través de Juan Bautista Alberdi cuando, desde Montevideo, dijera aquello que nuestro Maestro Arturo Ardao utilizada como epígrafe del ensayo "El latinoamericanismo filosófico, de ayer a hoy", presente en su obra "La inteligencia latinoamericana".
Dice Alberdi: "Es así como ha existido una filosofía oriental, una filosofía griega, una filosofía romana, una filosofía alemana, una filosofía inglesa, una filosofía francesa y como es necesario que exista una filosofía americana. Hemos nombrado la filosofía americana y es preciso que hagamos ver que ella puede existir." Lo dijo este prohombre americano en el año 1840.
Pero quiso el Maestro Ardao no reducir en el epígrafe algo tan importante a un aspecto, razón por la cual colocó una segunda cita, esta vez del chileno Andrés Bello: "Dirán: la América no ha sacudido aun sus cadenas; se arrastra sobre nuestras huellas con los ojos vendados; no respira en sus obras un pensamiento propio, nada original, nada característico; remeda las formas de nuestra filosofía, y no se apropia su espíritu... Aspirad a la independencia del pensamiento... Esa es la primera filosofía que debemos aprender de la Europa." Lo dijo, Andrés Bello, en la ciudad de Santiago de Chile, allá por el año de 1848.
¿Existe pues el pensamiento latinoamericano? Claro que sí, pero sólo si lo mantenemos vivo, incluso adecuándolo e incorporándole aspectos de estos tiempos, y para ello hay que recordarlo y para tal acción hay que mirar en lo hondo de nuestra conciencia latinoamericana, de nuestras raíces históricas.
Ah, yo creo que debemos visitar nuestra historia a fin de entender mejor nuestro presente activo y entendernos mejor a nosotros mismos, y coincido plenamente con Eloy Martínez en que la primera tarea nuestra es de regeneración moral para luego ir en pos de la integración.
hectorvalle@adinet.com.uy
[i] Diario La Nación, Buenos Aires, domingo 29 de agosto de 2004, entrevista al pensador Tomás Eloy Martínez.
[ii] Diario Clarín, Buenos Aires, lunes 11 de octubre de 2004, entrevista al historiador Waldo Ansaldi.
[iii] Diario La Nación, Buenos Aires, miércoles 29 de diciembre de 2004, "Bolívar quería otra cosa", por Tomás Eloy Martínez.
[iv] Tomás Eloy Martínez, discurso ofrecido en el Taller-Seminario "Situaciones de crisis en medios impresos, dictado en Santa Fe de Bogotá del 11 al 15 de marzo de 1996.
sábado, 23 de enero de 2010
La teta asustada
La Academia de Hollywood anunció las precandidatas al rubro de película en habla no inglesa. El quinteto final se conocerá el 2 de febrero; el 7 de marzo, los premios.
El secreto de sus ojos compite por el Oscar entre las nueve finalistas para llevarse la estatuilla por mejor película extranjera. Junto con el film peruano La teta asustada, de Claudia Llosa, fueron las únicas obras hispanas que entraron en la recta final, de un total de 65 películas.
Hoy indagamos sobre este otro film latinoamericano.
La teta asustada (Inglés: The Milk of Sorrow) es una película peruana-española dirigida por Claudia Llosa y estrenada en 2009. Este sugestivo nombre hace referencia a una creencia entre los pobladores de zonas rurales del Perú, víctimas de la violencia durante la época del Terrorismo.
La teta asustada: Este nombre está inspirado en la obra "Entre prójimos el conflicto armado interno y la política de la reconciliación en el Perú".donde se describe dicha creencia.
Se estrenó en argentina: 9 de Abril de 2009.
Argumento
La historia se centra en Fausta (Magaly Solier), una joven que (según sus creencias) sufre una enfermedad llamada "la teta asustada", una extraña enfermedad que transmite el miedo y el sufrimiento de madres a hijos a través de la leche materna, ya que su progenitora fue violada por terroristas en una época muy dura del Perú en la década de 1980. Fausta introduce una papa en su vagina para evitar ser violada, y vive al margen de un mundo, al cual, al morir su madre, ella deberá enfrentar, pues desea enterrarla en su pueblo natal, pero no tiene dinero para ello.
Premios
La película fue estrenada en la edición 2009 del Festival Internacional de Cine de Berlín, donde fue la ganadora del Oso de oro y el Premio de la Crítica FIPRESCI. En el 24 Festival Internacional de Cine de Guadalajara, obtuvo dos galardones: Mejor película y Mejor actriz (por la actuación de Magaly Solier). Fue ganadora en el Festival de cine de Bogotá. Su último premio lo recibió el 12 de diciembre de 2009, en el Festival de Cine de La Habana como mejor largometraje.
La teta asustada - tráiler español
PUNTOS DE VISTA SOBRE “La Teta Asustada”
Propuesta cinematográfica con toques históricos, polémicos y poco convencionales.
Avatar no es ficción: los pueblos indígenas de las Américas y África son desplazados por las guerras y empresas privadas
Como en Pandora, los pueblos indígenas de las Américas y de África están siendo desplazadas por las guerras y las corporaciones, para extraer los recursos naturales que se encuentran en sus territorios.
Los pueblos Na'vi, los indígenas en esas regiones están siendo desplazados y asesinados en este momento, con el fin de extraer los recursos naturales que existen en el subsuelo de sus territorios. Los nombres de los lugares y los pueblos pueden ser diferentes en la película, pero los hechos de la realidad son casi los mismos, como la música inspirada en tonos andinos nativos.
Regiones distantes, verdes bosques tropicales ricos en belleza están en peligro, debido a la abundancia en tesoros ocultos detrás de los ojos desconocidos humano. Con el fin de obtener los recursos necesarios por los países ricos, las corporaciones multinacionales están utilizando los gobiernos, fuerzas armadas, los pueblos indígenas los paramilitares y la guerrilla para masacrar y desplazar.
Lamentablemente, en la mayoría de esos casos los militares de Estados Unidos están involucrados de una forma u otra….
Regiones distantes, verdes bosques tropicales ricos en belleza están en peligro, debido a la abundancia en tesoros ocultos detrás de los ojos desconocidos humano. Con el fin de obtener los recursos necesarios por los países ricos, las corporaciones multinacionales están utilizando los gobiernos, fuerzas armadas, los pueblos indígenas los paramilitares y la guerrilla para masacrar y desplazar.
Lamentablemente, en la mayoría de esos casos los militares de Estados Unidos están involucrados de una forma u otra….
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Autocine en el Rosedal
El Autocine propone reactualizar la experiencia de ver cine de un modo inusual. Todos los sábados y domingos la cita será en el Rosedal del Parque 3 de Febrero luego de la caída del sol. Los autos serán recibidos a partir de las 19.30h por los acomodadores y quienes prefieran acercarse a pie y disfrutar del cine al aire libre, podrán ubicarse en las gradas que contarán con sonido independiente. En el centro de los bosques de Palermo, los invitamos a disfrutar de la magia del cine bajo las estrellas.
Lugar: Rosedal de Palermo
Días: Sábados, Domingos,
Horario: 21 hs.
Precio: Gratis
Av. Figueroa Alcorta, 3300
Cómo llegar: colectivos 10, 15, 37, 59, 60, 67, 102, 105, 128, 130.
Cómo llegar: colectivos 10, 15, 37, 59, 60, 67, 102, 105, 128, 130.
Del 10 de enero al 14 de febrero, los sábados y domingos a las 21, vuelve el Autocine al Rosedal de Palermo con interesantes títulos del cine contemporáneo local e internacional para disfrutar de la magia del cine bajo las estrellas.
Los autos* serán recibidos a partir de las 19.30 por los acomodadores y quienes prefieran acercarse a pie y disfrutar del cine al aire libre, podrán ubicarse en las gradas que contarán con sonido independiente.
Para conocer en detalle la programación:
El audio se transmite por la radio FM 107.9.
Fuente: http://www.buenosaires.gov.ar/agenda/contenido.php?menu_id=18240
“Descubrí un mundo dentro de otro” Entrevista al cineasta y escritor Martín Rejtman
No hay en Copacabana, su primer documental, ni playas ni tangas, sino calles de Liniers y Mataderos. Rejtman da cuenta de una tradicional celebración religiosa de la comunidad boliviana pero, más que el desfile en sí, elige mostrar lo que hay detrás de la ceremonia.
Tal como confiesa en la entrevista que sigue, a Rejtman el desfile –que, se suponía, debía ser el tema del documental– le interesaba menos que lo que estaba atrás. No sólo la preparación, los ensayos, sino lo que tal vez fuera la esencia misma de la comunidad boliviana en Argentina. Para ello terminó viajando hasta el origen mismo de su recorrido: la frontera entre las ciudades de Villazón y La Quiaca. Allí por donde todos los días ingresan nuevos migrantes.
–Este es su primer documental. ¿Cómo llegó a él?
–Por un encargo del canal Ciudad Abierta. En 2006 tuvieron la idea de encarar una serie de documentales sobre los eventos que se llevan a cabo periódicamente en la ciudad de Buenos Aires. La peculiaridad era que no se los encargaron a documentalistas “de profesión”, digamos, sino a realizadores de lo que antes se llamaba Nuevo Cine Argentino. Me refiero a Lisandro Alonso, Albertina Carri, creo que también estaba Lucrecia Martel.
–¿Y qué pasó con los otros documentales?
–No llegaron a filmarse, porque en el medio hubo un cambio de administración del canal y el proyecto quedó archivado para siempre. Esas cosas que suelen pasar acá.
–¿El suyo es el único que se emitió?
–No, nunca se emitió. Habíamos firmado un contrato que le daba prioridad de exhibición al canal por un año. Me llamaron después de que se cumplió ese plazo para decirme que querían emitirlo. Les dije que no, que ya había pasado. Me pareció una chantada.
–¿Eso fue para poder darlo en el Bafici?
–No, en el Bafici podía darlo igual por más que después lo emitiera el canal.
–¿Lo de la virgen de Copacabana era una de las opciones que le presentaron o se le ocurrió a usted?
–No, venía en el punteado que me pasó la gente del canal. Otros temas eran River-Boca, la celebración del día de la primavera, la marcha del orgullo gay...
–¿Por qué eligió la fiesta de Copacabana?
–Porque me daba la posibilidad de descubrir un mundo dentro de otro. Es una Buenos Aires que en general los porteños no conocemos. Ni yo mismo. Me daba la posibilidad de descubrir algo nuevo, algo de lo que no sabía nada. Aunque, bueno, siempre se puede descubrir algo nuevo, incluso en lo que uno conoce. Supongo que se podría filmar un documental sobre River y Boca que no repitiera todo lo que ya se sabe.
–Esa voluntad de descubrimiento, de aventura, parece ir en contra del mito que dice que usted es un tipo que está como metido en su propio mundo, que filma siempre el mismo mundo.
–Es que eso no es tan así... A mí me encanta viajar. Me gusta ir a lugares desconocidos. De hecho, ya de entrada se me ocurrió la idea de ir a la frontera, para ver cómo era ese lugar de tránsito, donde la gente que quiere pasar tiene que esperar horas, sufrir humillaciones...
–Sin embargo, cuando usted muestra la frontera no muestra nada demasiado dramático.
–No, porque quería ver las cosas desde cierta distancia. Muestro, sí, la requisa de un ómnibus. Esa toma es la única que hicimos con cámara oculta. Nos bajamos del ómnibus y dejamos la cámara en el último asiento. Así que el policía que hace la requisa nunca supo que estaba siendo filmado. Igual, la cámara oculta es un recurso del que no quise abusar.
–Más que oculta, la mantiene siempre a cierta distancia, ¿no?
–Sí, pero yo siempre filmo así. A mí me gusta encontrar, en cada escena, el lugar en el cual pueda poner la cámara y filmar todo desde ahí. Es una cuestión de economía narrativa.
–Sin embargo, empieza la película con una serie de travellings laterales, separados por cuadros negros, que muestran los puestos de la feria una vez que la fiesta terminó.
–Sí, lo filmé así para poder mostrar el lugar. Muestro lo mismo, antes y después de la fiesta.
–A propósito, esos travellings, y los cuadros negros que los separan, recuerdan los de una de las primeras películas de Jim Jarmusch, que en una época fue todo un referente para usted.
–Puede ser, pero cuando lo hice no pensé: “Esto lo voy a filmar como Jarmusch en Stranger than Paradise o Down By Law”. Pensé cómo resolver lo que quería mostrar y se me ocurrió que ésa era la mejor manera. Uno nunca sabe por dónde le va a salir aquello que asimiló.
–Igual, de la fiesta en sí muestra poco y nada.
–Sí, porque me parecía lo menos interesante. ¿Qué se puede mostrar de un desfile? El desfile y nada más. Me interesaba más mostrar lo que está detrás del desfile. O antes.
–De allí que muestre escenas propias de la vida cotidiana de los miembros de esa comunidad. Un señor que muestra a cámara su álbum de fotos, o la señora que habla por teléfono con la familia, desde un locutorio.
–Exacto. La escena del locutorio era una de las que de antemano sabía que quería filmar. Igual le aclaro que filmé la película sin un plan previo. La película se fue armando durante el rodaje. Durante el montaje, incluso. Fue en el montaje donde se me ocurrió contar la historia al revés.
–Empezar por el desfile e ir retrocediendo, hasta llegar a la frontera, donde todo empieza.
–Exacto. Eso me pareció mucho más interesante, porque si no la película hubiera sido una línea que iba a parar al momento del desfile. Como si eso fuera el sentido del asunto. Y a mí me parece que el desfile en sí no es tan importante.
–Lo de filmar improvisando también va en contra de la idea extendida de que usted es muy obsesivo, que planifica hasta el último detalle.
–No es tan así. Trabajo el guión durante mucho tiempo, sí. Pero eso no quiere decir que no cambie de planes sobre la marcha, si descubro algo que no había previsto y me parece bueno. Aparte, una cosa es una película de ficción y otra, un documental. Se supone que cuando se filma un documental siempre va a haber imprevistos, y conviene estar atento a eso.
–A propósito, ¿le interesa el género, o considera a Copacabana algo así como una experiencia anómala?
–Me interesa el género. De hecho, cuando estudié en Estados Unidos, antes de filmar mis primeros largos, a lo que más le saqué el jugo fue a un curso sobre documentales. Creo que fue cuando más pensé sobre cine. De hecho, me parece que fue la última vez que pensé algo sobre cine. Después me puse a hacerlo y dejé de pensarlo.
Por Horacio Bernades
¿Quién hubiera pensado que Martín Rejtman filmaría algún día un documental? Escritor de ficciones, reconocido autor de elaboradas tramas cinematográficas, más allá de un proverbial detallismo en la observación no parecía haber, en los mundos redondamente artificiales en los que películas como Rapado, Silvia Prieto y Los guantes mágicos tenían lugar, nada que vinculara a su creador con el afuera y la voluntad de documentarlo. Sin embargo, sí era perfectamente imaginable que, en caso de filmar Rejtman algún día un documental, ese documental debería ser, necesariamente, del estilo “mosca en la pared”, con una cámara observando desde una posición fija, que le permitiera establecer, en relación con el objeto de observación, una forma de empatía a distancia. Debía ser sumamente lacónico, tanto en imágenes como en música y palabras. Rejtman terminó filmando ese documental, que se presenta a partir de hoy en el Auditorio de la Fundación Proa, inaugurándose así como sala de exhibición cinematográfica.
El documental de Martín Rejtman se llama Copacabana y se había proyectado tres años atrás en el Bafici, donde generó encendidos entusiasmos cinéfilos. A pesar de lo que el título pueda llevar a suponer, no hay en Copacabana playas, sungas o tangas, sino calles de Liniers y Mataderos. Sobre el final, sí, una frontera, pero no con Brasil sino con Bolivia. Es que Nuestra Señora de Copacabana es la Virgen que la comunidad de ese país ha elegido como patrona. El documental de Rejtman, filmado, en tiempos pre-Macri por encargo del canal Ciudad Abierta, tiene por tema la fiesta de Nuestra Señora de Copacabana, que se celebra todos los años en el mes de octubre, durante dos domingos consecutivos. Los grupos participantes ensayan largamente sus coreografías, para las que por otra parte se engalanan con el brillo de una escola do samba.Tal como confiesa en la entrevista que sigue, a Rejtman el desfile –que, se suponía, debía ser el tema del documental– le interesaba menos que lo que estaba atrás. No sólo la preparación, los ensayos, sino lo que tal vez fuera la esencia misma de la comunidad boliviana en Argentina. Para ello terminó viajando hasta el origen mismo de su recorrido: la frontera entre las ciudades de Villazón y La Quiaca. Allí por donde todos los días ingresan nuevos migrantes.
–Este es su primer documental. ¿Cómo llegó a él?
–Por un encargo del canal Ciudad Abierta. En 2006 tuvieron la idea de encarar una serie de documentales sobre los eventos que se llevan a cabo periódicamente en la ciudad de Buenos Aires. La peculiaridad era que no se los encargaron a documentalistas “de profesión”, digamos, sino a realizadores de lo que antes se llamaba Nuevo Cine Argentino. Me refiero a Lisandro Alonso, Albertina Carri, creo que también estaba Lucrecia Martel.
–¿Y qué pasó con los otros documentales?
–No llegaron a filmarse, porque en el medio hubo un cambio de administración del canal y el proyecto quedó archivado para siempre. Esas cosas que suelen pasar acá.
–¿El suyo es el único que se emitió?
–No, nunca se emitió. Habíamos firmado un contrato que le daba prioridad de exhibición al canal por un año. Me llamaron después de que se cumplió ese plazo para decirme que querían emitirlo. Les dije que no, que ya había pasado. Me pareció una chantada.
–¿Eso fue para poder darlo en el Bafici?
–No, en el Bafici podía darlo igual por más que después lo emitiera el canal.
–¿Lo de la virgen de Copacabana era una de las opciones que le presentaron o se le ocurrió a usted?
–No, venía en el punteado que me pasó la gente del canal. Otros temas eran River-Boca, la celebración del día de la primavera, la marcha del orgullo gay...
–¿Por qué eligió la fiesta de Copacabana?
–Porque me daba la posibilidad de descubrir un mundo dentro de otro. Es una Buenos Aires que en general los porteños no conocemos. Ni yo mismo. Me daba la posibilidad de descubrir algo nuevo, algo de lo que no sabía nada. Aunque, bueno, siempre se puede descubrir algo nuevo, incluso en lo que uno conoce. Supongo que se podría filmar un documental sobre River y Boca que no repitiera todo lo que ya se sabe.
–Esa voluntad de descubrimiento, de aventura, parece ir en contra del mito que dice que usted es un tipo que está como metido en su propio mundo, que filma siempre el mismo mundo.
–Es que eso no es tan así... A mí me encanta viajar. Me gusta ir a lugares desconocidos. De hecho, ya de entrada se me ocurrió la idea de ir a la frontera, para ver cómo era ese lugar de tránsito, donde la gente que quiere pasar tiene que esperar horas, sufrir humillaciones...
–Sin embargo, cuando usted muestra la frontera no muestra nada demasiado dramático.
–No, porque quería ver las cosas desde cierta distancia. Muestro, sí, la requisa de un ómnibus. Esa toma es la única que hicimos con cámara oculta. Nos bajamos del ómnibus y dejamos la cámara en el último asiento. Así que el policía que hace la requisa nunca supo que estaba siendo filmado. Igual, la cámara oculta es un recurso del que no quise abusar.
–Más que oculta, la mantiene siempre a cierta distancia, ¿no?
–Sí, pero yo siempre filmo así. A mí me gusta encontrar, en cada escena, el lugar en el cual pueda poner la cámara y filmar todo desde ahí. Es una cuestión de economía narrativa.
–Sin embargo, empieza la película con una serie de travellings laterales, separados por cuadros negros, que muestran los puestos de la feria una vez que la fiesta terminó.
–Sí, lo filmé así para poder mostrar el lugar. Muestro lo mismo, antes y después de la fiesta.
–A propósito, esos travellings, y los cuadros negros que los separan, recuerdan los de una de las primeras películas de Jim Jarmusch, que en una época fue todo un referente para usted.
–Puede ser, pero cuando lo hice no pensé: “Esto lo voy a filmar como Jarmusch en Stranger than Paradise o Down By Law”. Pensé cómo resolver lo que quería mostrar y se me ocurrió que ésa era la mejor manera. Uno nunca sabe por dónde le va a salir aquello que asimiló.
–Igual, de la fiesta en sí muestra poco y nada.
–Sí, porque me parecía lo menos interesante. ¿Qué se puede mostrar de un desfile? El desfile y nada más. Me interesaba más mostrar lo que está detrás del desfile. O antes.
–De allí que muestre escenas propias de la vida cotidiana de los miembros de esa comunidad. Un señor que muestra a cámara su álbum de fotos, o la señora que habla por teléfono con la familia, desde un locutorio.
–Exacto. La escena del locutorio era una de las que de antemano sabía que quería filmar. Igual le aclaro que filmé la película sin un plan previo. La película se fue armando durante el rodaje. Durante el montaje, incluso. Fue en el montaje donde se me ocurrió contar la historia al revés.
–Empezar por el desfile e ir retrocediendo, hasta llegar a la frontera, donde todo empieza.
–Exacto. Eso me pareció mucho más interesante, porque si no la película hubiera sido una línea que iba a parar al momento del desfile. Como si eso fuera el sentido del asunto. Y a mí me parece que el desfile en sí no es tan importante.
–Lo de filmar improvisando también va en contra de la idea extendida de que usted es muy obsesivo, que planifica hasta el último detalle.
–No es tan así. Trabajo el guión durante mucho tiempo, sí. Pero eso no quiere decir que no cambie de planes sobre la marcha, si descubro algo que no había previsto y me parece bueno. Aparte, una cosa es una película de ficción y otra, un documental. Se supone que cuando se filma un documental siempre va a haber imprevistos, y conviene estar atento a eso.
–A propósito, ¿le interesa el género, o considera a Copacabana algo así como una experiencia anómala?
–Me interesa el género. De hecho, cuando estudié en Estados Unidos, antes de filmar mis primeros largos, a lo que más le saqué el jugo fue a un curso sobre documentales. Creo que fue cuando más pensé sobre cine. De hecho, me parece que fue la última vez que pensé algo sobre cine. Después me puse a hacerlo y dejé de pensarlo.
* Copacabana se exhibe hoy y los sábados 30 de enero y 13 de 20 de febrero, siempre en el horario de las 19, en el auditorio de la Fundación Proa, Pedro de Mendoza 1929. Entradas: $10. Estudiantes: $ 8.
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